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Ratones y ratas.

15 Ene

Ratones y ratas.

Caminando a paso apresurado, como es mi forma normal de caminar, nunca distraído, pero si pensando en temas de trabajo, con algo de preocupación en temas de política, aunque ésta no me llama la atención, porque para eso están los políticos y los militares, aunque estos últimos, hace más de seis años fueron descabezados y  les escondieron sus sables y sus rifles y dejaron al mando de esa organización, gente con otro tipo de aspiraciones, aspiraciones que son comunes a todos los que están en esas posiciones, de política, de poder y de mando.

 

Bueno, por explayarme en un tema que no me corresponde, porque aparte de que sé muy poco, le tengo aversión, rechazo profundo. Continuando,…caminaba tan rápido que casi piso a un humilde ratoncito, ratoncito de un color plomo bríllate, con una larga cola, cola que superaba en tamaño, el tamaño de su cuerpo. Con unas orejitas redondeadas, que daban la impresión que estaban atentas a escuchar todas las conversaciones de la comunidad. Sus ojitos chiquitos y brillantes, pero con una vivacidad que me recordaron a los ojos de Mickey Mouse.

 

El ratoncito al que me refiero, no caminaba como él de la serie de dibujos animados, éste caminaba de cuatro patas, pero si le ponías los dos grandes botones en el pantalón, guantes y grandes zapatones, era muy semejante.

 

En mi caminar casi lo piso y me frené en seco, sostuve mi pie en el aire, lo cual ocasionó que me desequilibre y esté a punto de caer, pero también el ratoncito tuvo la suerte de que mi reacción sea rápida, con lo cual el Altísimo le salvó la vida, porque treinta gramos de huesos diminutos no hubieran soportado, noventa kilos y la huella de un zapato Clarks. Me miro con sus diminutos ojos y con una voz muy similar a la de Mickey me dijo: –Señor, le agradezco por su amabilidad y me disculpo por mi distracción, algunas veces cuando uno está distraído y preocupado, como estoy yo, no se fija en los peligros del mundo.

 

Quedé sorprendido de escuchar esa alocución y anonadado porque ese timbre de voz me resultaba conocido. Me estabilicé, después de mi traspié, y me puse de cuclillas para poder conversar con ese animalito. –Me siento feliz de haberte salvado la vida y totalmente sorprendido de poder estar conversando con vos. –Me pareciera que estoy soñando, que el escuchar tu voz sea simplemente una ilusión creada por mi mente. –Me dejas que te alce y te tome en mis manos hasta encontrar donde sentarme y poder tener mi rostro más próximo a vos, para ver tus ojos y apreciar tu voz.

 

–Desde luego que sí, estoy agradecido a su gentileza y quiero retribuir de alguna manera lo que el destino me deparó, por lo tanto vamos hacia aquella mesa, y me mostro una mesa que estaba un poco más allá, de esa manera usted puede sentarse en una silla y yo aproximarme al borde de la mesa, para de alguna manera satisfacer su curiosidad.

 

–¿Cuánto hace que puedes hablar?, ¿Te recuerdas?

 

–Siempre pude hablar y siempre estuve atento a las charlas de ustedes los humanos, lo único que esta habilidad la tenemos escondida. –Los primeros congéneres de los que tengo conocimiento que hablaron, fueron algunos que vivían en Estados Unidos y, que un tipo con plata los quiso presentar en películas, pero ellos por su timidez prefirieron posar para los dibujos animados que hicieron en Walt Disney.

 

–¿Te puedo preguntar?, ¿Por qué me dijiste que estabas distraído y preocupado?

 

–Porque gran parte de mis parientes se han metido en política, ahora están en el Tribunal Electoral y en el Congresos, pero han cambiado tanto, que ya no son ratoncitos como yo, que sigo siendo un simple proletario que me alimento de queso y roo papeles y cartones, en cambio ellos han cambiado tanto y se han hecho tan grandes que ahora son ratas.

 

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 15-01-2015