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¡Una novela!

13 Ene

¡Una novela!

Que impaciencia, quiero escribir, quiero expresar mis ideas con letras. Leo con avidez en busca de temas que puedan extraer de mi interior, ideas que puedan plasmarse en el papel, digo papel por algo que decir, pero ahora es la pantalla del computador acompañada del teclado, que permiten expresar los sentimientos encontrados, que tengo en este momento y que bullen de mi cerebro, o quizá no es mi cerebro el que da órdenes, sino simplemente mi estado de ánimo.

 

Algunas veces leo a gente con tanta capacidad, con tanto ingenio y que dice las cosas de una forma tan simple, que pienso que nunca podré llegar a esos niveles, pero sin embargo algo en mi interior eleva mi autoestima a niveles que incluso escapan a mi conciencia y como pueden comprobar en este momento, mis dedos se deslizan por el teclado y mis ojos no observan lo que estoy escribiendo, porque lo que estoy escribiendo escapa directamente de mis manos y de mi cerebro. No digo intelecto, porque estoy convencido que todavía me falta mucho para poder utilizar esa expresión, pero mi ego es mayor que mi conciencia y sigo escribiendo.

 

Algún día podre producir algo, algo que valga la pena, por el momento lo que hago es extraer lo que tengo dentro de mí. Me falta un personaje, me falta una trama, me faltan los lugares donde se debe desenvolver una historia. No es solamente pensar en mí y en los personajes familiares, necesito alguien como Miguel, el Miguel de la novelita Que suerte negra.

 

Ya el tiempo se escapa de mis manos y observo mi impotencia y al mismo tiempo, mi exceso de confianza, cuando escribo, pero es muy importante que me libere del Ser Chiquito y de las historias de mi bisabuela y todos los recuerdos familiares de personajes, lugares y situaciones, que únicamente me encierran.

 

Creo que tengo la suficiente capacidad de expresarme y el léxico suficiente para estar en el grupo de escritores, que podrían catalogarse dentro de lo común de escritores, pero necesito en forma desesperada un tema que, junto a personajes, lugares y situaciones, me permitan plasmar lo que creo que poseo y que quizá no es más que una ilusión, ilusión de alguien que se siente grande y está a nivel del suelo. No quiero decir con esto último que escribí, que no vale para nada lo que escribo, pero estoy a un nivel inferior al de las novelitas de las revistas femeninas, que distraen a la gente mientras están en la peluquería y que superan las tiras cómicas, que generalmente están escritas con ese objetivo.

 

Sueño con poder escribir de corrido, como lo estoy haciendo en este momento, pero sobre algo consistente. Quizá me haga falta leer más, o quizá me haga falta ver más películas, sobre novelas de un valor diferente. No pretendo ser tan bueno como muchos escritores que pasaron por mis manos, pero quiero encontrar algo antes de que se me acabe el tiempo.

 

Hasta aquí, escribí sin respirar y sin repasar todo el palabrerío que se me escapó en esta fracción de tiempo, mientras me acompaña una pieza musical, o quizá varias, interpretadas por Peternero, que en algunos momentos llegó a distinguir de que se trata, pero que no le doy mayor importancia, porque en este momento lo único que quiero es descargar mi angustia, angustia de no poder escribir algo mejor.

 

Para que atormentarme, lo que natura no da Salamanca no presta. Algún día saldrá algo de lo que pueda sentirme orgullos, porque hasta ahora fueron simplemente escritos, salvo Que suerte negra.

 

Miguel Aramayo

SCZ.13-01-2017