De otro mundo 3
De otro mundo 3
La figura diminuta del duendecillo y el hombre circunspecto se adentraron en un bosque frondoso, dejándonos a Dika y a mí observando desde la distancia. La espesura de los árboles los tragó por completo, y con ellos, el misterio que los envolvía.
Dika me miró con una intensidad inusual en sus ojos. —»Hay algo más en esto», dijo en voz baja, «algo que no puedo explicar con palabras.»
Su intuición gitana nunca fallaba. Decidimos seguirlos, adentrándonos en el bosque con cautela. La luz del sol se filtraba entre las ramas creando un ambiente mágico, casi irreal.
De repente, un sonido agudo rasgó el silencio. Parecía provenir de un claro más adelante. Apresuramos el paso, llegando justo a tiempo para presenciar una escena sorprendente.
El duendecillo, ahora de tamaño normal, estaba rodeado de un aura luminosa. En sus manos brillaba una esfera dorada, del tamaño de una pelota de fútbol. El hombre circunspecto, arrodillado ante él, lo contemplaba con una mezcla de fascinación y temor.
—»¿Qué es eso?», susurré a Dika.
—»No lo sé», respondió ella con voz temblorosa, «pero es algo poderoso.»
El duendecillo levantó la esfera dorada hacia el cielo, y un haz de luz dorada brotó de ella, iluminando el bosque con una intensidad cegadora. Cuando la luz se disipó, el duendecillo y la esfera habían desaparecido.
El hombre circunspecto se levantó, todavía aturdido por lo que había presenciado. Se dirigió hacia nosotros con una mirada de determinación en su rostro.
—»Necesito saber qué era eso», dijo con voz firme. —»Y estoy dispuesto a llegar al fondo del asunto.»
Lo dejamos que continue con su elocución, pero se calló y retomó el camino que había perdido. Nos miramos con Dika y nos tomamos de las manos, permaneciendo parados en espera de que los acontecimientos pudieran disparar por otro lado. La luminosidad se disipo y fue reemplazada por un silencio que podíamos no solo percibir, sino que lo podíamos escuchar.
No supimos cuánto tiempo transcurrió desde que fuimos sorprendidos por los personajes que en un principio se seguían el uno al otro, para concluir con lo que consideramos un exabrupto. Dika me miro y tapándose los ojos con un mano me dijo: Esta abundancia de verde por la belleza de estos árboles me recordaron una canción que canta mi gente cuando una novia muestra el pañuelo que acredita su virginidad y canta el Yeli, que es uno de los diversos cantes de alboreá que cantan los gitanos en honor a la novia y es así: En un prado verde tendí mi pañuelo, salieron tres rosas como tres luceros. Levanta y no duermas más que por la mañana tendrás lugar. ¿Dónde está el padre de la novia? Que ya su hija salió con victoria. Y yeli yeli y yeli ya. Y yeli yeli y yeli ya. En un verde prado te di mi pañuelo, te di mi pañuelo, te sacaron tres rosas como tres luceros,
como tres luceros alevanta, alevanta a la novia pa riba alevanta, alevanta a la novia pa riba, que se despida de su familia, Y yeli yeli y yeli ya. Y yeli yeli y yeli ya.
Miguel Aramayo
SCZ.12-04-2024
Saludos.

