Un velatorio.
Cuando alguien asiste a un velorio puede observar un sinfín de expresiones, desde la expresión de dolor profundo de los dolientes más cercanos, hasta expresiones de alegría y cariño, de amigos o parientes que no se encontraban por mucho tiempo y dada la ocasión estaban juntos. Aunque algunos estaban sufriendo por la partida de un ser querido, otros se alegraban de encontrar un ser querido, después de mucho tiempo.
Se puede comprobar, que la gente no puede quedarse callada, especialmente las del sexo femenino, las mismas que pese a ser más sensibles, por lo menos de acuerdo a la opinión generalizada, incluso se las observa riendo. Otra cosa es ver el uso de celulares y esta vez, también con mayor frecuencia las de sexo femenino.
Es muy común que pasen repartiendo refrescos, cafecito, galletitas y en algunas oportunidades, sándwich y hasta empanadas, como si los que asisten al velorio tuvieran necesidad urgente de alimentarse o como compensación de parte de los dolientes, para agradecer el acompañamiento de los amigos y parientes.
En algunas oportunidades, se observa que alguien, con gran piedad, invita a rezar el Rosario y la gente tienen que cumplir con la solicitud, pero también sucede que algún cristiano con salmos y letanías, distraiga la atención de los presentes. En ambos casos, a los que están presentes, no les queda más remedio que cumplir con lo impuesto por algún voluntario intransigente, que hacen con los demás lo que se les antoja de acuerdo a su piedad.
Hoy me tocó estar en un velatorio y como es mi costumbre, después de dar mis sentidos pésames a los parientes más cercanos y que yo conozco, me acomodo en una de los asientos más próximos al difunto y mientras miro la foto, que generalmente está junto al féretro, observo los rasgos del mismo para traerlo a la memoria, si lo conocía en vida y sino para apreciar cómo era cuando estaba con vida. Mientras hago eso, en mi interior y sólo para mi rezo con total devoción, recordando a todos mis parientes y amigos que ya partieron a la eternidad e incluso pienso, que mucha de esa gente estará presente en una situación similar, cuando sea yo el que esté en el féretro.
Ahora observaba mucho de lo expresado en los párrafos anteriores, pero además tuve una extraña sensación mientras miraba los ramos de flores y apreciaba las bellas flores, de todos los tipos, pero en su gran mayoría de color blanco, rosas, lirios, crisantemos, gladiolos y hasta hortensias.
Junto a mí, en una pequeña mesita, había un arreglo floral deliciosamente preparado por manos expertas, las flores, en su mayoría botones de rosas blancas rodeadas de crisantemos e ilusiones del mismo color y resguardadas por hojas muy verdes y para completar ese hermoso cuadro, muchas lloronas de un verde retoño que le daba el toque final de elegancia.
Mientras apreciaba ese arreglo, quedé sorprendido, me pareció escuchar un susurro que provenía del arreglo, como si en el mismo hubiera un altoparlante, pero también noté que las flores se movían muy sutilmente, como si estuvieran mecidas por la brisa o el viento que producía una de las salidas del aire acondicionado, pero no, eran las flores que conversaban entre ella, sin preocuparse por mi observación. Dejé de mirar el bello arreglo, pero puse atención en lo que se decían entre las flores del mismo. Gran sorpresa, un la decía a las otras: ¿Que raros que son los humanos?, están en una situación de dolor, en un ambiente de pesar y si te fijas, todos charlan, algunos hasta ríen, mientras que la persona que acaba de pasar a la eternidad, reposa sola en el féretro. Otra de las flores le responde: tienes razón, pero recuerda que ya es sólo un cuerpo, el alma, el espíritu ya está con Dios.
Miguel Aramayo
SCZ 20-05-2015 Velorio de la mamá de Maria Alicia Lijerón, una gran amiga y compañera de U.
