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Un invento, una prueba

14 Mar

Un invento, una prueba

Ahora les contaré de un asalto que nunca sucedió, pero que me lo quiero inventar, para que me digan que les parece el suspenso.

 

La muchacha, que se llamaba Clementina, una pelirroja de curvas muy bien formadas, con una blonda cabellera que se mecía al viento, mejor dicho, a la brisa, porque en ese momento era más la quietud de amanecer. Tenía un rostro perfecto, todo coincidía con los cánones de belleza, los labios rojos color carmesí, sin tener ninguna pintura, los pómulos en su lugar sus sejas enmarcaba unos ojos de color verde esmeralda, con unas pestañas que daban la impresión de ser postizas, pero tanto ellas, como las cejas, tenían la misma coloración de los cabellos. No era pecosa como generalmente son las pelirrojas y tampoco poseían esa piel tan blanca, casi sin pigmentación, no; ella era más bien morena, su mentón era perfecto y concluía en unas orejas, que parecían dibujadas, en cuyos lóbulos se notaban unas chispitas de brillante, engarzado en oro blanco. 

 

Clementina retornaba de un encuentro, estaba clareando, el sol, por la mitad, aparecía en el horizonte, tiñendo el cielo de un color naranja intenso, que se remarcaba en la media esfera del universo, porque al otro lado del sol, todavía se vislumbraban algo oscuro y una que otra estrella, que daban la impresión de estar apagándose, como si se tratara de pequeñas lucecitas. Ella caminaba con un paso cadencioso y su aspecto parecía muy pensativo e incluso triste. De repente vio un objeto oscuro a un lado de la vereda, se trataba de un celular, su carga casi completa, era un iPhone de última generación, con una fina carcaza, cuando lo activo le pidió la clave de acceso. Lo apagó y lo puso en su bolso pensando en hacerlo desbloquear, pero volvió a ver el bolso y lo cambio de compartimiento a un bolsillo secreto, que no se notaba ni al pulso, porque estaba entre los pliegues del fondo.

 

Desde el momento que encontró el celular, transcurrieron diez minutos y vio que dos hombres corrían en sentido contrario, ni se fijaron en ella e incluso casi la atropellan, pasaron como tratando de alcanzar a alguien. Ella ya estaba por llegar a su departamento y vio que los hombres corrían de retorno, pero ella ya estaba entrando a su departamento, los hombres le hablaron, pero ella no les llevó el apunte y en lo que abrió la puerta la empujaron y no le dieron tiempo a decir ni una sola palabra, le taparon la boca y los ojos con cinta adhesiva, con el mismo material le amarraron las manos a la espalda y los tobillos, le bajaron los pantalones hasta las rodillas y con una pita le unieron los tobillos con las manos y esa misma pita se la pasaron por el cuello y la sujetaron al nudo que le hicieron en las muñecas.

 

Le taparon la boca con la cinta adhesiva y por lo tanto no podía pedir auxilio y tampoco podía moverse, los escuchaba a ellos que decían muy poco, de manera que no podía entender, pero se dio cuenta que vaciaron su bolso sobre una mesita de vidrio y después se sintió que pasaban por todas habitaciones como buscando algo, uno de los tipos se acercó y le registro todos los bolsillos de su chaqueta, de su pantalón y de su blusa. En ese momento, cuando la volcaron para buscar los otros bolsillos y sintió que le revisaban los bolsillos de la blusa y le metían la mano dentro de su brasier de encaje, se imaginó que la violarían, porque lo próximo fue que le metieron una mano adentro de la calza de algodón y con el dedo del corazón se lo pasaron como acariciándola, pero después se dio cuenta que era buscando el celular.

 

En todo eso, ella ya estaba mojada de transpiración, llanto y orines, porque por el miedo perdió el control y se orinó. Después de que le parecía que la acariciaban y sintió esa mano, que por suerte no le hizo daño, se quedó tan quieta, aparentando que estaba desmayada, pero lo que más le molestaba era los mocos que se agolpaban en sus fosas nasales y que le impedían respirar con fluidez. Así transcurrió un tiempo, hasta que notó que los tipos la habían dejado abandonada a su suerte. Se quedó tirada en suelo encima de las baldosas de la sala y sintió frio, dolor, vergüenza, pero permaneció quieta hasta que sintió adormecimiento en las pantorrillas y en el brazo que estaba contra el suelo. Trato de moverse y notó que al querer estirar las piernas la cuerda que tenía en el cuello hacia presión y quedaba sin respiración, esto dificulto mucho para poder ponerse en otra posición, pero optó por tranquilizarse, rezar, pensar en otras cosas, hasta quedarse dormida.

 

Pasó el tiempo, ya había pasado del medio día, pero ella continuaba dormida. El desvelo de la noche anterior, el susto del amanecer y la posición en la que encontraba, más el silencio contribuyeron a que duerma. Llegó una amiga (Cristina) a la que había invitado a almorzar, algo que ella pensaba preparar, por lo tanto, a Cristina no le llamó la atención encontrar la puerta abierta, la llamó y al no tener ninguna respuesta entró y grande fue su sorpresa al ver a su amiga tendida en el suelo de la sala, totalmente amarrada, lo primero que hizo fue desprenderle con mucho cuidado la cinta que tenía en la boca, luego cortar la pita que pasando por su cuello amarraba sus muñecas y sus tobillos. Con un poco de agua tibia le fue desprendiendo la cinta que le tapaba los ojos y después la cinta de los tobillos que estaba sobre el pantalón y la cinta de las muñecas.

 

Estando libre y con la ayuda de la amiga logró incorporarse, y subirse el pantalón, pero no quiso sentarse en el sofá, porque sabía que se orinó. Después de contar a su amiga un poco de lo sucedido pidió permiso para darse una ducha, cambiarse de ropa. La amiga la acompaño al baño y se ofreció ayudarla en la ducha, pero no fue necesario, la espero sentada en la cama, hojeando una revista de modas. Al salir del baño con una toalla amarrada al cuerpo se puso la ropa interior y un camisero holgado. Se pasó pintura a los labios y un colorete a las mejillas, se secó el pelo con la ayuda de un cepillo y mientras hacía eso le relataba en detalle todo lo acontecido, pero sin nombrar el encuentro del celular.

 

Como era hora de almorzar y le falló a su amiga con la invitación, llamaron para pedir unas pizas que les lleven a la casa y mientras esperaban eso, destaparon una botella de Chardonnay, directamente de Borgoña, que estaba en la parte baja de la heladera y reservado para un momento especial, pero este momento era un momento especial, la pelirroja se había librado de que la violen o de que la maten y la amiga la salvó que muera de inanición. Valía la pena brindar con algo bueno. Mientras degustaban el vino blanco y frio, en su punto, esperaban la llegada de las pisas, que no se hicieron esperar mucho y se sentaron a la mesa, que previamente tendieron con todos los aditamentos necesarios y pusieron la botella del vino en la heladera, para que no pierda su frescor y su buque. 

 

Mientras comían y degustaban el vino, conversaban sobre la noche anterior, en la que habían pasado una linda velada bailando y compartiendo con amigos en común, los mismo que frecuentaban de hacía mucho tiempo, sin que entre ellos exista ningún compromiso, más que la amistad y el deseo de pasarla bien, especialmente las noches de los viernes, después de haber completado la jornada laboral.

 

A media tarde Cristina se fue, porque tenía otro compromiso y Clementina se quedó sola, cerró puertas y ventanas y revisó su bolso, que estaba tirado en el suelo y todo su contenido esparcido en la misita esquinera, lo primero que hizo fue revisar si estaba el celular y efectivamente estaba en su lugar, lo primero que hizo fue apagarlo. Se puso a pensar que debía hacer, no era lógico que arriesgue su persona por simplemente un celular, pero al mismo tiempo se puso a pensar, a pensar en los individuos que la habían maniatado y recordó la mano que la acaricio pasándole un dedo para verificar si escondía el celular en esa parte de su cuerpo; sintió un cosquilleo en todo el cuerpo y un calor intenso en ese lugar.

 

No le cabía en la cabeza que alguien que hubiera perdido un celular, lo reclame de la manera que lo hicieron esos animales, porque estaba claro que era eso lo que buscaban, no la violaron, no le robaron nada de sus pertenecías del bolso, donde tenía su billetera con las tarjetas de crédito y débito, además de dinero en moneda local y dólares, tampoco faltaba nada en el departamento, incluso en su tocador permanecía abierta la cajita donde guardaba sus joyas, que para alguien que supiera poseía un alto valor, en solo los dos relojes, un Cartier y un Longines de oro había algo que estaba cerca a la diez mil dólares, más todas las demás ñañacas, pasaba de los veinte mil.

 

Se recostó en la cama mirando el techo y acariciándose las muñecas que por la posición en la que durmió y el amarre de la pita que unía sus manos con los pies, estaban adormecidos, pese al tiempo trascurrido desde que Cristina la libero. Se puso a pensar los pasos a seguir, lo primero mantener el celular escondido en el bolso. Después debía hablar con alguien de confianza para desbloquear el celular y copiar toda esa información en otro lugar seguro, e incluso en la nube y algún otro back up, por su su contenido es de real importancia. Pensó en Ernesto, el encargado de sistemas de la oficina donde trabajaba, era el hombre ideal, conocedor del tema, con todas posibilidades de conservar el secreto y colaborar en investigar esa información, siempre que valiera la pena. Todo eso debería ser el lunes en horario de oficina y sin despertar ninguna sospecha, porque los animales que la habían maltratado podían volver y torturarla para que hable.

 

El lunes busco a Ernesto y le contó lo que le sucedió, pero a grandes rasgos, se saltó las partes que le producían vergüenza, le pidió el máximo de discreción, mejor dicho “Secreto”, él aceptó y se puso manos a la obra, logró desbloquear, obtener una back up en un servidor del exterior. Cuando completó esas tareas llamó a Clementina y se pusieron a ver el contenido; gran sorpresa, el celular pertenecía a un alto funcionario del gobierno y tenía información de gran valor para la oposición, con fechas, nombres, detalles completos, en mensajes y no se habían borrado ninguno de los mensajes SMS y tampoco todos los WhatsApp, el Facebook y el Messenger, todo tenía relación con tres grandes escándalos, por lo tanto había que deshacerse de ese celular, en lo posible enviándolo al exterior.

 

Clementina se puso en contacto con su jefe, quien alguna vez había tenido contacto con la embajada de un país del primer mundo y posiblemente hubiera realizado trabajos de espionaje. Su jefe la escuchó con mucha atención y coincidió con ella y Ernesto, que ese celular debería mantenerlo apagado y ser entregado a alguna de las agencias de inteligencia que pueda hacer buen uso de su contenido y liberarlos a ellos de cualquier culpa. Esto se debería mantener en total secreto y olvidarse del asunto para que el propietario del celular piense que se perdió toda la información que contenía, porque simplemente cayó en manos de comerciantes de ese tipo de aditamentos, que desbloquean y borran todo sin analizar, para simplemente beneficiarse económicamente.

 

Clementina sintió que la seguían, pero ella mantuvo una vida normal y continuo con su rutina, con la única diferencia que los viernes ya no regresaba a su casa, se quedaba a dormir donde alguna de las amigas. Esa vigilancia la notó por más de un mes en forma seguida, después ya eran esporádicas y después de tres meses ya no la seguían. De todas maneras, ella buscó una amiga para compartir el departamento y de esa manera tener compañía, además instaló cámaras, para monitorear en forma externa e instaló un sistema de seguridad con sensores de movimiento sectorizado, para tener activa la vigilancia durante las 24 horas del día.

 

Miguel Aramayo

SCZ.14-03-2017