info@miguelaramayo.com

Conversando con Chiquito

30 Jul

Conversando con Chiquito

Conversando con Chiquito

 

—Chiquito, sé que siempre estás conmigo, así como yo contigo, pero tú en tus cosas y yo en las mías.

 

—Ahora sueño menos y creo que estoy haciendo realidad los últimos sueños. Tengo la esperanza de seguir soñando un tiempo más.

 

—Aunque lo que ahora ocupa mi cabeza son algunas preocupaciones que no deberían corresponderme. Pero como tú me conoces, siempre me meto en problemas que no me tocan, pero me afectan y procuro solucionarlos.

 

—Los tiempos han cambiado y los problemas actuales deberían estar mucho más lejos de mí, pero soy yo el que me acerco a ellos.

 

—No quiero preocuparte, porque sé que tú también me ayudas a resolver problemas que no nos pertenecen, pero los asumimos como propios.

 

—Estaba pensando en vos y sé que, con solo ese hecho, te presentas como si te hubiera llamado a gritos. Porque estás firme como un «papayo macho» para cuando solo te nombro o te pienso.

 

—Ahora es algo diferente. Estaba pensando en vos, recordando los largos años que nos unen, cuando éramos chicos y nos juntábamos en cualquier rincón de la casa de mis padres o de mis abuelos, con preferencia en el jardín de la abuela Mercedes, junto a los floripondios o la «rosa té».

 

—Algunas veces hacíamos planes cuando estaba recostado y antes de que mi madre pasara para hacerme rezar o leerme algún cuento, para después dormir.

 

—Miguel, me acuerdo de eso como si fuera una fotografía, o mejor, como una filmación. Me acuerdo de cada uno de los lugares nombrados, pero tan vívidamente que los percibo, incluso aprecio la fragancia de las flores y el sabor de las guindas, los ciruelos o los chiltos (motojobobo embolsado – Golden Berry). Esos recuerdos me dejan tan bien, siento mi alma a flor de piel. Aunque no tengo piel y solo soy alma. Me presento a ti como un holograma, que me muestra idéntico a tu aspecto físico, pero mucho más chiquito. Y cuando estamos ante otros me escondo para no ser observado. Nuestra comunicación es telepática, aunque para nosotros da la impresión de que fuera una conversación fluida.

 

—Chiquito, recuerdo de nuestros viajes en avión de ida a Rusia, contratado por George Bush para localizar a Osama Bin Laden. O de los varios viajes realizados en alfombra para visitar a mis nietos en Dubái. O el sin fin de veces que estuvimos fuera del lugar de mi residencia, de todos los problemas en que nos metimos como espías contratados por los Estados Unidos de América.

 

—Miguel, es imposible que olvidemos todo eso. Como cuando estuvimos en Kabul, Kandahar y Mazar. Nos quedamos a dormir en Yalalabad y visitamos la mezquita Azul. También me acuerdo del encuentro que tuve con Kasín y Alí Babá. Y cuando hice «el vuelo del moscardón» al escuchar la composición del mismo nombre de Rimsky-Korsakov. O cuando estuvimos en el desierto en Asiut, con los nómadas y su caravana, un viaje que hicimos en alfombra.

 

—Chiquito, recuerdo todas las peripecias vividas en Israel cuando nos propusimos hacer un estudio sobre la forma de grabación que tiene el cerebro humano y los alimentos que proporcionan lo requerido por el organismo para asimilar lo requerido y tener un adecuado funcionamiento de las neuronas. En ese estudio también tuvimos la colaboración de un ángel que comenzó espiándonos.

 

—Miguel, No te olvides del otro trabajo que hicimos en París y Londres, donde lograste desarrollar un software para convertir en Word lo que se almacena en el cerebro humano en base a un casco que conectaba la cabeza de una persona con un electroencefalograma. Trabajo que realizaste con una muchacha francesa que te colaboró en ese proyecto y estuvo viviendo contigo. Si no me equivoco, se llamaba Almudena.

 

—Chiquito, sé que no siempre te he sido fiel, pero siempre has estado ahí para mí. Eres mi mejor amigo y no sé qué haría sin ti. Gracias por todo.

 

Miguel Aramayo

SCZ, 30-11-2023

 

Saludos.