Un largo camino
Un largo camino
Una persona mayor de una blanca cabellera y unos ojos claros, que se distinguen detrás de unos lentes casi dibujados en su rostro, con los cachetes bien afeitados y con una sonrisa pícara. Ese aspecto tiene un viejo, que al final de un largo puente, no cualquier puente, uno larguísimo, que desde donde él está parado en ese momento se observa exuberante vegetación, pero cuyos inicios se ven en lontananza con montañas, incluso algunas nevadas.
Han transcurrido muchos años, pero en su memoria perduran vívidamente cada uno de los días transcurridos desde que su cerebro comenzó a almacenar recuerdos, con tal nitidez que, recuerda colores, olores, sabores y mucho más vívidamente a los personajes que pasaron por su larga existencia. Recuerda las casas, calles avenida y parques recorridos en su larga existencia. Todo eso no con afán morboso, o como queriendo escapar de las añoranzas, por lo que vivió, vio y o pretende retroceder; tan simplemente recordar momentos.
Cuando muy chico y en conversaciones con un amigo imaginario soñaba en despierto lo que seria su existencia. De alguna manera esas ensoñaciones le sirvieron como guía para alcanzar los objetivos, que con ilusión se imaginaba y graficaba en esos sueños despierto. Ahora los tiempos han pasado y lo que parecía que se hubiera difuminado con el transcurrir de los años, ahora se le presentan con total claridad y puede observar, como mirar en este momento ese puente largo y siente que donde está parado, todavía puede distinguir lo que se produjo junto a esas montañas que se ven tan distantes al otro lado del puente.
Es como si estuviera mirando detrás de un telescopio, elemento de visualización que le permite ver como si fuera una película que se reproduce en vivo y en directo. Cierra los ojos y esa imágenes que vuelven a su memoria son tan nítidas que no solo parecen una filmación, sino que su conciencia retorna a esos precisos instante y puede recrear lo que pensaba.
La escena transcurre en una modesta casa muy ordenada, limpia y acogedora, en la que uno de los dormitorios muestra dos camas y una cuna, además de otros muebles donde se observan fotos, estampas de santos y algunos adornos, además de un florero con rosas naturales de un color amarillo mate, son rosa te. La casa tiene un gran patio que en uno de los extremos se distingue un pequeño gallinero, pero además espacio para albergar conejos a los que se ve moverse de un lado al otro y se escucha el cloqueo de las gallinas y de vez en cuando el canto de un gallo.
El viejo se ve muy niño, recostado en una cama en la que en la cabecera se distingue un cuadro del Niño de Praga, él está arropado como para dormir y mientras espera que su madre se asome para contarle un cuento, él alisa los colchas que lo arropan y se imagina como será su vida en el futuro, cómo será cuando sea grande, como será su esposa, que estudiará, donde trabajará, cómo serán sus hijos y como él se comportará con ellos y con sus padres y hermanos cuando sean viejitos.
En todos esos ensueños también se ve anciano jugando con sus nietos, pero nunca se imaginó que podría estar en el matrimonio de una de sus nietas y tampoco imagino que podría llegar a ser bisabuelo. Ahora retornando al puente donde está parado en ese momento, recuerda que este 4 de julio se casará una de sus nietas, la hormiguita colorada y que también otra de sus nietas, Lucia, se casará un día antes en Buenos Aires.
Eso no estuvo en lo que soñaba cuando estaba rodeado de montañas, pero es lo que sucede en la actualidad. Sus sueños se cumplieron al transitar ese largo puente.
Miguel Aramayo
SCZ.05-06-2026
