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Tengo un corazón.

16 Mar

Tengo un corazón.

Tengo un corazón extremadamente sensible, con casi nada se entusiasma; con poquito amor, arma un castillo de ensueños. Con poquito de dolor, sufre lo indecible; por más que el dolor sea ajeno. Con una simple alusión, se ilusiona y con un simple reproche, se deprime, si lo que produce sus palpitaciones pertenece a seres queridos, sufre por ellos y busca la forma de colaborarlos, si son amigos también tiene el mismo sentimiento, pero si son extraños, también logran mover sus fibras.

 

Leí algo de Miguel de Cervantes que lo transcribo a continuación, porque vale la pena recordarlo y sacarlo a la luz, aunque de por si lo que escribió ese hombre tienen luz propia y en abundancia: Hoy es el día más hermoso de nuestras vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones, nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; lo más destructivo, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo por ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén. Don Quijote de la Mancha.

 

Por eso todos mis días son distintos, porque todos los días me ofrecen algo nuevo, algo hermoso, pero también hay días que son nublados, oscuros con malos pensamientos y malas noticias, que quizá no me afecten a mí, pero que dañan a los demás y ese solo hecho hace que también sea algo que me aflija, como el caso de la política, a la cual no podemos escapar, porque tendríamos que aislarnos y eso no es correcto, debemos afrontar lo malo, la mentira, la injusticia, la corrupción, porque en compensación también vemos cosas lindas.

 

Vemos cosas lindas, como el batir de alas de las mariposas o escuchar el canto de los pájaros, la riza de los niños, o simplemente contemplar el cielo en busca de Las Tres Marías, de la Cruz del Sur, de la Osa Mayor o detenerse a observar la Vía Láctea, la Luna, aunque esté en cuarto menguante, o sentir el golpeteo de la lluvia en nuestra frente.

 

Observar las flores, en botón o en su amplia expresión, ver los frutos y los que se pueden probar, probarlos, acariciar a tu perro o simplemente quedarte en silencio, con los ojos entornados viendo y apreciando tu interior, tu alma, tu conciencia. La paz de tu espíritu, si realmente estas en paz o el palpitar acelerado de tu corazón, si estas con algún problema, con algún sufrimiento.

 

Pensar en Dios y reconocer lo bueno que es Él con nosotros, que nos cuida y colabora, que nos observa sin inmiscuirse en nuestro quehacer diario, que nos escucha sin pretender intervenir y que nos deja actuar a nuestro libre albedrío, pero que nos da la capacidad de poder observar si lo que hacemos es bueno o es malo, porque nos dio la suficiente capacidad intelectual, como para reconocer nuestros errores, aunque algunas veces nos hagamos los opas y no lo entendamos o queramos buscar culpables diferentes a nosotros mismos.

 

¡Qué lindo es quererse a uno mismo, más que lo puedan querer los demás!

 

Miguel Aramayo

SCZ. 15-03-2016