También pienso en mí.
Me hizo chiste el título de esto que estoy escribiendo, porque sería ilógico que no piense en mí, porque creo, creo que es parte de nuestro ser el egoísmo, el individualismo y, porque no decir la “egolatría”, decir lo contrario me suena a mentira, decir que sólo pensamos en los demás, es una falsedad, así me parece, me parece a mí.
Creo que hasta la madre Teresa de Calcuta, todo lo que hizo por los demás, con un amor desmedido, con una entrega inagotable, con esa sublime dedicación hacia los demás. Todo lo que hacía era para satisfacerse, porque esa entrega a los demás le producía un beneficio directo a ella, porque esa dedicación a los demás la elevaba a Dios, y lo que había hecho por los demás, era algo en su beneficio, para que el Altísimo la premie.
Constantemente escuchamos, que algunos dicen a su favor y, muchos dicen en favor de otros, que sus vidas están dedicadas a los demás, olvidándose de ellos mismos, algo muy frecuente en varios lugares, dese los profesores que se sienten sacrificados para educarnos desde chicos, o los religiosos que ofrecen su vida para los demás, o los políticos que se siente unidos a las masas, por las que luchan y se sacrifican.
Algunos padres también se atreven a reprochar a sus hijos, diciendo que se sacrifican por ellos, que tienen su vida dedica a ellos, sin esperar ninguna recompensa, incluso ellos, lo que hacen, lo hacen por ellos, porque esa dedicación por los demás les reditúa elogios que los cosechan ellos, no solamente de los demás, sino también de sus hijos.
Por lo tanto, a mi criterio, es parte de la naturaleza humana el quererse sentir víctima, o sentirse héroe, incluso me animo a decir que es por eso que existe el vocablo: “amor propio”. Muchas veces, eso que pensamos que lo “hacemos por los demás”, es parte de nuestras obligaciones, como profesores, como padre, como hijo, como religioso, ¡como lo que sea…!, porque tenemos un mandato que cumplir de nuestro Creador y, eso que hacemos lo hacemos porque es nuestra obligación el hacerlo y, cuando cumplimos ese mandato, no lo hacemos por los demás, lo hacemos para y por nosotros mismos.
Por lo tanto el: “También pienso en mí”, es porque siempre ¡pienso en mi…!, pero queda más bonito que los demás me vean como una persona sacrificada que me dedico a los demás y, que me ¡olvido de mi…!, porque eso me hace verme y sentirme bien ¡a mi…!, con lo cual tengo más ánimos de hacer cosas por los demás, porque soy yo quien cosecha los méritos de “pensar en mi”.
Miguel Aramayo.
SCZ. 13-01-2015
