Referente a la educación
Referente a la educación
Siempre he creído que la educación que recibimos en distintos momentos de nuestra vida deja huellas profundas en lo que somos y en cómo actuamos. En lo personal, uno de los momentos más significativos fue mi paso por el seminario de la congregación salesiana, donde pasé tres años que marcaron profundamente mi adolescencia y que, sin duda, se convirtieron en la base de mi personalidad actual.
A esta formación se sumó la educación recibida en mi hogar, el entorno familiar, las amistades, y también, por supuesto, un carácter que traía desde nacimiento. Sin embargo, estoy convencido de que el ejemplo que me transmitieron quienes me rodeaban fue más determinante que cualquier otra predisposición genética.
Durante mi tiempo en el seminario, leí muchas biografías de santos, pero también tuve el privilegio de encontrarme con textos más estructurales, como la encíclica «Rerum Novarum» de León XIII (1891), que desarrolla la doctrina económica y social de la Iglesia. Este texto fue fundamental para mí, al punto de inclinarme políticamente hacia la democracia cristiana, alejándome de la afinidad familiar con el FSB y reafirmando mi rechazo al MNR. También me marcó la lectura de la encíclica «Mater et Magistra» del Papa Juan XXIII, que complementa y actualiza la visión de León XIII.
En algún momento me interesé por conocer más sobre las diferentes congregaciones religiosas católicas, esas comunidades de vida consagrada que, mediante votos de pobreza, castidad y obediencia, dedican su vida a un carisma particular. Entre ellas, destacan los jesuitas, vicentinos, salesianos, claretianos, redentoristas, dominicos y franciscanos, cada uno con su propia misión dentro de la Iglesia.
Con la reciente elección del nuevo Papa, quien adoptó el nombre de León XIV —lo que ya es una señal clara de continuidad con la visión de León XIII—, me atrevo a pensar que estamos ante un pontificado prometedor. El hecho de pertenecer a los agustinos, una de las órdenes más antiguas (fundada en 1243), fortalece esa percepción: un compromiso profundo con la defensa de los pobres, del trabajo digno, y de la propiedad privada, sin caer en los extremos del socialismo o el comunismo.
Este nuevo pontífice, además, tiene una historia singular que lo acerca a nuestra región: vivió 40 años en Perú, tiene la ciudadanía peruana, domina el español, nació en Chicago, habla inglés, estudió en Roma y también se expresa en latín, como era costumbre entre los sacerdotes de su generación.
Todo esto me da esperanza. Es un Papa relativamente joven, con una visión clara, y con el potencial de tener un pontificado tan largo e influyente como el del propio León XIII, quien dirigió la Iglesia durante 25 años y falleció a los 92 años.
Miguel Aramayo
SCZ.09-05-2025
