A.Inflaciones en Bolivia
La inflación ha sido una característica que acompañó a varios países latinoamericanos aún desde el inicio mismo de su formación como repúblicas independientes. En efecto, las necesidades de financiamiento para la guerra de la independencia y la formación de los nuevos estados implicaron importantes presiones inflacionarias.
Establecida la república, la emisión monetaria estuvo a cargo de la Casa de Moneda de Potosí, en un contexto en el cual Bolivia adoptó el régimen de patrón metálico, ligado a la producción de plata. Sin embargo, tres décadas después toda la moneda era de bajo valor, hasta que en 1872 se cambió el régimen monetario introduciendo el papel moneda y, de esa forma, el dinero fiduciario.
Fundición y envilecimiento de monedas. En principio la moneda feble representó el 5% de la acuñación. Pese a que no existe información continua sobre precios, es posible señalar que la inflación promedio anual pudo haber estado en torno a 10% anual entre 1846 y 1859. Este cálculo se obtiene de comparar los precios reportados en el Bosquejo Estadístico de Bolivia de 1851 y de José Agustín Morales en Los primeros cien años de la República de Bolivia de 1926.
Por ejemplo, la variación promedio anual de los precios de artículos seleccionados subió en torno a 10%, pues el trigo subió 11,7%; el chuño, 11,3%; las papas, 6,3%; el arroz, 13,7% y los garbanzos, 8,8% Las medidas monetarias anteriores estuvieron orientadas a florecer el comercio, la industria y proteger la minería.
Existieron ávidos esfuerzos para recaudar dinero, con el propósito de construir y fortalecer el nuevo estado, pero sin modificaciones importantes en el sistema tributario. A inicios de 1900 y luego de concluida la Guerra de Pacífico, la situación económica de Bolivia se estabilizó gradualmente, entre otros aspectos por el descubrimiento del árbol de la goma, lo que inició una etapa de bonanza económica para el país.
En materia monetaria, en 1904 el país se adecuó al patrón oro, predominante en la época, y se crearon nuevos bancos. Años más tarde, el presidente Ismael Montes confrontó la crisis producida por la Primera Guerra Mundial, reformando el sistema financiero y estableciendo que el único banco con capacidad para emitir moneda fuera el Banco de la Nación Boliviana.
En esos años existió una contracción económica, producto de la caída de las exportaciones, que obligó a suspender temporalmente el pago de la deuda externa. En ese contexto, el crecimiento de los medios de pago entre 1912 y 1914 llegó a un promedio en torno a 100%, lo cual hace suponer una elevada tasa de inflación (un promedio en torno a 100%, lo cual hace suponer una elevada tasa de inflación Entre 1925 y 1929, a raíz de las recomendaciones de la misión liderada por Edwin Kemmerer, el gobierno del presidente Hernando Siles creó el Banco Central de Bolivia según la Ley 632.
También se crearon la Superintendencia de Bancos y la Contraloría General de la República. La creación se efectuó en un contexto de crisis en el país y en el mundo, debido a la caída del precio del estaño, que representaba el 83% de las exportaciones totales. Esta caída significó una disminución de 23% del circulante más los depósitos entre 1929 y 1930 y de 50% en los ingresos fiscales.
Sin embargo, el inicio de la Guerra del Chaco implicó un aumento promedio de 53% del circulante entre 1931 y 1935, además el BCB otorgó préstamos al Gobierno por un monto equivalente al 192% del circulante a fines de 1932. No obstante, el cese de hostilidades no implicó una caída de la masa monetaria, sino que, por el contrario, esta aumentó a una tasa promedio anual de 28% entre el fin de la guerra 1935 y 1942, con una tasa de inflación promedio de 38%.
En los años siguientes y previos a la revolución nacional, la inflación se moderó pese al alza de los precios internacionales por la Segunda Guerra Mundial. En efecto, en el periodo 1942 a 1949, la inflación promedio fue de 10% anual, con un crecimiento del circulante de 14% promedio anual.
En este periodo, Bolivia se incorporó al Tratado de Bretton Woods en diciembre de 1945. En la década de los años cincuenta, Bolivia experimenta su primera gran inflación en medio de importantes cambios a la estructura económica boliviana durante el proceso de Revolución Nacional. Este alcanzó su nivel máximo en 1956 (475%), en línea con la aceleración de los medios de pago. El programa de estabilización (DS 4538 del 15 de diciembre de 1956) incluyó la adopción de un régimen de determinación flexible del tipo de cambio, la disminución del crecimiento de la masa monetaria, el control del déficit fiscal y el congelamiento de los salarios en 1958.
El periodo posterior a este evento fue estable en materia económica. La inflación promedio entre 1957 y 1971 fue de 5,2% con un crecimiento de M3 de 17%, lo que coincidió con el periodo de más alto y estable crecimiento económico (4,5%). Pese a los infructuosos intentos por reestablecer el sistema cambiario mundial establecido en Bretton Woods, el abandono de Estados Unidos presionado por su déficit comercial indujo a que se produzca una devaluación de la moneda nacional de 40.6% en octubre de 1972, después de permanecer fijo desde 1959.
Para frenar el alza de la inflación, se establecieron controles de precios. Pese a ello, los precios aumentaron 65% entre el establecimiento de las medidas y diciembre de 1973, en un entorno en el cual la emisión monetaria creció a tasas promedio en torno a 30%. Posteriormente, la crisis petrolera de 1973 se reflejó en un incremento importante de la inflación internacional y en Bolivia. A eso se sumó la constante concesión de préstamos del ente emisor a distintas iniciativas económicas, lo que incrementó los medios de pago en circulación. Paralelamente, el país incrementó su deuda externa de $us 524 millones en 1970 a $us 1941 millones en 1979.
Todo este panorama redundó en un escenario de estanflación. En efecto, los indicios de desaceleración se sintieron a partir de 1977, pues el crecimiento disminuyó de un promedio de 5,8% entre 1970 y 1976 a 2,5% entre 1977 y 1979. La inestabilidad política y los sucesivos incrementos salariales implicaron un incremento importante de la inflación hacia fines de los ochenta. A inicios de los años ochenta, el alza de la inflación mundial impulsó a que las tasas de interés aumenten y de esa forma, la mayoría de los países latinoamericanos confrontaron problemas por la acumulación de la deuda externa. Con el crédito externo cerrado, la única fuente de ingresos públicos en Bolivia fue la emisión inorgánica, que financió el déficit fiscal, que superó el 20% del PIB entre 1982 y 1985.
Este incremento súbito de la emisión se reflejó en un aumento importante del tipo de cambio paralelo. Para evitar problemas por las obligaciones en moneda extranjera, el Gobierno dictó el DS19249 en noviembre de 1982, convirtiendo las obligaciones en dólares a pesos bolivianos, aspecto que se conoció como «desdolarización» y provocó un proceso de desintermediación financiera. Por estos motivos, la tasa de inflación subió dramáticamente de 296% en 1982 a 8.170% en 1985, con un máximo de 23.447% en septiembre de este último año.
Para hacer frente a este dramático suceso, se establecieron medidas de impacto con la promulgación del DS21060 en agosto de 1985, con una estabilización basada fundamentalmente en el tipo de cambio y un fuerte recorte de gasto y empleo públicos, a la par de un incremento de los ingresos públicos a través del aumento del precio de la gasolina y de una reforma tributaria posterior.
En la práctica, el tipo de cambio se convirtió en el ancla de la inflación, debido a su relación directa con los precios internos en los años de la hiperinflación, lo cual derivó en la paulatina dolarización de la economía boliviana, en especial del sistema financiero. Los costos y graves secuelas de la hiperinflación de 1984-1985 convencieron al público de que la preservación del poder adquisitivo de la moneda nacional es primordial para el normal desenvolvimiento de las actividades económicas.
En efecto, la dramática caída de 25% en el ingreso promedio de los bolivianos entre 1978 y 1986, y los efectos negativos del ambiente de incertidumbre económica en el empleo,8 evidenciaron los elevados costos de los períodos de inestabilidad macroeconómica. En los años posteriores, la inflación se mantuvo por encima de los dos dígitos hasta 1992. La paulatina recuperación de la actividad y la menor presión fiscal implicaron un descenso gradual de la inflación, salvo por el aumento en 1995 (12,6%), debido al incremento del precio internacional de productos básicos y por problemas climatológicos.
Un hito en la administración monetaria fue la promulgación de la Ley 1670 del Banco Central de Bolivia en octubre de 1995, en la que se fijó como objetivo del ente emisor «procurar la estabilidad del poder adquisitivo interno de la moneda nacional», que se interpretó como mantener una inflación baja y estable. En este contexto, a partir de 1996 el BCB comenzó a anunciar a principios de cada año, un objetivo máximo de inflación, que se convirtió en guía de las políticas monetaria y cambiaria.
Con el transcurso del tiempo este límite se redujo gradualmente, con el fin de lograr la convergencia de la inflación hacia niveles bajos. Entre 1996 y 2001, la tasa de inflación disminuyó de 8% a 0,9%. El bajo dinamismo del sector real de la economía, que comenzó a finales de 1998, el desempleo y la contracción crediticia explican de manera importante el debilitamiento de la demanda y, por tanto, el comportamiento de los precios domésticos. A partir de año 2003 Bolivia comenzó a recuperarse de la fuerte crisis que caracterizó al país en los tres años anteriores, recuperación económica que fue acompañada con un paulatino incremento de precios hasta alcanzar en el año 2006 una cifra muy cercana al 5%. Parte de este incremento se debió a la subvaluación de la moneda, generada por la apreciación de las monedas de los socios comerciales.
En 2007, la inflación nuevamente repuntó por cuatro factores específicos: el incremento de la inflación internacional de alimentos y combustibles; el incremento del ingreso disponible y el consecuente dinamismo de la demanda agregada; los efectos de los fenómenos climatológicos (El Niño y La Niña); y el incremento de las expectativas inflacionarias, por la especulación en los mercados. Frente a este aumento, el BCB actuó con una política concentrada en retirar la liquidez con Operaciones de Mercado Abierto, incremento del encaje legal y una gradual revaluación de la moneda nacional. Conviene notar que, a partir de 2006, el BCB fijó un rango meta en lugar de un techo de inflación, reconociendo la incertidumbre implícita en la proyección de la inflación y siguiendo la práctica de otros países al respecto.
Miguel Aramayo
SCZ.04-06-2024