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Pensando en voz alta

29 Jun

Pensando en voz alta

Hasta hace nueve días mi madre estaba a más o menos mil kilómetros de distancia, ahora que ya no está con nosotros, ahora que está con Dios, la siento más cerca, la percibo a mi lado y no es por burlarme o porque esté chiflado y desvariando. El 16 de enero de 2010 respondí a unas consultas de mi nieto José Ignacio, con respecto al amor, que decían así, las consultas y las respuestas: ¿Dónde irás cuándo te mueras? Con la mano en el corazón le respondí: Me quedaré en esta tierra, con este amor. Con el amor que tengo y tengo más. Otra pregunta fue: ¿Cuándo acaba el amor? Con la mano en el corazón le respondí: El amor no acaba, se transforma. Se convierte en brisa, cuando te mueres.

 

Esa forma de razonar la comenté con mi madre y ella coincidía con mi manera de expresar esos sentimientos. Es por eso que ahora digo que esa distancia de mil kilómetros, quedó en nada porque ese amor se convirtió en brisa y esa brisa estará siempre conmigo. Ya no necesitaré hablar por teléfono para comunicarme con ella, podre hablar y compartir con sólo cerrar los ojos y traer a mi memoria todos los bellos momentos, que antes compartíamos a través del teléfono. Ya no me separará esa distancia, ahora estamos juntos permanentemente, porque las personas que uno ama no necesita tenerlas presente, basta con pensar en los seres queridos y uno está con ellos. En el caso de mi madre con mayor razón, vivirá en mí.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 29-06-2016