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Retorné en mi vida muchos miles de años

12 Dic

Retorné en mi vida muchos miles de años

Por favor no me pregunten ¿Cuántos años retrocedí?, por lo que les contaré, ustedes podrán deducir la respuesta. Les pido que me crean, no es una ficción, es la pura verdad, pero por favor tampoco me pregunten ¿cuál era mi nombre en esa mi otra vida?, esa si que será una incógnita. Algo de lo que leerán puede ser que lo encuentren en la Torá.

Yo era muy amigo de Isaac (aunque en cuanto a edad biológica el me duplicaba), mucho antes de que él decida casarse con Rebeca y cuando ya estaba casado, seguimos siendo amigos, tan amigos que nos contábamos intimidades, tal es así que supe por boca de Isaac, que Rebeca, no era fértil, no podía tener hijos, entonces yo recomendé a Isaac que ore a Jehová, él oró a Jehová por su esposa, y Éste permitió que quedase encinta. A continuación les contaré lo que hablaba con Isaac y lo que pude captar de lo que vi.

Rebeca quedó embaraza de mellizos y éstos se combatían dentro de ella, Rebeca muy preocupada dijo: “Siendo así, ¿para qué vivir?” Y fue a consultar a Yahveh. Yahveh le dijo: “Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que se dividirán. La una oprimirá a la otra; pero el mayor servirá al Menor.” Cuando nacieron el primero en salir era “rojizo y cubierto por todos lados de pelo”, como un pellejo; por lo que lo nombraron Esaú (Velludo). Después salió su hermano, cuya mano agarraba el talón de Esaú, como dando a entender que Yahveh le había otorgado a él la primogenitura, cuando dijo que el mayor serviría al menor; y se llamó Jacob. Isaac, mi amigo, tenía sesenta años cuando los engendró.

Un día, estando Esaú agotado regresando de cazar, le pidió a su hermano Jacob que le diera de comer un guiso rojo («Plato Bermejo”), el cual el mismo Jacob había preparado. Esaú le dijo a Jacob: «Oye, dame a probar de eso rojo, porque estoy agotado.» Jacob le respondió: «Véndeme ahora mismo tu primogenitura.» Esaú respondió: «Estoy que me muero. ¿Qué me importa la primogenitura?» Así despreció Esaú su primogenitura, la cual implicaba el sacerdocio, el patriarcado y la doble porción de la herencia. Más adelante Rebeca su madre ayudó a Jacob para que tomará la primogenitura que ahora le correspondía a él, Esto último fue el motivo desencadenante del odio de Esaú hacia Jacob, el cual, temiendo las consecuencias de su osadía y aconsejado otra vez por Rebeca, huyó a Padam Aram – donde vivía su tío Labán – y permaneció ahí por veinte años. Sin embargo pasado ese tiempo los hermanos se volvieron a encontrar y se reconciliaron, viéndose por última vez para el entierro de su padre.

Por lo que me contaba Isaac, en esas horas de tertulia, sabia como era Rebeca, una mujer de su casa. En sus años jóvenes era, sin duda, hermosa, una doncella oriental. Una belleza sencilla. Sin ostentación. Era una joven simple, casi infantil. Las mujeres orientales suelen ser pasivas e introspectivas. Rebeca no lo era. Aunque procedía de una familia de reputación, no tenía miedo de ensuciarse los dedos. Ella misma iba a buscar agua en una vasija, ayudó a preparar la comida, y proveyó para los camellos de Eliezer. Debe de haber sido como su nombre indica, «una muchacha amable»

Isaac me contó que Abraham, su padre, le pidió a uno de sus siervos (Eliezer) que vaya a buscar una esposa para su hijo. Le pide que sea una mujer de la tierra de donde él tuvo que salir (Ur de Caldea- Mesopotamia), es decir que sea de su parentela, y que la traiga a donde viven ahora (Canaán) para desposarla con su hijo. Explícitamente le advierte que no le traiga una mujer cananita. Y le dice que un ángel le ayudará en su cometido tal como le ha prometido Dios. El siervo toma 10 camellos y se pone en camino. En un punto determinado el siervo hace detenerse a sus camellos cerca de un pozo, y reza a Dios lo siguiente: “Yavé, Dios de mi amo Abraham, salme al encuentro hoy, y muéstrate benigno con mi señor Abraham. Voy a ponerme junto al pozo de agua mientras las mujeres de la ciudad vienen a buscar agua; la joven a quien yo dijere: inclina tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella me respondiere: bebe tú y daré también de beber a tus camellos, sea la que tu destinas a tu siervo a Isaac”. Antes de que termine de hablar aparece Rebeca, entroncada con el linaje de Abraham, y además virgen, quien efectivamente da de beber agua a Eliecer y también a los camellos. El siervo le ofrece un arillo y dos brazaletes de oro, le pregunta ¿quién era y si puede pernoctar en casa de su padre? A lo que ella contesta que sí. Rebeca vuelve a casa a contar lo sucedido y a continuación uno de sus hermanos va en busca del siervo para que pernocte en su casa. El hermano de Rebeca, Labán atiende a los camellos y sirve de comer al siervo. El siervo cuenta toda su historia punto por punto, y efectivamente acceden a que Rebeca vaya a casa de Abraham y se case con Isaac. El siervo les hace regalos y adora a Dios. Rebeca parte con él acompañada de una nodriza y varias doncellas. Tiempo después, Isaac sale al pozo y ve venir los camellos. Rebeca también ve a Isaac y se cubre con un velo. Ambos se encuentran. Isaac conduce a Rebeca a la tienda de Sara, su madre (que había muerto un poco antes), y la toma por esposa.

Rebeca no dio un ejemplo especial de fe, pero es evidente que ésta existía en su corazón. Por ejemplo, dejó la tierra que idólatra de Arán en favor de las tiendas de Abraham. Lo confirma también el hecho que recibió una revelación directa del Señor. Observemos también sus esfuerzos para asegurar la bendición del Mesías para su hijo predilecto Jacob. Este tipo de mujer recatada, esencialmente femenina, puede recurrir a toda clase de medios domésticos para conseguir sus propósitos. No es orgullosa o jactanciosa, y quizá por ello tiende a arreglar las cosas a su manera. Esto evita descontento y contribuye a la armonía. Pero también pueden ser maniobreras: usar astucia para conseguir su propósito, confiando, por ejemplo que nadie lo va a notar. Rebeca tenía esta característica. Esto nos da a entender por qué tenía tanto aprecio a Jacob y en cambio, a veces, no podía tolerar a Esaú. Por otra parte, el mismo Jacob tenía este mismo defecto antes de su conversión. Esto no es digno de elogio, en modo alguno, pero procedía, sin duda, de su madre.

Así vemos que en el asunto de la bendición patriarcal de Isaac, Rebeca no le habla a su marido directamente. No le recuerda la revelación de Dios, indicando el carácter desviado de Esaú, y sobre esta base le pide que bendiga a Jacob. En vez de ello, haciendo uso ya entonces de la idea que el fin justifica los medios, empieza sus maniobras. Jacob coopera con entusiasmo. Él también está cortado por el mismo patrón. Su madre le ha entrenado con mano maestra. Cuando se hace evidente que Jacob tiene que huir, Rebeca vuelve a intervenir para preparar al marido.

Podemos suponer que Rebeca obraba astutamente, en parte inspirada por la fe de que la bendición del Mesías fuera para Jacob, pero no podemos decir que obrará justificadamente, y el resultado de estos engaños lo pagó ella misma, pues nunca vio otra vez a su hijo.

A pesar de sus cualidades Rebeca es un aviso para que la esposa no haga uso de engaños y astucias. Estos continuos engaños dan muestra de la relación de Rebeca con su esposo. Si hubiera habido confianza y sinceridad los resultados hubieran sido mucho mejores. La consideración de las consecuencias de esta conducta es aleccionadora. Rebeca fomentó las tendencias de Jacob al engaño y para él el conflicto entre ellas y la fe se agudizó y se hizo más doloroso. En cuanto a Esaú, no contribuyó a alterar la base de su carácter.

En realidad Rebeca descartó a Esaú y se dedicó como madre exclusivamente a Jacob. El castigo lo pagó con las mujeres que Esaú trajo a su casa y que acabaron degradándole completamente. La negligencia de Rebeca en la educación de Esaú tuvo repercusiones más adelante para el pueblo de Israel, en las épocas de sus conflictos con Edom, que es lo mismo que Esaú. La ira de Esaú todavía hierve en Herodes que era idumeo, en el día en que se burla del Varón de Dolores.

Volviendo sobra la historia de los hermanos, antes de enemistarse Esaú con Jacob, a causa de la bendición que consideraba robada, Esaú que por ese tiempo contaba con 40 años tomó dos esposas hititas: Judit hija de Beeri, y Basemat hija de Elón, a las cuales odiaron Isaac y Rebeca; mas luego de haber jurado que algún día iba a matar a Jacob, y dándose cuenta que las caananitas eran mal vistas por su padre, Esaú fue a la tierra de Ismael su tío y tomó por esposa a Mahalat, hija de Ismael y por lo tanto su prima, además de las otras esposas que ya tenía.

Esaú tomó a sus mujeres, a sus hijos, a sus hijas, a todas las personas de su casa, sus rebaños, su ganado y todas las posesiones que había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a una tierra, lejos de Jacob su hermano; porque los bienes de ellos eran muchos, y no podían habitar juntos. Tampoco podía mantenerlos la tierra en que habitaban, a causa de sus ganados. Así habitó Esaú en la región montañosa de Seír.

En otro momento les contaré más de mi regresión, siempre que ustedes me lo pidan y para no cargarlos de historias.

Miguel Aramayo

SCZ. 12-12-2011