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Siento pena

15 Oct

Siento pena

No puedo quedar indiferente ante lo que nos está pasando, lamentablemente las noticias que vemos por televisión, o leyendo los periódicos y los comentarios que escuchamos en las tertulias cotidianas, o lo que percibimos en las redes sociales. Todo eso influye negativamente en nuestro espíritu y nada solucionamos elevando una oración al Altísimo, asistiendo a una marcha de repudio, o lo que podamos opinar por internet.

Nuestro problema es mucho mayor y la solución no es fácil ni inmediata. Nuestra sociedad ha tenido una descomposición acelerada desde principios del 2006, quizá un poco antes, desde que comenzaron las marchas y los bloqueos, desde que se perdió miedo a las leyes y respeto a la autoridad, desde que el narcotráfico se fue infiltrando en nuestra sociedad, pero no en los niveles altos, no, más bien en la base de nuestra estructura social.

No es solamente que se está destruyendo nuestra sociedad, como si todos fuéramos de madera y las termitas (turiros) nos han atacado y cada vez encontramos montoncitos de polvo, polvo que es aserrín, aserrín de nuestra estructura. Las termitas nos están consumiendo por dentro.

No es solamente que la pobreza está avanzando, por falta de empleos, por falta de oportunidades, por un menor nivel intelectual, una menor moral particular y colectiva. La sociedad en su conjunto está siendo atacada, cada vez estamos más pesimistas y menos participes de los problemas sociales con ideas de salir de eso.

Los concursos de belleza, la vida fácil, el exceso de propaganda sin fundamento y la falta de control social están haciendo que nuestra juventud, cada vez más, sólo piense en cosas momentáneas, pasajeras, que le de valor a cosas que no valen y piensen que los mayores debemos resolver los problemas, para que ellos vivan felices, en concursos de belleza, tanto hombres como mujeres. Han proliferado los centros donde se cultiva el cuerpo, los músculos, las curvas, la facha y cada vez menos se cultiva la intelectualidad. Es notorio hasta en las canciones, sin ritmo, sin fundamente, con exceso de percusión de bajos altisonantes y agudos hirientes, sin poesía, sólo monosílabos.

Los padres han descuidado a sus hijos, porque ellos también han perdido interés por las cosas de valor y ahora sólo pretenden que los chicos tengan algún premio de belleza y que no sufran, que tengan la vestimenta que quieran, que salgan hasta cualquier hora de la noche o la madrugada y los defienden ante los profesores que los reprenden sin aplicar la psicología que está de moda, “que hagan lo que quieren”, “ya no hay aplazados, ni escalafón…”.

El problema no es solamente de nuestro estatus, de nuestra ciudad, de nuestro país, es algo de todo Sudamérica, es algo del mundo, que no estamos sabiendo enfrentar, estamos perdiendo lideres con moral, estamos tras de líderes irresponsables, sanguinarios, corruptos, que están buscando su beneficio, sobre todo beneficio económico, de prestigio efímero, pero descuidando la espiritualidad.

Algo muy grave nos tendrá que suceder para que tomemos conciencia, o realmente tenemos que hacer un pacto social muy serio, muy participativo, que nos haga revertir lo que estamos viviendo. Para eso es muy necesario un liderazgo, algo que nos sacuda y pienso yo, que es hora de que las iglesias (católica – evangélica – cristiana – judía) se unan en un cónclave del que podamos sacar algo en blanco que podamos presentar, primero a la sociedad civil y después exigir a la sociedad política, que pongan su parte.

Debemos volver a respetarnos entre nosotros, debemos volver a rezar en voz alta, pero no sólo para los actos litúrgicos, debemos volver a rezar en la mañana al levantarnos, al medio día antes de comer, en la noche antes de dormir.

Tengo la seguridad que cambiaremos, pero no esperemos que nos sacuda un sismo, un temblor, o que un rayo nos parta o nos convierta en sal.

Miguel Aramayo

SCZ. 15-10-2013