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Vidas ajenas.

2 Mar

Vidas ajenas.

Viajaba en subte, desde La estación Boulogne – Pont de Saint-Cloud – Rhin et Danube, que es una estación del metro de París situada en la ciudad de Boulogne-Billancourt, al oeste de la capital. Es uno de los terminales de la línea 10. Estaba cansado y por lo tanto, entorné los ojos y estiré las piernas, crucé los brazos sobre el pecho y dejé a mis oídos atentos a las conversaciones de mis vecinos.

 

El tramo que debería recorrer hasta el punto final, próximo a mi departamento, era muy distante y aparentemente, mis vecinas de asiento seguían mí mismo recorrido. Desde que se acomodaron atrás de mi asiento lo único que hicieron fue hablar de sus problemas conyugales y existenciales.

 

Yo viajaba al lado de una muchacha que estaba con auriculares adosados a la cabeza y que le tapaban íntegramente los oídos y concentrada totalmente en la lectura de un libro de letra muy menudita, que no me permitía distinguir de que se trataba.

 

Las dos personas que conversaban lo hacían en un tono relativamente discreto, tan discreto que yo debía poner mis cinco sentidos para no perder el hilo de la conversación, con la esperanza de que lo que escuchaba, me pudiera ser como tema para poder escribir algún cuentito. La conversación duró hasta una estación antes de la que yo me tenía que apear. Una de las muchas se despidió de la otra y se hizo el silencio. Luego me tocó bajar a mí y la otra muchacha se quedó sentada.

 

Cuando yo me bajaba, la chica que quedó, me miró con una sonrisa pícara y yo le hice un guiño, como diciendo –Escuché todo. Llegué a mi departamento y me puse a escribir la conversación, primero como un esquema, para que no se me borre de la memoria todo lo que había oído. De esa manera no perdía ni un ápice de la historia y ya podía hilvanar la trama y la urdimbre de un relato que sea interesante, acogedor.

 

El tema era de amor, una de las chicas había roto su matrimonio por infidelidad del marido y la ruptura fue total y absoluta y no le había quedado nada del amor pasado, salvo una hija y una mísera pensión. En cambio, la otra continuaba enamorada y le dolía en el alma el alejamiento, de alguien que era un perro infiel. A esta muchacha le habían quedado dos hijos, pero al no haber un vínculo matrimonial la separación era mucho más fácil para el infiel, aunque él era responsable de una pensión para los hijos, pero todo totalmente extra judicial.

 

Después de haber estructurado toda la conversación escuchada en el metro y haber escrito las notas necesarias para poder redactar un bonito cuento, repasé todo lo escrito y quedé satisfecho con mi resumen. Vi que tenía toda la información necesaria para reconstruir la conversación como un cuento y por separado poder escribir el cuento de cada una de las muchachas. Uno de los cuentos podría alargarse, porque esa muchacha al tener dos hijos, estar separada y ser responsable por el mantenimiento del hogar, continuaba enamorada, pero no recibía ni la hora del padre de sus hijos.

 

El otro cuento podría ser más corto, porque la muchacha no tenía tanto drama y estaba distraída con estudios y otro tipo de problemas y por lo tanto no le llevaba mucho el apunte al tema del amor, ni inconcluso ni roto.

 

Miguel Aramayo

SCZ.02-03-2016