Una confesión con una promesa
Una confesión con una promesa
Durante la segunda guerra mundial, un amigo que vivía en el norte de Italia, no recuerdo el nombre del pueblito, que siendo italiano hablaban más alemán y suizo que su propio idioma. Para esconderse de los soldados alemanes se metió a una iglesia y pillo una sotana de un cura que era más o menos de su estatura y aprovecho que había una estola y se la puso al cuello, con ese disfraz que se lo mando Dios, se metió en un confesionario, rogando que llegue algún feligrés con deseos de confesarte, por suerte apareció una no tan viejita y con un montón de pecados, lo que hizo que permanezca mucho tiempo escuchando, dando consejos y después emitiendo la absolución y la penitencia, pero además pasaron algún tiempo repitiendo unas oraciones y las correspondientes letanías.
Les cuento esto porque hace muy poco estuvo a visitarme mi amiga, que llegó desde Suiza, del pueblito donde radica desde que dejó de trabajar en el banco. Se vino por tren haciendo varios transbordos, porque lo que quería era prolongar su tiempo en soledad observando el paisaje y recapacitando, tenía la depresión que de vez en cuando les agarra a las mujeres al observar que su abdomen aumenta de volumen, comienzan a llenarse de canas y se pronuncian las patas de gallo y da la impresión de que ya les sale la papada. Quería compartir su soledad con alguien que le demuestre cariño y esté dispuesto a escuchar sus cuitas y pensó en que yo tendré la paciencia para soportarla, además que estando conmigo comería lindo, bebería buen vino y no la fatigaría de ninguna manera. Mantenía la seguridad que le brindaría el consuelo que buscaba, que además no gastaría ni un peso, no se adelgazaría y no tendría que soportar la cumbersa de un psicólogo.
Cuando atendí el interfono de la portería quedé sorprendido y al mismo tiempo halagado, porque mi amiga es una buena compañía, congeniamos tan bien, que me alegra la vida y pasó gratos momentos. Hace tanto tiempo que compartimos esta amistad que somos como parientes, ella siempre esta preocupada por mí, como yo por ella. Atendí su llamado, pero en lugar de abrir la puerta bajé a toda velocidad saltando la escalera a sabiendas que lo hacía más rápido que el ascensor. Abrí la puerta de entra al edificio y nos abrazamos muy efusivamente, pasamos hasta esperar el ascensor yo llevaba su maleta y ella el maletín de mano.
Al llegar a mi departamento me di cuenta de que había dejado la puerta entornada, y todo para poderla atender lo más rápido posible. Cuando estuvimos adentro del departamento volvimos a abrazarnos y besarnos con pasión.
—Con lágrimas en los ojos, me dijo: —No te imaginas cuanto te extrañé, realmente me vine sin avisarte, sabiendo que estarías, estoy muy deprimida y antes de ir al médico para que me recete hormonas y unas sesiones psiquiátricas, preferí estar contigo que con seguridad harás que produzca las hormonas que me fallan y me escucharas sin darme consejos, pero se que tu silencio y tus palabras me reconfortarán.
—Me alegra mucho que hubieras decidido venir y me siento orgulloso de escuchar tus palabras y saber que me consideras tu medicina. —Haré todo lo que esté a mi alcance para que te repongas, porque realmente me entristece lo que me cuentas, pero estoy seguro de que es algo pasajero y que después de unos día retornaras a tu estado normal. —Cuando uno deja el trabajo después de muchos años de actividad suelen venir esos bajones anímicos.
—No quiero alterar tu rutina y por lo tanto me comportaré como si fuera «la gata triste y azul» de Totó Savio, que canta Roberto Carlos o como «la gata bajo a lluvia«, de Rafael Perez Botija, que canta Rocio Dúrcal. Te pido que sigas haciendo lo que estás acostumbrado y cuando tengas un tiempo te sientes a mi lado, para que yo pueda apoyar mi cabeza en tu hombro y escuches lo que me atormenta y vos me digas lo que consideres necesario o simplemente me escuches en silencio.
—Hemos compartido tantos y tan bellos momento, hemos viajado por todas partes y compartimos intimidad desde cuando vivíamos en Estambul y nuestra primer noche de amor en Marruecos, cuando por error de la agencia de turismos nos asignaron una sola habitación para los dos.
—Es por eso por lo que estoy aquí. —Desde que nos conocemos hemos compartido nuestras vidas, nuestras ansias y deseos, pero siempre hemos respetado nuestra intimidad, nunca has preguntado qué y cómo fue mi vida, yo tampoco te he contado nada, no por esconderte mi pasado, pero tampoco he tratado de averiguar nada de vos, siempre me conforme con el momento que vivíamos ¡en ese instante…!
—Coincidimos en eso, porque nuestra individualidad es privada y no afecta nuestra relación, fuimos y somos muy felices como somos y tu pasado es tuyo como es el mio. Lo importante es que nos queremos y nos llevamos tan bien compartiendo nuestras existencias como las vivimos.
—Me recuerdo que un día que llegué y entré sin avisar y vos estabas borrachito y me confundiste con Brigitte Bardot, salimos a seguir bebiendo y nos encontramos con Alain Delon y Jean-Paul Belmondo. —Pasamos una de las tantas noches maravillosas, pero yo no era yo, para vos, para vos era la Bardot y recién al despertarte te diste cuenta de tu confusión. —Yo quedé riendo sin celos, y con el orgullo de haber reemplazado plenamente a tan ilustre dama.
—Ya me hiciste reír con ese recuerdo, pero también me recuerdo de nuestra primer noche en Marruecos, que me llamaste para que te diera el beso de buenas noches y me volaste el pijama y llegamos hasta el cielo y no tuve necesidad de los almohadones ni dormir en el sofá y tampoco dormir, porque esa noche la usamos íntegramente para prodigarnos amor, amor y sexo.
—Son tantos y tan bellos recuerdos, que de solo imaginar nuestra vida en común ya se me borro el estrés que me atormentaba antes de llegar a verte.
Ella había llegado cansada por el viaje y pese a que eran las 9 de la mañana tenia deseos de dormir, por suerte yo me había levantado temprano y arreglé el dormitorio y cuando sonó el timbre estaba por desayunar, le pregunté si quería acompañar y que desayunemos juntos, ella aceptó y preparé todo lo necesario para que ella tome algo caliente. Después buscó el espacio para acomodar sus ropas y utensilios y después de que se dio una ducha caliente se pusó el pijama y se acostó a dormir.
Despertó a las ocho de la noche y la esperé con una picadita de fiambres y vino Malbec, que se sirvió en pijama. Después nos quedamos escuchando música hasta dar fin a la botellita de vino, durante ese tiempo ambos quedamos callados hasta que decidimos acostarnos y entregarnos a los brazos de Morfeo, ya habíamos conversado para todo el día y sin darnos cuenta en un momento pegamos los ojos en un sueño reparador.
A la mañana siguiente y antes de levantarnos hicimos el amor, con la efusividad de costumbre y después nos dimos una ducha, arreglamos el cuarto, nos vestimos y fuimos a preparar el desayuno, pero previamente limpiamos todo lo que habíamos dejado de la noche anterior. Prendí mi computador para leer las noticias y atender la correspondencia del día. No tenia gran cosa de trabajo y mi intención era salir a comer en los restaurantes del rio o ir a Montmartre. Ella también se acomodó con su computador para atender lo que tenia pendiente y leer las noticias que le interesaban. Coincidimos que almorzaríamos afuera y por lo tanto teníamos algo más de dos horas para atender nuestros asuntos personales mientras nos manteníamos en silencio como si estuviéramos solos, lo cual es algo común para ambos en diferentes puntos cardinales de este globo terráqueo, que cada vez está más comunicado como lo prefijó Tesla.
A las 12:30 me recordó la hora y dejamos de hacer lo que estábamos haciendo, yo en ese momento estaba inmerso en la lectura de una novelita muy antigua que se llama «La casa de los ruiseñores«, pero como siempre me sucede me meto y me involucro de tal manera con la trama de lo que leo, me alegro de las cosas buenas y me apeno de las cosas malas y también me da rabia de lo malo que se observa en los participantes del relato. Ella estaba trabajando o escribiendo cartas para su trabajo o sus parientes.
Nos fuimos al rio como ya lo habíamos hecho en otras oportunidades y nos embarcamos en el primer ferri que pasaba. El río Sena es un curso de agua europeo de la vertiente atlántica que discurre únicamente por Francia. Con una longitud de casi 776 km es el tercero más largo del país, tras el Loira y el Ródano. Drena una cuenca hidrográfica de 55 000 km² de ríos que cubre 94 500 km², o sea el 18 % del territorio francés. Tiene sus fuentes en varios manantiales a 470 m s. n. m. en la meseta de Langres, en el departamento de Côte-d’Or, en la región de Borgoña y desemboca en un amplio estuario en El Havre, en la bahía del Sena.
Tomamos un Bateaux Mouches en la estación de la Torre Eiffel un tours por el Sena que tiene una duración aproximada de una hora. Elegimos el Bateaux Parisiens que tiene su propio embarcadero a dos pasos de la Torre Eiffel, en el Puerto de la Bourdonnais. Salimos de la Torre Eiffel o Notre Dame. Paramos para almorzar en Au Bougnat. Comimos una buena comida a un precio razonable, pagamos 30 euros por los dos con copas de vino incluidas. Después regresamos al departamento en un taxi, porque no queríamos buscar otro medio de transporte y poder llegar a dormir una siesta.
Yo estaba leyendo sentado en el sofá y senti que ella se aproximó a mi y muy cariñosa posó su cabeza en mi hombro y me agarró de la pierna con su mano derecha, no dijo ni una palabra para no interrumpir mi lectura, pero igual yo dejé de leer y puse el libro cerrado al otro lado del sofá, pero previamente acomodé el señalizador de página, que era una cadenita con un ancla al final. Quedamos en silencio un buen rato, yo percibiendo la fragancia de su perfume y sintiendo su respiración acompasada. Me imaginaba que ella también disfrutaba de mi loción, la quietud de mi hombro y el calor de mi cuerpo en su mejilla.
—¿Vos sabes que me violaron y que por eso me fui a vivir a Estambul?
—¡No, nunca me imagine eso! Yo me imaginaba que no eras virgen, pero eso no me interesaba, por eso nunca te pregunte, me parecía una impertinencia, pero ahora que me lo cuentas, me apena que hubiera sido así.
—Vos fuiste el segundo hombre en mi vida y cuando estuve con vos tuve miedo de que no me gustará, como me resultó la primera vez, pero fuiste una bendición por primera vez en mi vida senti lo que era un orgasmo y fueron tantos en una sola noche que hiciste que me enamore de ti, por eso cuando dejamos de vernos te rogué que no me dejaras y eso lo senti mucho y por mucho tiempo.
—Lo nuestro fue muy bonito y yo también hasta ese momento no había sentido todas las sensaciones que me brindaste y me hiciste llegar al cielo, lo escribí ese paseo en forma de un cuento para no olvidarme jamás, como de todos los viajes que hicimos juntos después de que nos reencontramos en el aeropuerto Charles de Gol en parís mientras esperábamos embarcar a Berna.
—Para mí también ese reencuentro fue como un renacer y desde ese momento te fui totalmente fiel, como sé que también lo eres, pese a que una vez estuviste con la Bardot o me confundiste con ella.
—No puedo decir que yo era puro, he probado mucho de la vida, pero siempre busque el amor y no solamente el sexo, lo cual es difícil de encontrar. —Una vez me enamoré patas y todo, pero ella no sentía nada conmigo y estoy seguro de que me rechazaba y solamente fingía que la hacia feliz, pero por no sé qué. —Eso fue hace mucho tiempo, hasta que decidí continuar con ella, pero no molestarla en el sentido que a ella se notaba que era una complicación de pareja.
—Que complicada es la vida, como dice el refrán: «Dios da pan al que no tiene dientes». —Por suerte usted y yo tenemos dientes y Dios no da pan en abundancia.
—Querida ya que estamos en los refranes hay otro que dice: «Dios da sus peores batallas a sus mejores guerreros». —En la biblia, en el libro de Josué 10:8, en una de tantas batallas que enfrentó este hombre de Dios, Dios le dice que no tema de sus enemigos. —Significa que mientras más bueno o mejor seas, más batallas te tocarán porque eres capaz de vencerlas.
Continuamos hablando sobre ese tema mucho tiempo más, hasta que llego la hora de cenar y saqué una picadita de mariscos, quesos y galletitas acompañadas de un ben vino, pero esta vez fue un vino blanco espumoso y como la charla estaba tan buena y el vino era muy suave y tenia otra botellita similar, nos tomamos otra mientras le dábamos fin a la picadita, hasta que tuve que cortar unos salamines y acompañar con aceitunas y pickles.
—Mientras comíamos, bebíamos y conversábamos el tiempo pasaba implacable, pero nuestro tema de conversación era muy profundo y ambos nos contamos intimidades que nunca habíamos imaginado que serian tema de conversación, pero como somos gente mayor, que ya hemos vivida más o menos la mida de lo que seria la esperanza de vida actual y para los países desarrollados.
Creo que fue una sesión psiquiátrica más que psíquica, en la que ambos desnudamos nuestras almas para observarnos como dice otro refrán «a calzón quitado» y en toda la charla no hubo «gato encerrado«. Con esta expresión pusimos de manifiesto nuestras desconfianzas y sospechas sobre un asunto que no parece del todo transparente, como si ocultaremos un secreto o segundas intenciones.
Nunca me imaginé que podíamos hablar de esa manera, pero por lo que pude apreciar, mi amiga quedo muy conforme como que su depresión era porque todo ese cumulo de pensamientos estuvieran debajo de una piedra que debía explotar y en esta noche se le borró esa presión quedando ella tranquila con todo lo que me contó y yo me enteré de un montón de cosas que ni se me habían ocurrido, más que todo porque pese a mis años todavía sigo siendo ingenuo y confío ciegamente en las personas.
Cuando terminamos la segunda botella y nos comimos hasta los mondadientes comenzamos a bostezar, porque aparentemente habíamos dado fin con todo el bagaje de sorpresas que teníamos en nuestro interior y quedamos liberados de toda culpa propia o ajena. Pasamos al dormitorio, nos pusimos pijamas y ni bien dejamos los celulares cargando y apagamos las lamparitas, nos dimos un beso de raspapincheti y quedamos profundamente dormidos.
Miguel Aramayo
SCZ.19-10-2024
