Que desperdicio
En cualquier parte del mundo el deshacerse de un auto viejo, tiene un costo y no puedes abandonarlo donde quieras, porque eso tiene una penalidad, debes recurrir a algún cementerio y pagar por dejar la chatarra. En Bolivia, ¡no!, aceptamos que otros países nos envíen esa chatarra, y nosotros pagamos por ella, sin ver que estamos llenándonos de basura, pero previamente a llenarnos de basura poluimos nuestro medioambiente, dañamos el aire que respiramos y hacemos mierda la “Pachamama”.
Poluimos porque somos burros, poluimos porque somos pobres, poluimos porque así lo quieren nuestros gobernantes, poluimos porque somos hipócritas. De cualquier manera poluimos y lo que estamos haciendo ahora será para que nos reprochen nuestros descendientes y para que se rían nuestros vecinos y el mundo entero.
Si el comer pollo produce homosexuales y los adelantos del occidente producen calvos, ¿qué piensan ustedes que producirá: todo el dióxido de carbono, el azufre y todo lo malo que esos autos viejos echaran a la atmosfera que contiene el aire que respiramos, pero no todo lo aspirarán nuestros pulmones, habrá una parte que será un sedimento que se posará en nuestros techos, en nuestras tierras cultivables, en nuestros edificios, en nuestros árboles y demás vegetación, en nuestros monumentos, en lo que caerá al suelo como lluvia acida. Toda esa mugre tardará mucho en ser absorbida y trasformada por la naturaleza, pero previamente contaminara nuestra aguas subterráneas y producirá daño en nuestra vegetación y también en nuestra fauna, incluso la pobres hormigas y hasta los chulupis sufrirán un daño, porque nuestros gobernantes vieron que el déficit fiscal es alto y esa importación de autos viejos, les produce unos cuantos pesos, pero no sólo de pan vive el hombre.
Hoy leí algo que transcribo a continuación algo que fue escrito hace mucho tiempo, pero que tiene total vigencia, es el discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo, que dice en una parte: Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía… No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? … Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Muchas veces se ha hablado del fin del mundo, y la noticia, por preocupante que sea, insinúa que la contaminación es sólo una de las posibilidades que tiene la humanidad de extinguirse. Existe una galería de posibles causas por las que se podría producir el fin del mundo, pero en su mayoría las más probables, es por la irresponsabilidad del hombre, como el caso del calentamiento global.
Miguel Aramayo
SCZ. 9-06-2011
