Un paseo por Marruecos
Estando en Estambul trabajando como consultor en temas administrativos y contables relacionados con sistemas, que era algo nuevo y que estaba tomando auge, conocí a una muchacha que trabajaba en el gran bazar, comenzamos a salir y congeniamos al extremo que un buen día me anime a proponerle un viaje de paseo a algún lado que sea fuera de lo común, con historia, como la que tenía Estambul, algo que no esté al otro lado del mundo y que esté a nuestro alcance, más que todo por el tiempo, porque no disponíamos de mucho y aprovechando del feriado del Ramadán, una fiesta musulmana.
Un significado corto del Ramadán es: “La Noche del Decreto es un obsequio de Dios a la humanidad. Sin embargo, no está absolutamente claro cuál noche sea Lailat Al-Qadr. Algunos informes de compañeros del Profeta hacen alusión a la noche 27 del mes de Ramadán. De acuerdo a auténticas enseñanzas del Profeta Muhammad –que la paz y las bendiciones de Dios sean con él– se le aconseja a los musulmanes que pasen las noches del 21, 23, 25, 27 y 29 de Ramadán adorando y realizando buenas acciones para asegurarse de encontrase con Lailat Al-Qadr. En algunos países musulmanes el 27 de Ramadán es feriado, de modo que la gente pueda descansar luego de pasar toda la noche en vela adorando; y las escuelas permanecen cerradas del 27 de Ramadán hasta 2 de Shawwal (5 a 6 días), para combinar Lailat Al-Qadr y Eid Al-Fitr (la festividad islámica que se inicia a partir del final de Ramadán)”.
Estábamos con mi amiga, sentados en los jardines junto a La Mezquita Azul y Santa Sofía, hablando de todo un poco, como siempre lo hacemos desde que nos conocemos y se me ocurrió decirle:
–¿Qué haremos en el feriado del Ramadán? Y me respondió –Nada no tengo ningún plan ¿y vos?
–Yo tampoco tengo ningún plan, pero si me aceptas, podemos viajar a Marruecos, tengo muy buenos comentarios y comencé a hablar sobre lo que sabía: Marruecos, oficialmente el Reino de Marruecos, es un país situado en África del Norte, con costas en el océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Se encuentra separado de Europa por el estrecho de Gibraltar. Sus países vecinos son: Argelia al este, por el sur Mauritania y por el norte España. El nombre completo del país en ÁRABE puede traducirse como El Reino Occidental. Al-Magrib, que significa el Poniente, es comúnmente usado. Los historiadores usan Al-Magrib al-Aqşà (El lejano Poniente) para referirse a Marruecos, diferenciándola de la histórica región llamada Magreb. El término Marruecos en otras lenguas procede del nombre de la antigua capital imperial Marrakech, proveniente de la expresión bereber que significa «Tierra de Dios».
Me miró risueña y me dijo –Señor profesor, creo que me convenció, me dieron deseos de viajar a ese reino, reino que tan bien conoce usted en libros.
En ese momento hicimos los planes y nos pusimos manos a la obra para conseguir un tours adecuado a nuestras posibilidades de tiempo y dinero. Hasta ese momento lo nuestro había sido simple amistad, muchas charlas, muchos cafés, muchos paseos, pero nunca habíamos hablado de estar juntos por un periodo de tiempo superior a horas.
Hicimos el trato con la agencia de viajes y tomamos dos plazas un tours por Marruecos.
Llegamos a Casablanca, en el aeropuerto nos esperaba Said, el guía, para llevarnos al hotel, nos recibieron con aperitivo de bienvenida, habían muchas cosas para picar, cantidad de aceitunas, queso de cabra, dátiles, frutas secas, pasteles, dulces de almendra, especialidades de Marruecos. La gente es muy amable y educada, para el almuerzo nos invitaron couscous, que es un cereal más o menos como la quinua, con carne de cordero y salsa muy agradable, también nos dieron a probar chorizos y mortadela de cordero, que no nos gustaron mucho.
Paseamos durante toda la tarde, siempre caminando y siguiendo al guía y al grupo de personas que conformaban el tours, sacamos muchas fotos y abrimos la boca ante cosas que no conocíamos, poníamos el máximo de atención a lo que hablaba Said, para almacenar todo lo que era nuevo y reformar lo que ya conocíamos. Al anochecer retornamos al hotel, estábamos realmente dolidos, por el viaje y por el paseo. Le propuse comer algo liviano y tomar un vino, lo cual estaba permitido únicamente en el bar del hotel, porque al ser un país musulmán eso no es bien visto. Antes de eso preguntamos a Said cuáles eran nuestras habitaciones y nos salió, con que teníamos una en común, que eso es lo que indicaba la agencia que nos vendió el tours. La habitación tenía una cama matrimonial y un sofá no tan pequeño, como comúnmente tienen los hoteles, era pequeño pero se adecuaba para poder usarlo como cama. Yo muy gentil le cedí la cama y elegí el sofá. Acordamos que ella usaría primero el baño y yo después, después de que ella ya esté adentro de las sábanas, yo usaría un edredón para cubrirme en el sofá y repartiríamos las almohadas y almohadones, que por suerte eran varios y muy mullidos. Dejamos la habitación y nos fuimos al bar, para tomar vino y escuchar música que por suerte era muy romántica. En vez de una botella de vino, nos tomamos dos, después de lo cual nos fuimos a la habitación.
Mientras ella se bañaba yo me puse a leer la novelita que siempre me acompaña en los viajes. Ella salió del baño y se metió entre las sábanas, después de lo cual me indico que ya era mi turno, tomé una larga y reparadora ducha, me lave los dientes, me afeité y use algo de crema que había en el baño, también me puse un poco de bálsamo para reemplazar la loción, me peiné y me quedé mirándome al espejo, me fijé en mis ojos, tenían un brillo inusual, lo mismo que mis labios que estaban más rojos, pensé que eran efecto del vino, pero no, era algo diferente, mi pulso también estaba un poco alterado, sentía como un cosquilleo en todo mi cuerpo. Me puse el pijama y acomodé mi ropa, apagué la luz y salí, el dormitorio estaba con una tenue luz que provenía de una de las lamparitas que estaba en la mesita de luz del lado izquierdo. Me dirigía al sofá, cuando mi amiga me dice –No me vas a dar un beso de buenas noches, quedé paralizado y sentí que mi corazón palpitaba con tal fuerza que hasta puedo decir que escuchaba mis latidos y sentía como bombeaba la sangre por mis venas y mis arterias, como todo mi cuerpo se erizaba y mi alma se elevaba por los aires, caminé hasta el lado derecho de la cama, al lado donde la lamparita estaba apagada y vi su rostro en la penumbra, sus ojos y sus labios brillaban, con el mismo brillo que había notado en los míos, cuando me miré en el espejo del baño. Las sábanas cubrían profusamente su cuerpo, pero se notaban sus hombros desnudos y sus brazos extendidos a mí, con las palmas de las manos hacia arriba, como pidiendo algo. Todo avergonzado me acerqué para estampar un beso en su mejilla, pero al sentir su respiración con un leve perfume a menta y un toque de fragancia a merlot y percibir sus labios entreabiertos que permitían ver que la punta de su lengua acariciaba la comisura de sus labios. Cuando acerque mis labios a su rostro, sentí que volcaba la cabeza y nuestros labios se unieron, se unieron en un beso febril, sus brazos surcaron mi espalda y sus manos sujetaron mi cabeza y mi cuello, atrayendo mi cuerpo al suyo por encima de las sábanas que tenían la textura de seda, sentí su cuerpo junto al mío y poco a poco me di cuenta que estaba totalmente desnuda, mis manos acariciaban su fina piel y sentía que ella hacia lo mismo con mi cuerpo, me sentí suspendido en un éter vibrante, su cuerpo y mi cuerpo estaban cada vez mas próximos sentí que de un tirón me desprendió el saco del pijama y no sé cómo pero sentí que el pantalón también volaba junto con las sábanas, comenzamos un valet, un valet de amor, de amor y de deseos incontrolables, de una pasión sublime, sus labios surcaban mi rostro, mi cuello, todo mi cuerpo, y en esa danza frenética yo también besaba toda su piel y sentía ese estremecimiento de su vientre, el vibrar de sus pechos, que en algunos momentos me impedían respirar, pero no me importaba porque mi alma se alimentaba de su aliento, de su fragancia y poco a poco percibí que nuestros cuerpos se humedecían de sudor, producto del calor fogoso del momento en el que estábamos inmersos, sin más preocupaciones que el satisfacernos de esa pasíon ciega, de esa inmensa y gloriosa pasíon que sumía nuestros espíritus en lo más profundo de nuestros seres y nos transportaba al infinito en un elixir de amor, de besos, de deseos incontrolables, hasta que juntos alcanzamos la cúspide de ese cielo que juntos fabricamos y cuando llegamos a lo más alto, no nos dimos cuenta del descenso que juntos comenzamos a circunvalar en abrazos cada vez más delicados, cada vez mas soñolientos y sin darnos cuenta quedamos extendidos sobre la cama, muy abrazados y unidos en un jadeo, cada vez más imperceptible, hasta que quedamos profundamente dormidos y entregados plenamente a los brazos de Morfeo y cubiertos por la humedad de Afrodita y bajo el sueño de Baco. Así transcurrió la noche y despertamos al amanecer en un abrazo que nos hizo recordar la noche anterior y el beso de las buenas noches, que lo repetimos como el beso del buen día, pero esta vez con más ternura que pasíon, con más cariño que ardor, con ritmo sosegado, que también nos transportó al más allá, pero esta vez con más calma. Que noche, creo que nunca en mi vida podre olvidar, principalmente por el amanecer.
Al día siguiente nos dirigimos a Fes, en un autocar, por el trayecto nos encontramos con mucha gente en burritos, burritos con bidones para buscar agua, gente que camina muchas horas hasta encontrar el agua que requiere. Llegando la noche nos alojamos en un hotel en medio del Sahara donde estábamos rodeados de dunas, yo me quede leyendo y ella que tenía muchas ilusiones de ver de cerca el desierto, y dado que estaba feliz, se fue caminando sobre la ruta, admirando aquel desierto, de color rojo. El guía, que me vio que yo estaba leyendo en el hotel, se fue para buscarla y cuando la encontró le llamó la atención, porque es muy peligroso que una mujer ande sola por esos sitios desiertos. Cuando estuvimos juntos me pidió que no la deje sola que era la última vez que él se preocupaba por encontrarla. Esa noche, también fue otra noche de fuego, de fuego y de amor.
Al otro día nos fuimos a Rabat que es la capital de Marruecos, bajamos en un gran mercado, el mercado tradicional (sug) el más grande del país, donde se encontraban unas dos mil personas, esto era un laberinto, había calles tan sólo de un metro de ancho. Mientras caminábamos por esas calles estrechas, nos encontramos con dos burritos cargados, que en el rabo tenían una especie de bolsa para recibir los excrementos y no ensuciar las calles que son muy limpias. Nosotros teníamos que apegarnos a la pared para que pasen los burritos y la gente con la que nos cruzábamos. En una especie de plaza estaban los bereberes haciendo bailar las cobras con sus flautas, nosotros no nos acercamos mucho, porque les tenemos algo de miedo a las serpientes. La plaza, una de las plazas más concurridas de África y del mundo, Djemaa el Fna. En la plaza se citan acróbatas, cuenta-cuentos, vendedores de agua, bailarines y músicos. Por la noche, la plaza se llena de puestos de comida, convirtiéndose en un gran restaurante al aire libre. Coloquialmente esta ciudad es apodada Medina Al-Ham’rá es decir, en árabe, «La Ciudad Roja» por el color de sus edificaciones y las tonalidades predominantes en el entorno. También se la denomina extraoficialmente «Perla del Sur» y «Puerta del Sur». Este mercado era muy ruidoso, por los gritos de la gente, el rebuzno de los burritos y el sonido de las cosas que se comercializan y la bulla que hacen los bereberes. Buscamos un lugar para comer, era ya medio día y queríamos probar las especialidades, comimos la “tangina”, carne de cordero con ciruelas, muy bien condimentado, nos sirvieron en fuentes redondas cubierta de una tapa como un cono o sombrero, comimos eso acompañado de pan casero, algunos comían con la mano, que es la costumbre, pero para nosotros era difícil, así que pedimos cubiertos, esta especialidad es riquísima. Después nos invitaron como digestivo té de menta, que nos cayó muy bien, para bajar la llenura y disminuir el aliento a ajo y otras especies.
Luego fuimos a visitar las curtiembres de cuero de ovejas, pellejos muy coloridos, pero el olor por esos lugares es como que todo es podrido. También vimos muchas artesanías en cobre y bronce, además de artesanías de cristal, algo que era de gran belleza. Lo que más nos llamó la atención, es que no se ven mujeres en la calle, sólo hombres, hombres y burros y esto no es por ironizar, sino que es parte de su cultura.
Llegando la noche nos fuimos al hotel a cenar, nos dieron una sorpresa, después de comer nos llevaron a la animación, que se encontraba al lado del comedor, nos presentaron las bailadoras de la danza del vientre. Todos abrimos la boca admirando esas bellas mujeres, que invitaban a los clientes a subir y bailar, fue muy divertido. Yo acepté y quedé prendado de sus movimientos y algo de baile me sacaron, pero mucho más de risas, de risas de mi amiga y de todo el público presente. Esa noche también fue una noche de puro amor, amor y pasión.
Después de otra noche hermosa, fuimos a visitar la Mezquita Mettammé, cerca de la entrada, nos sacamos los zapatos, dejándolos en la entrada, La mezquita era redonda, muy grande, llena de azulejos azules y lámparas. Visitamos el centro de Rabat, donde sólo se ven hombres como lo mencioné antes, todos vestidos con su gilaba, túnica blanca y babucha, zapatos ligeramente serrados y terminados en punta con el talón descubierto.
A las mujeres sólo les está permitido salir en las fiestas importantes, por ejemplo al sacrificio de (mouton) cabrito, En esa fecha comen, bailan y todas las familias se reúnen para festejar esa fiesta.
Olvidaba mencionar que lo que me llamó la atención el primer día que llegué fue que en la madrugada se escucha por los altoparlantes la (prier) los rezos a Alá, los fieles (hombres) van con su tapiz debajo del brazo, es lo que ponen en el suelo para hacer sus reverencias inclinando la cabeza varias veces y los brazos; las mujeres, niños y ancianos lo hacen en la casa levantándose también a la madrugada. Los musulmanes esperan cada nueve meses, de acuerdo a la luna del ramadán días de ayuno muy importantes para ellos, sólo comen en las noches reunidos todos en la familia; los casados guardan abstinencia total y absoluta.
Luego nos fuimos a Marrakech (nombre original en bereber tamurt n Akkuc, Tierra de Dios; en castellano antiguo: Marruecos, escrito en grafía francesa Marraquech) es una de las ciudades más importantes de Marruecos y está al sur del país, al pie del Atlas, a 466 msnm de altura. Posee numerosos monumentos patrimonio de la Humanidad, lo que la convierte en el principal atractivo turístico), siempre en el mismo autocar. El chofer se llamaba Mustafá, era muy prudente y amable, nos llevó a visitar los palmerales, habían cientos de palmeras, en una especie de desierto, donde también habían camellos que se podían montar para pasear por los alrededores, mi amiga no subió por miedo, pero yo si porque me moría de deseos de sentirme un sultán. Seguimos nuestro circuito hasta la zona montañosa, recorrimos como tres horas hasta llegar a un pueblito, con pequeñas casas hechas en barro, nos hicieron pasar, la gente muy amable, no hablaban francés, sólo el árabe. La sala de sus casas era decorada con alfombras y cojines muy limpios, nos invitaron té de menta con rosquitas hechas en la parrilla con miel y mantequilla, algo muy rico.
El programa del paseo fue muy bien organizado, como parte final nos llevaron a un restaurante en las afueras de Marrakech, llamado “Las mil y una noches”, al llegar a la entrada había como cincuenta jinetes vestidos de blanco, al igual que los caballos que montaban. Nosotros pasamos por el centro de ese grupo de jinetes, entramos por una gran puerta de madera labrada. Había un grupo de músicos berebere, con tambores y bailarinas que pasaban por cada mesa invitándonos a bailar a los turistas.
Conocimos: Rabat que es la capital del Reino de Marruecos, la ciudad está situada en la costa atlántica, en la orilla sur y en la desembocadura del río Bu Regreg, que la separa de la vecina ciudad de Salé. Es la segunda ciudad más populosa del país tras Casablanca.
La Torre Hasan de 44 metros, que es un saldo de un monumento que pretendió ser grande y sólo quedó eso, en 1260 el rey español Alfonso X conquistó e incendió la ciudad.
La puerta de la fortaleza de los Udaia. Casablanca, que es la ciudad más grande de Marruecos, capital económica del país, situada en la costa del océano Atlántico a 80 Km. al sur de la capital Rabat.
El bazar marroquí en Habous. Habous es conocido por sus bazares, en donde podremos comprar artesanía de muy buena calidad, como babuchas, alfombras, cachimbas o muebles y conseguirla a un buen precio si sabemos regatear.
El patio del Mahkama Pacha. El edificio del Mahkama Pacha está en el barrio de Habbous, en la medina nueva de Casablanca. Está en la plaza de la gran mezquita. El Mahkama pacha es un edificio oficial que sirve de tribunal y de sala de recepciones. Al lado está el palacio real, residencia del rey cuando visita Casablanca. Hay unos 60 pisos organizados alrededor de bellos patios, que puedes visitar, y recuerdan la arquitectura de Andalucía. En el tribunal se suelen pronunciar los divorcios, algunos marroquís llaman este lugar el palacio de los divorcios.
Fue uno de los viajes más inolvidables de mi vida duró, muy poco, pero su sabor fue tan intenso, que hasta ahora, después de más de treinta años, todavía perdura en mí, como si fuera ayer, con la misma intensidad con la misma felicidad.
Miguel Aramayo
SCZ. 21-08-2011 Creo que alguno de mis amigos cumpleaños mañana.
