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Una llamada

20 Feb

Una llamada

Es muy interesante poner atención en las llamadas de teléfono, especialmente para adivinar la conversación completa, porque solo tenemos oportunidad de escuchar a uno de los interlocutores y no a los dos, al que escuchamos nos da la pauta de lo que están conversando y algunas veces logras adivinar de qué trata la charla, pero otras veces le fallas en forma rotunda.

La curiosidad, generalmente te traiciona y después de que cuelgan el teléfono, vos “metes tu cuchara” preguntando de que hablaban o directamente opinando sobre lo que crees que hablan. A mí, particularmente, (salvando la redundancia) no me agrada preguntar de que hablaron, porque algunas veces me cuentan el tema de conversación, seguramente porque mi expresión muestra ese afán de saber el tema de la conversación telefónica.

Escuché la conversación de mi mujer con una amiga, con la amiga que más habla y que está enterada de todo, mejor que periodista reportera, porque tienen muchos otros contactos telefónicos, escucha la radio, lee los periódicos y es amiga de la pastillera de la esquina, que es tan antigua como ella en el barrio y que son amigas y confidentes. Lo que decías era más o menos así:

­–Ay que barbaridad.

–Que pena.

–Que dolor.

–No me diga.

–No puede ser.

–Ya me imagino.

–Nunca pensé que podía suceder.

–Pero es inaudito.

–Estoy asustada, sufrida, incluso me acordé de la letra de un tango, que expresa así:

“Uno busca lleno de esperanza el camino que los sueños prometieron a sus ansías. Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina. Uno va arrastrándose entre espinas y en su afán de dar su amor, sufre y se destroza hasta entender, que uno se ha quedao sin corazón. Precio de castigo, que uno entrega por un beso que no llega, o un amor que lo engañó. Vacío ya de amar y de llorar tanta traición. Si yo tuviera el corazón, el corazón que di, si yo pudiera como ayer querer sin presentir. Es posible, que a tus ojos, que me gritan su cariño los cerrara con mis besos. Sin pensar que eran como esos, otros ojos los perversos, los que hundieron mi vivir Si yo tuviera el corazón, el mismo que perdí, si olvidara la que ayer lo destrozó y pudiera amarte, me abrazaría a tu ilusión para llorar tu amor. (Mariano Mores).

–Le gustó ese tango, lo escuché hace un rato, mirando en la televisión, la despedida de uno de sus compositores, Marianito Mores. Lo cantaron su hija y uno de sus nietos. Se retira después de cumplir sus noventa y cinco años.

–Volviendo a nuestra charla, cuénteme cómo fue.

–Así que se quemó su queque, (un largo silencio) sólo se escucha ah, ah, sí, ah, ah, sí, ya, y después nuevamente la cunversa.

–Yo entendí así.

–O sea que se lo comieron los gatos, ¡que pena!

Esas conversaciones, te mantienen atento hasta que te enteras que lo que estaban hablando, no era nada serio, era simplemente ¡una boludez!, que te mantuvo distraído, perdiendo el tiempo en espera del desenlace fatal.

Esa es una de las características de ser casado y tener el teléfono aproximo a donde estas reposando, leyendo o viendo la televisión, lo cual te hace distraer un rato, que generalmente es largo y que te saca de tu concentración, para poner tu atención en cosas que no te incumben.

Miguel Aramayo

SCZ. 20-02-2012 Lunes de carnaval.