Qué bello es recordar
Qué bello es recordar
No creo que exista otro tipo más absurdo que yo. Soy un individuo que, pese a los años transcurridos, sigo siendo un adolescente adormecido por el amor. Algunas veces razono y veo la realidad y pienso en lo desquiciado que soy, al dar tanta importancia al amor, al romanticismo y los recuerdos. Lo que sucedió tenia que suceder, porque así es la vida y así lo exige la naturaleza. Eso después de tanto tiempo no tiene porque atormentar a un iluso, que no tenía nada que ver en ese momento, por lo tanto no tendría porque atormentarlo. En su escueto entender ese hecho se le convierte como una obsesión dañina que le perjudica su existencia.
Analizando no es el único, existe un montón de gente como él, un solo ejemplo es: Giacomo Leopardi, que escribió sobre recuerdos amorosos, especialmente en su obra «Recuerdos del primer amor» (Zibaldone), escrito en 1817, en la que explora la angustia de la pérdida de un amor juvenil y la fugacidad de la felicidad. También abordó el tema en poemas como «La ricordanza», publicado en 1829, que reflexiona sobre la memoria de la infancia y la juventud frente a una realidad decepcionante. Gertrude Cassi Lazzar, es así como se llama su primer amor, cuando él autor tenía 19 años.
El chileno, premio Nobel de literatura, Pablo Neruda: ME gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa basta. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Son innumerables, hombres y mujeres que le dieron mucha importancia al amor y a los recuerdos, eso me consuela, porque me hace ver que no soy el único que me atormento por el hecho de haber tenido un gran y único amor; al que también atormentan los recuerdos. Porque en algún momento me mintieron y esa mentirá es la que me atormenta y se que es sin motivo, aunque otro motivo sea la indiferencia y el saber que no soy correspondido, porque todos tenemos un gran y único amor y no soy yo el único que piensa de esa manera.
Gustavo Adolfo Bécquer con «volverán las oscuras golondrinas», es otro de esos muchos románticos: Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaba tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres…. ésas… ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…. ésas… ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido…, desengáñate,
así… ¡no te querrán!
Miguel Aramayo.
SCZ.11-11-2025
