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De otro mundo

30 Jul

De otro mundo

De otro mundo

 

Un hombrecito, que más que eso, tenia el aspecto de ser un duende, pero no cualquiera, uno pequeñito, con un andar muy pausado que denotaba sencillez, educación, respeto. Era fuera de serie. Lo seguía un hombre delgado, circunspecto, alguien que aparentaba ser… No alcanzan las palabras para describirlo.

 

El día todavía no había completado el ocaso. El horizonte mostraba un rojo pálido, porque ya estaba por arribar la penumbra de la noche. No existían señales de que la luna hiciera su aparición por el naciente. La temperatura se podría clasificar como cálida, la humedad era la habitual para ese momento del día y la fecha del calendario. El cielo estaba límpido y transparente, se apreciaba la vía láctea y en ella resaltaban las estrellas más notorias, como Las Tres Marías, La Cruz del Sur, Capricornio y Libra. 

 

Quien hacia el relato era un hombre de color, pero no de cualquier color. Su piel se parecía a una aceituna que brillaba y mostraba una tersura algo fuera de lo normal, era lampiño o estaba bien afeitado. Lo acompañaba una muchachuela que por su aspecto delataba la procedencia de ambos. Su vestimenta, sus ademanes, su andar tan cadencioso, el velo que cubría ligeramente su blonda cabellera y realzaba su faz, destacando el perfil de sus pómulos y nariz. Sus labios, pese a la oscuridad, brillaban con una intensa tonalidad carmesí y mostraban una bella y sensual sonrisa. Eran gitanos y para terminar el relato el varón llevaba a la cintura un puñal que dejaba apreciar unas gemas en la empuñadura y la vaina, con lo cual corroboraba que eran de la más pura estirpe.

 

Me quedé absorto. Estos acontecimientos superaron ampliamente todas mis expectativas. Los personajes que aparecen en escena, el escenario en el que se desarrollan, el ambiente el clima, todo es algo que solo se presenta en alguna novela. Novela de ciencia ficción, pero no de terror, ni de suspenso, tampoco se aproxima a ser de romanticismo. El destino quiso mostrarme lo que están en capacidad de apreciar mis sentidos. No necesito nada más para gozar de la felicidad que en este momento recoge mi espíritu, como si fueran gotitas de ámbar a la vista o elixir de miel de galea real que inundan mis papilas.

 

Estoy realmente feliz, no me interesa saber que hace el hombre que sigue al fantasmita. Solo quedan impregnadas mis neuronas con la voz de los gitanos, que con su aspecto completaron este cuadro de felicidad. Dios es tan bueno conmigo que con poquitas cosas logra brindarme la dicha que requiere mi espíritu como alimento para mi alma. 

 

Seguramente en otra oportunidad tendré el relato de las demás circunstancias que jugaron en esta escena, por ahora solo me quedo con la profunda felicidad que inunda mi ser.

 

Miguel Aramayo

SCZ.08-04-2024

 

 

Saludos.