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Que bellos sueños

1 Ago

Que bellos sueños

Que bellos sueños

 

Creo que una de mis debilidades es soñar. Desde que tengo uso de razón vivo en un ensueño permanente, al extremo que muchos de los hechos que son realidad, todavía me parecen un sueño. Incluso me da la impresión que me desdoblo o despersonalizo para verme a mí mismo, pero no como si fuera la misma persona, sino como si fuera otro individuo, que puede observar y criticar a su espejo o espejismo.

 

El conocimiento y lo que puede hacer el cerebro (neurología) es algo que fascina, incluso en muchas oportunidades escribí sobre la comunicación telepática, en la cual creo, aunque científicamente no está comprobada fehacientemente.

 

Por la experiencia en el trabajo y el hecho de usar computadores desde más o menos 1970 en forma personal, pero haber trabajado en sistemas IBM desde 1964, hacen que tenga un vasto conocimiento de cómo es el proceso electrónico y cómo fue mejorando la grabación de datos en medios magnéticos, hasta lo que ahora se denomina «La Nube», que sigue siendo una forma de almacenamiento en términos físicos, pero trasmitidos por ondas electrónicas (Internet).

 

Este libro pretende mostrar la forma en la que el cerebro almacena la información (recuerdos), pero una mezcla muy compleja de palabras, voces, imágenes, colores, sabores, olores y todo lo que puede captar el hombre y que puede retrotraer en cualquier momento con una fidelidad asombra en un tiempo record.

 

El joven ingenioso (Miki–que soy yo) demuestra la forma en que el cerebro almacena la información, pero al mismo tiempo propone un tipo de alimentación que mejora las condiciones cognitivas de los individuos y propone a los farmacéuticos sintetizar las plantas que nos rodean, con la finalidad de proporcionar una alimentación adecuada para mejorar la memoria, la concentración y todas las facultades neurológicas.

 

En este libro también me refiero a un anterior invento detallado en una novelita que escribí el año pasado, que se titula: «Inteligencia Virtual», en la que describo cómo se puede obtener una copia del conocimiento almacenado en el cerebro, para ser transferido a medios de almacenamiento externo que, podrían perdurarse después del fallecimiento del propietario de los conocimientos.

 

Algo que he observado en el transcurrir de mi vida, es que muchos de mis ensueños, a muy corto plazo, se convierten en realidades, que no necesariamente son transformados por mí, pero que, ¡si…! existen científicos con un coeficiente intelectual superior al mío y con medios económicos superiores a los que dispongo, que da la impresión que hubieran estado conectados a mi cerebro, o que alguien les transmitió mis ensueños (espionaje).

 

Soñar no cuesta nada y los sueños son una gran fuente de felicidad, además que permiten un mayor acercamiento a nuestro Divino Creador, el Altísimo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.06-02-2019