Sorprendido
Leí una noticia, que me dejó sorprendido, porque es una muestra de que la medicina forense, ayudada por las técnicas modernas puede ser un gran apoyo a la investigación de casos policiales.
Algo que resulta innegable para todos es el hecho de que la tecnología se va infiltrando poco a poco en cada uno de los aspectos de nuestras vidas, a tal grado que, si no estamos medianamente informados, puede haber campos en los que se nos dificulte saber qué es realidad y qué es ficción. La medicina forense no es la excepción.
Existen técnicas como la aplicación de fotografía de balística de alta velocidad. Técnicas para detectar residuos de disparos y algunos otros objetos. Existen técnicas para dictaminar si una persona pudo o no haber apretado el gatillo del arma, o saber si se trata de un homicidio o de un suicidio. El uso del microscopio electrónico, o el método de de-ablación láser y espectrometría de masas que permiten detectar residuos del disparo.
La fotografía forense con fuentes alternativas de luz, es un método muy importante para determinar el tipo de daño sufrido por la víctima, de manera que sea posible establecer si se trata de una causa de muerte o no, aplicando otras herramientas, aparatos, y dispositivos, las cámaras de luz azul y/o filtros naranjas permiten observar daños bajo la superficie de la piel, que no pueden apreciarse a simple vista.
En el artículo que leí y del cual me estaba desviando, un forense alemán (Horn) investigo a Ötzi, también conocido como «el hombre de hielo», que es la momia mejor preservada que se haya encontrado jamás. Un hombre de la Edad del Cobre (3000 años a.C.) cuyo cuerpo congelado quedó atrapado durante siglos dentro de un glaciar en el norte de Italia, y fue descubierto en 1991.
La momia està mejor conservada que muchas víctimas de homicidios recientes, el glaciar no sólo congeló a Ötzi donde había muerto, sino que la alta humedad del hielo también mantuvo intactos sus órganos y su piel. Eso resultó crítico para determinar con sorprendente precisión lo que sucedió a Ötzi e incluso ayudaron a arrojar luz sobre las posibles motivaciones de su asesino.
Ötzi medía 1,65 metros (la altura promedio de su tiempo), pesaba 50 kilos, tenía ojos marrones y cabello castaño oscuro. Tenía unos 45 años, se mantenía en buen estado físico. Era un hombre que caminaba mucho, tenía un cuerpo poco trabajado en su torso, con poca grasa. Sus manos pequeñas no muestran señal de un trabajo duro.
Para investigar su asesinato, recurrieron a especialistas en arqueo botánica y paleo metalurgia. Encontraron rastros de polen en su tubo digestivo, lo que indicaba que la muerte de Ötzi, fue en algún momento de fines de la primavera o principios del verano. Descubrieron que en sus últimos dos días consumió tres comidas distintas, descendió desde una elevación de unos 2.000 metros hasta el valle y luego subió hacia las montañas de nuevo, donde fue encontrado en el lugar del crimen a 3.200 metros de altura. En su cuerpo descubrieron una segunda herida prominente, distinta de la de la punta de flecha en la espalda: un corte profundo en la mano derecha entre el pulgar y el índice, hasta el hueso, que le ocurrido uno a dos días antes de su muerte.
Ötzi pudo haber bajado a la aldea y verse envuelto en una pelea violenta, lo interesante es que no se le encontraron otras lesiones en el cuerpo, ni hematomas importantes ni heridas de puñaladas, así que probablemente fue el ganador de esa pelea, incluso posiblemente mató a la persona que trató de atacarlo». Ötzi se marchó de regreso a lo alto de la montaña, provisto de alimentos y brasas para el fuego envueltas en hojas, en una mochila con marco de madera. Como arma, sólo poseía una pequeña daga de pedernal, un bastón para confeccionar un arco y un bolso con piel de venado donde llevaba una docena de flechas, de las que sólo dos estaban ya terminadas con sus puntas. Aproximadamente media hora antes de su muerte, estaba teniendo una comida adecuada, incluso bastante pesada. Media hora después de que Ötzi terminara de cenar, el asesino se acercó y le disparó en la espalda desde una distancia de casi 30 metros. La flecha pasó por debajo de la axila izquierda y se desgarró a través de una sección de su arteria subclavia, una herida fatal que probablemente no hubiese sido tratable incluso en tiempos modernos.
Horn descartó que el robo pudiese haber sido un móvil para el asesinato. Junto al cuerpo de Ötzi había una valiosa e inusual hacha de cobre, y su ropa confeccionada con el cuero y la piel de 10 animales de seis especies distintas seguramente era valiosa para protegerse del clima en esa zona. «Si el asesino volvía a su aldea con esa hacha, todo el mundo hubiera sospechado algo. Pero trató de que nada se supiera».
¿No les parece interesante esta Histori, de un asesinato hace cinco mil años?
Miguel Aramayo
SCZ. 28-03-2017
