Un sueño.
Estaba en Asunción del Paraguay, me acompañaban otras personas más, todos parientes, entre medio dos de mis nietos, solamente reconocí el rostro de tres de las cinco que me acompañaban, además de una cantidad de otras caras que vi, pero sin mirar.
El hotel donde nos hospedábamos era algo que estaba próximo al mercado, al rio, en la zona donde se observan indígenas semidesnudos y comercio de muchas chucherías, artesanías típicas, frutas, comidas. El hotelito era de un solo piso, una construcción muy antigua con dos patios interiores y las habitaciones alrededor de esos patios, en ambos patios, muchas sombrillas y mesas. En las esquinas espacios improvisados con sofás, como para mantener una reunión o por lo menos una tertulia.
El mercado, muy similar al estilo del mercado de La Ramada en Santa Cruz, toldos precarios entre las veredas y la calzada, taxis de un color amarillo intenso con el techo negro, otros vehículos parados en la otra vereda, con carga de mercaderías, en su mayoría de gente que también comerciaba.
La gente vestida de forma muy improvisada, la mayoría de los hombres con las camisas afuera del pantalón y con los botones despegados, mostrando parte del pecho, las mujeres con batas muy livianas que no dejan apreciar su figura, pero si se las distingue muy erguidas y de largas y negras cabelleras, sin maquillaje y casi ningún adorno, la mayoría de la gente de tez morena, o por la roza o el efecto de los rayos del sol. La mayoría de la gente calzando chinelas o alpargatas.
Esto que les cuento es un sueño, un sueño que tuve muy temprano esta mañana, por lo tanto todo lo que describo pasó por mi mente a gran velocidad y lo que me hizo recordarlo, es que uno de los miembros de mi grupo familiar, la que poseía cabellera rubia, necesita pagar algo y el que cobraba no quería recibirle en moneda y billetes chicos y quería que le paguen con un billete de cincuenta. Yo me ofrecí pagar, pero en la billetera tenía un montón de billetes y fuera de mi costumbre, todos desordenados. Todos eran de colores muy fuertes, guindo, rojo, naranja, celeste. Como no conocía el corte de los billetes me resultaba imposible identificar por el color el corte que requerirá.
Esto sucedía, mientras salíamos del hotel y enfilábamos por la calle, que si no me equivoco desemboca en el mercado, una calle de mucho movimiento, pero que en ese momento de la mañana estaba despejada. Recuerdo un edificio blanco, que daba la impresión de ser algo importante, de horcones altos, la construcción con una cúpula como si fuera una iglesia, pero afuera se veían varios mástiles metálicos con banderas, rojo blanco y azul, la bandera del Paraguay.
El cobrador caminaba tras de mi mientras yo buscaba el billete, extraje uno que estaba rasgado, pero completo, que equivalía a veinte veces lo que él requería y no tenía el vuelto, entramos a una confitería y nos acercamos a la caja, para cambiarme el billete roto me cobraba veinte, acepté, pero el cajero trató de burlarse de mí, dándome un billete del mismo color, pero con valor muy inferior, le reclamé y me dio un montón de billetes de corte de diez, mientras los ordenaba para formar montones de cien hasta completar los mil. El cobrador me miraba impaciente, el cajero me mira en forma burlona y mi grupo familiar esperaba en el dintel de la puerta, con señales de aburrimiento. Cuando sólo me faltaban contar veinte billetes para terminar, me despertaron a la realidad y el sueño se esfumo.
Desperté preocupado, porque aparentemente el cajero del boliche me había engañado, al despertar también se había esfumado el cobrador y no recordaba donde puse la billetera que albergaba el fajo de billetes de diferentes cortes.
Que despertar abrupto, hubiera querido poder completar la transacción y acomodar mi billetera, como es mi costumbre poniendo los billetes de corte mayor en la parte interior y los de cortes menores encima el uno del otro, de manera que al doblarlos quedará a la vista el de menor corte, para cuando alguien viera la billetera, no se fije en el fajo, sino en el billete de menor corte. Otra cosa que me sorprendió de mi sueño, era que todos hablábamos en un portugués fluido, incluso los personajes paraguayos.
¡Qué lindo sueño!
Migue Aramayo
SCZ. 28-02-2015 Cumpleaños de mi amigo José Garcia.
