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Historia de un amor

30 Jul

Historia de un amor

 

 

 

 

 

 

 

Historia de un amor

 

Miguel Aramayo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iluso el que reclama amor

sin haber dado amor y/o

haber enseñado a amar

 

Miguel Aramayo

 

 

 

«Amor es un fuego que arde sin ver, es herida que duele y no se siente; es un sueño del que me despierto y al despertar no tengo nada».

 

Mirtha Defilpo

 

 

 

CARPE DÍEM (Cosecha el día)

 

No pretendas saber pues no está permitido, el fin que a mí y a ti, Leucónoe, nos tienen asignados los dioses, ni consultes los números Babilónicos.

Mejor será aceptar lo que venga, ya sean muchos los inviernos que Júpiter te conceda, o sea éste el último, el que ahora hace que el mar Tirreno rompa contra los opuestos cantiles.

No seas loco, filtra tus vinos y adapta al breve espacio de tu vida una esperanza larga.

Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.

Vive el día de hoy, captúralo.

No fíes del incierto mañana.

 

La undécima oda del primer libro de Horacio dedicado a Leucónoe

Leukós = Blanco, Noe = mente (Mente Blanca) Hija de Neptuno y Temisto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dedicado a todos los jóvenes

de ambos sexos, con cariño,

para que tomen nota.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prologo

 

El Ingenioso Personaje de la Mancha, en su gran cabeza, hizo un cóctel de sus neuronas al leer libros de Caballería. Galopando en su Rocinante con la compañía de su escudero, creó una obra maestra de la literatura española. Primero, se puso un nombre altisonante: «Don Quijote de la Mancha». Luego, se lanzó a luchas épicas, combatiendo con personajes creados por su ilusión, como el «Caballero de los Espejos» y el «Caballero de la Blanca Luna».

 

Un personaje de su estirpe no podía andar sin escudero y consiguió un hombre bonachón que lo siguiera en sus peripecias: Sancho Panza. Don Quijote, quien en la realidad era «Alonso Quijano el Bueno», debía tener un gran amor y en su ilusión creó a «Dulcinea del Toboso». Peleó con molinos de viento y creó un sinfín de personajes inexistentes que recreaba a medida que los necesitaba.

 

Si Don Miguel de Cervantes, en su gran obra, logró crear un sinfín de personajes y relatar mil historias irreales, en la presente historia, sabiendo que no soy ni el polvo de una sombra difuminada de tan gran escritor, también pretendo relatar una historia irreal con muy pocos personajes. Estos no se parecen en nada a los grandes de esa magnífica novela ideada hace tanto tiempo. Tan solo por haber leído una cantidad respetable de novelitas de amor y de algún otro tipo y haber escrito unos cuantos librillos.

 

La historia, o mejor dicho el presente casi cuento, se sitúa en Italia, un país de vastos paisajes, personajes destacados en las artes y un sinfín de hechos históricos en la cúspide del arte y la literatura universal. Elegí este lugar porque, en muchos casos, se cita a los italianos y gitanos como defensores a ultranza de una virtud efímera a la que ellos le dan un valor superlativo. Esto se constituye como algo invalorable que la familia debe defender y custodiar hasta el día en que deba cumplir su fin de acuerdo a sus costumbres ancestrales. Y debe ser publicado para conocimiento de la comunidad como el tesoro que fue cuidado con tanto esmero, exhibiendo el resultado para quienes quieran verlo: la prueba del pañuelo (ceremonia gitana) o la exhibición de la sábana en Italia.

 

Los personajes, los hechos, los lugares y las circunstancias son creación del autor. Cualquier parecido con la realidad es mera casualidad. Se pide disculpas adelantadas si alguien se siente nombrado en este pequeño cuento. De todo corazón, se solicita pasar por alto esa similitud y me disculpo por expresar algo similar a la realidad.

 

 

 

 

Miguel Aramayo  

 

 

 

 

Capítulo I: Angeline y su Vida en Apulia

 

Esta historia se desarrolla en el sur de Italia, en el talón de la bota, en un lugar idílico llamado Apulia. Allí se puede apreciar el mar Adriático, el Jónico y el Mediterráneo, así como los montes Apeninos, cuya capital es Bari. La muchacha de esta historia se llama Angeline. Tiene aproximadamente veintidós años, es delgada, pesa algo menos de cincuenta kilos y mide algo más de un metro sesenta. Su cabello es muy fino y corto, sus ojos negros y rasgados, labios rojos y carnosos, con una sonrisa siempre presente y una dulce mirada. Sus características físicas denotan una persona extremadamente buena, siempre da la impresión de estar de buen humor. Aunque aparenta timidez, se muestra como una mujer hecha y derecha, de franca expresión y modales que demuestran una buena educación. Es muy sincera, humilde en sus actos visibles, colaboradora, hacendosa y con grandes habilidades manuales para el tejido, el croché y, sobre todo, el bordado. Es muy aficionada a la cocina y especialmente a la repostería, mostrando gran habilidad en la preparación de postres, masitas y tortas.

 

Angeline colabora frecuentemente con una vecina que imparte clases de cocina y repostería, participando activamente y tomando apuntes con minuciosidad extrema. Siempre lleva un cuaderno donde registra las recetas, no solo los ingredientes requeridos sino también el procedimiento de elaboración. Constantemente lee revistas de donde extrae recetas y consejos para sus trabajos manuales, coleccionando algunas revistas y proveyéndose de hilos y telas para sus labores, que según sus amigas y hermanas forman parte de su ajuar para cuando le toque casarse.

 

La vecina tiene varios hijos solteros: cuatro hombres y una hija, con la cual Angeline tiene una gran amistad. También es amiga de los hijos varones, deportistas que estudian en universidades en Francia o en el bachillerato en Bari. Dos de ellos integran el equipo Lecce, y los otros dos juegan en el Foggia, ambos equipos con buenos desempeños.

 

Angeline estudió en un colegio privado de monjas, Institute Mother Clelia Merloni. Antes de completar el bachillerato, fue a estudiar una carrera técnica en Suiza, donde también estudian algunos de sus parientes y muchos amigos de su ciudad. Al regresar, pasaba más tiempo con su vecina, ayudando y estudiando las clases que ella impartía. Formó una agrupación de muchachas con las que compartía fiestas, paseos al campo y prácticas futbolísticas. En verano, iban a las playas para disfrutar del sol, broncearse y salir con los muchachos. El litoral de arena del mar Jónico y la costa abrupta del Adriático son impresionantes. La playa que más frecuentaban era San Vito (Polignano a Mare), próxima al hotel San Giovanni y Al Patio.

 

Como sucede con las amistades de barrio, uno de los hijos de la profesora fue su primer enamorado o, al menos, el primero que le robó un beso. Ella era muy retraída en ese tema debido a la influencia religiosa de sus parientes y la educación impartida en el colegio de monjas, para quienes esa relación se convertiría en pecado. Su madre le hablaba sin tapujos sobre el amor y el sexo, especialmente en la adolescencia, advirtiéndole que los besos eran como telegramas peligrosos que podrían llegar a otro destino.

 

Mientras estudiaba en el extranjero, Angeline estuvo en un internado para señoritas, Surval Montreux, en una de las regiones más bonitas de Suiza. Tenía la oportunidad de estudiar su programa académico en inglés, a pesar de estar en una zona francófona. Allí tuvo su segundo enamoramiento con un paisano que estudiaba medicina. No compartían mucho tiempo debido a sus estudios, pero salían a pasear de vez en cuando con otro amigo y un grupo de muchachos de su ciudad, con quienes compartía amistad.

 

En Bari, Angeline vivía con una prima y su esposo, que cuidaban de ella y sus hermanos. Su prima compartía su afición por los trabajos manuales, y otra prima soltera vivía con ellos criando a su hijo. Esta última experiencia reforzó su afición por los niños, una afición que ya tenía desde pequeña, ayudando en la crianza de sus hermanos y tejiendo prendas para ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo II: El Encuentro con Simón

 

Una prima de Angeline le presentó a un muchacho llamado Simón.

 

—Prima, te presentaré a un pariente de mi marido que ha llegado de Roma para pasar las vacaciones en Apulia. Es un buen muchacho, podrías presentárselo a tus amigas. Está saliendo con una chica de aquí, pero no le cae bien a mi suegra.

 

—Cuando quieras, prima. Puede ser esta tarde, ya que iré a ver una nueva receta de «orecchiette alle cime di rapa». La profesora me invitó porque llegó su hija de Turín con nuevas ideas y nuevos platos para que aprendamos.

 

—Perfecto, entonces iré contigo para conocer a la hija y al muchacho. A mi marido le cayó muy bien, pero me advirtió que no es para ti, ya que no es de buena familia.

 

—Me parece bien, prima. Veré cómo me cae, ya que no busco novio por ahora.

 

Esa tarde, Angeline se encontró con el muchacho. Simón era alto, de cabello castaño y ojos verdes. Trabajaba en Roma como ingeniero y estaba de visita en Bari para pasar el verano. Al conocerlo, Angeline sintió una atracción inmediata, aunque decidió no mostrarlo demasiado. Simón, por su parte, también quedó impresionado por la belleza y el carácter de Angeline.

 

Durante el verano, Simón y Angeline se vieron frecuentemente en reuniones con amigos y en salidas a la playa. A medida que se conocían más, la atracción mutua se fue haciendo más evidente, aunque ambos eran cautelosos en mostrar sus sentimientos.

 

Una tarde, en una de sus conversaciones, Simón se sinceró con Angeline:

 

—Angeline, me he dado cuenta de que me gustas mucho. Eres diferente a las chicas que he conocido en Roma. Tienes una alegría y una dulzura que me atraen.

 

Angeline, sorprendida pero también feliz por la confesión, respondió:

 

—Simón, también me agradas mucho, pero no sé si esto pueda funcionar. Vives en Roma y yo aquí en Bari.

 

—Podemos intentarlo, Angeline. No quiero perder la oportunidad de conocerte más y ver hasta dónde podemos llegar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo III: El Desarrollo de un Nuevo Amor

 

A medida que el verano avanzaba, la relación entre Angeline y Simón se fue fortaleciendo. Pasaban mucho tiempo juntos, explorando las playas de Apulia, probando nuevas recetas y disfrutando de largas conversaciones sobre sus vidas y sueños. Angeline se sentía cada vez más atraída por Simón, pero la incertidumbre sobre el futuro seguía rondando su mente.

 

Una noche, mientras caminaban por la orilla del mar bajo la luz de la luna, Angeline decidió expresar sus dudas:

 

—Simón, no puedo negar que me haces muy feliz, pero no puedo evitar pensar en lo difícil que será cuando te vayas a Roma.

 

Simón la miró con ternura y tomó su mano:

 

—Angeline, sé que la distancia es un desafío, pero estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que esto funcione. Podemos visitarnos con frecuencia, hablar todos los días y planificar nuestras vidas juntos. No quiero perderte.

 

Las palabras de Simón llenaron a Angeline de esperanza y, por primera vez, comenzó a considerar seriamente la posibilidad de un futuro juntos. A partir de ese momento, ambos se comprometieron a esforzarse por mantener su relación a pesar de la distancia.

 

El verano pasó rápidamente, y el día de la partida de Simón se acercaba. La despedida fue emotiva, con promesas de amor eterno y planes para reunirse pronto. Aunque la tristeza de la separación era palpable, ambos sabían que su amor era lo suficientemente fuerte para superar cualquier obstáculo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo IV: La Prueba de la Distancia

 

El verano terminó y Simón regresó a Roma para continuar con su trabajo. Angeline y él se prometieron mantenerse en contacto diario, usando todas las herramientas tecnológicas a su alcance: llamadas telefónicas, videollamadas y mensajes. Cada conversación era una mezcla de alegría por escuchar la voz del otro y tristeza por la distancia que los separaba.

 

Angeline dedicaba sus noches a esperar la llamada de Simón. Sentía una mezcla de nerviosismo y emoción cada vez que sonaba el teléfono. Sus charlas abarcaban todo tipo de temas, desde cómo había sido su día hasta sus sueños y planes para el futuro. Aunque las conversaciones eran reconfortantes, también subrayaban la ausencia física del otro, lo que a veces provocaba un sentimiento de soledad en Angeline.

 

Simón, por su parte, se esforzaba por mantener la chispa de su relación viva a pesar de los kilómetros que los separaban. Le enviaba cartas y pequeños regalos, recordatorios tangibles de su amor y dedicación. Cada vez que recibía algo de Simón, Angeline sentía un renovado sentido de conexión y amor.

 

A pesar de sus esfuerzos, no todo era fácil. Las diferencias horarias, los compromisos laborales y la falta de contacto físico comenzaban a hacer mella en su relación. Había días en los que la frustración y la tristeza eran abrumadoras. En una de sus conversaciones, Simón expresó sus preocupaciones:

 

—Angeline, a veces siento que esto es muy difícil. La distancia es más grande de lo que imaginé y no sé si podremos mantener esto por mucho tiempo.

 

Angeline, con la voz cargada de emoción, respondió:

 

—Simón, sé que es difícil, pero no quiero rendirme. Te amo y estoy dispuesta a luchar por esto. Solo necesitamos encontrar una manera de hacerlo funcionar.

 

Las palabras de Angeline llenaron de esperanza a Simón. Ambos sabían que la clave para superar este desafío estaba en su compromiso mutuo y en su capacidad para adaptarse a las circunstancias. Decidieron planear visitas más frecuentes y establecer metas a largo plazo para su relación, con la esperanza de que un día, la distancia no fuera más que un recuerdo lejano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo V: El Reencuentro en Bari

 

Después de meses de espera, finalmente llegó el día en que Simón visitaría a Angeline en Bari. La emoción de ambos era palpable. Simón llegó un viernes por la tarde, y Angeline lo esperaba ansiosa en la estación de tren. Al verlo bajar del tren, corrió hacia él y lo abrazó con fuerza, sintiendo como si todo el tiempo y la distancia se desvanecieran en ese instante.

 

Durante los días siguientes, Angeline y Simón aprovecharon cada momento juntos. Pasearon por las pintorescas calles de Bari, visitaron los mercados locales y disfrutaron de la deliciosa comida italiana en pequeños restaurantes familiares. Cada lugar que visitaban se convertía en un escenario para nuevas memorias y momentos compartidos.

 

Una de las tardes más especiales la pasaron en Polignano a Mare, una hermosa localidad costera. Pasearon por los acantilados, contemplando el mar azul y hablando de sus sueños y planes. Simón, tomando la mano de Angeline, le dijo:

 

—Angeline, cada vez que estoy contigo, siento que todo es posible. Quiero que sigamos luchando por nuestro amor, sin importar las dificultades.

 

Angeline, con lágrimas de felicidad en los ojos, respondió:

 

—Simón, yo también lo siento. Cada momento contigo es un tesoro. Juntos, podemos superar cualquier obstáculo.

 

Pasaron las noches conversando hasta altas horas, disfrutando de la compañía del otro y fortaleciendo su conexión. Cada gesto, cada mirada, cada palabra era una reafirmación de su amor y compromiso. La visita de Simón fue un bálsamo para sus corazones, recargándolos de energía y esperanza para enfrentar el futuro.

 

El último día de la visita, mientras caminaban por la playa al atardecer, Simón le entregó a Angeline una pequeña caja. Al abrirla, encontró un delicado collar con un colgante en forma de corazón. Simón le susurró al oído:

 

—Este collar es para que siempre recuerdes que, sin importar la distancia, mi corazón siempre estará contigo.

 

Angeline, conmovida, abrazó a Simón con fuerza y le prometió que llevaría el collar todos los días como símbolo de su amor y compromiso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo VI: Desafíos y Esperanza

 

El regreso de Simón a Roma marcó el inicio de una nueva etapa en su relación a distancia. Aunque la visita había fortalecido su amor, ambos sabían que debían enfrentar nuevamente los desafíos de la separación. Sin embargo, esta vez se sentían más preparados y decididos a superar cualquier obstáculo.

 

Angeline y Simón continuaron manteniendo contacto diario, usando todas las herramientas a su disposición. Las videollamadas se convirtieron en momentos sagrados, en los que compartían detalles de su día y se brindaban apoyo mutuo. Angeline, con su sonrisa cálida y su voz reconfortante, siempre lograba levantar el ánimo de Simón después de un día difícil en el trabajo.

 

A pesar de sus esfuerzos, hubo momentos de incertidumbre y preocupación. En una de sus conversaciones, Simón expresó sus miedos:

 

—Angeline, a veces me pregunto si realmente podremos mantener esto a largo plazo. La distancia es difícil y no quiero que te sientas sola.

 

Angeline, con firmeza y amor, respondió:

 

—Simón, sé que es difícil, pero estoy dispuesta a luchar por esto. Nuestro amor es fuerte y podemos superar cualquier cosa. Lo más importante es que nos apoyemos mutuamente y no perdamos la esperanza.

 

Juntos, encontraron maneras de mantener su relación viva y emocionante. Planificaron visitas más frecuentes y se enviaban pequeños detalles para recordarse mutuamente cuánto se amaban. Angeline se inscribió en un curso de italiano en línea para sorprender a Simón con su progreso en el idioma, mientras que Simón aprendió a preparar algunos de los platos favoritos de Angeline.

 

Cada pequeño gesto y esfuerzo los acercaba más, demostrando que su amor era más fuerte que cualquier distancia. Aunque los días separados eran largos y a veces dolorosos, ambos sabían que cada día que pasaba los acercaba más a su próximo reencuentro.

 

A medida que pasaba el tiempo, su compromiso y amor solo crecían. Sabían que su relación no era convencional ni fácil, pero ambos estaban dispuestos a enfrentar cualquier desafío con tal de estar juntos. Su amor se convirtió en una fuente de fortaleza y esperanza, un faro que los guiaba a través de las dificultades y les recordaba que, a pesar de todo, siempre se tendrían el uno al otro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo VII: Una Decisión Importante

 

Después de varios meses de mantener su relación a distancia, Angeline y Simón comenzaron a hablar seriamente sobre su futuro. Ambos sabían que no podían seguir así indefinidamente y que debían tomar una decisión importante para estar juntos.

Una noche, durante una de sus videollamadas, Simón tomó la iniciativa:

—Angeline, he estado pensando mucho en nosotros y en lo que quiero para nuestro futuro. No puedo seguir viviendo lejos de ti. ¿Qué te parecería si consideramos la posibilidad de que te mudes a Roma?

Angeline se quedó en silencio por un momento, procesando la propuesta de Simón. Aunque la idea de mudarse a Roma la emocionaba, también la llenaba de incertidumbre. Finalmente, respondió:

—Simón, me encantaría estar contigo, pero es una decisión muy grande. Necesito tiempo para pensar en todo lo que implica, dejar mi trabajo, mi familia, mis amigos…

Simón la miró con ternura y comprensión:

—Lo sé, Angeline. No quiero presionarte. Tómate el tiempo que necesites para pensar. Solo quiero que sepas que estaré aquí, apoyándote en cualquier decisión que tomes.

Durante las semanas siguientes, Angeline reflexionó sobre la propuesta de Simón. Habló con su familia y amigos, buscando su consejo y apoyo. Aunque todos la animaban a seguir su corazón, la decisión no era fácil. Finalmente, una conversación con su madre la ayudó a ver las cosas con mayor claridad:

—Angeline, entiendo tus miedos, pero también veo cuánto amas a Simón. A veces, en la vida, debemos tomar riesgos para alcanzar la verdadera felicidad. Si sientes que él es la persona con la que quieres estar, debes seguir adelante y confiar en tu amor.

Las palabras de su madre resonaron en su corazón. Esa misma noche, durante su videollamada con Simón, Angeline tomó una decisión:

—Simón, he pensado mucho en lo que me propusiste. Quiero estar contigo en Roma. Estoy dispuesta a hacer ese cambio y empezar una nueva vida juntos.

La alegría en el rostro de Simón era inconfundible. Sabía que su amor había superado una gran prueba y que ahora podían empezar a construir un futuro juntos.

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo VIII: Nuevos Comienzos en Roma

 

La mudanza de Angeline a Roma fue un proceso lleno de emociones encontradas. Despedirse de su familia y amigos en Bari fue difícil, pero la emoción de comenzar una nueva vida junto a Simón le daba fuerzas. Al llegar a Roma, Simón la recibió con los brazos abiertos, ayudándola a instalarse en su nuevo hogar.

 

Los primeros días fueron emocionantes, llenos de exploraciones por la ciudad eterna y momentos románticos con Simón. Sin embargo, pronto comenzaron a surgir los desafíos. Adaptarse a una nueva ciudad, encontrar un nuevo trabajo y hacer nuevos amigos no era tarea fácil. Angeline a veces se sentía abrumada y sola, extrañando la familiaridad de Bari.

 

Simón, consciente de los sentimientos de Angeline, la apoyaba en todo momento. Le mostraba los rincones más encantadores de Roma, la presentaba a sus amigos y la animaba a seguir sus pasiones. Una noche, mientras cenaban en un pequeño restaurante, Simón le dijo:

 

—Angeline, sé que mudarte aquí no ha sido fácil. Quiero que sepas que estoy aquí para ti en cada paso del camino. Te amo y haremos que esto funcione juntos.

 

Las palabras de Simón reconfortaron a Angeline, recordándole por qué había tomado esa decisión. Con el tiempo, comenzó a sentirse más cómoda en Roma. Encontró un trabajo que le apasionaba y comenzó a hacer nuevos amigos. Aunque los desafíos seguían presentes, Angeline sabía que, con Simón a su lado, podían superar cualquier obstáculo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo IX: La Unión de Dos Almas

 

El día del matrimonio de Angeline y Simón llegó con una belleza y solemnidad que superaron todas las expectativas. La ceremonia se celebró en un hermoso jardín, lleno de flores de colores y con una brisa suave que acariciaba a los invitados.

 

Angeline caminaba hacia el altar con un vestido blanco impecable, adornado con encajes delicados y un velo que resaltaba su belleza natural. Su padre la llevaba del brazo, mientras ella trataba de contener las lágrimas de felicidad. Al llegar al altar, Simón la esperaba con una sonrisa que reflejaba el amor y la devoción que sentía por ella.

 

El oficiante inició la ceremonia con palabras profundas sobre el amor y el compromiso. Los votos que Angeline y Simón intercambiaron fueron sinceros y emotivos, reflejando el viaje que habían recorrido juntos y las promesas que se hacían para el futuro.

 

Simón, mirando a los ojos de Angeline, dijo:

 

—Angeline, desde el momento en que te conocí, supe que mi vida cambiaría para siempre. Prometo amarte, respetarte y apoyarte en cada paso del camino. Eres mi compañera, mi mejor amiga y el amor de mi vida.

 

Angeline, con lágrimas de alegría, respondió:

 

—Simón, tú has traído luz y felicidad a mi vida. Prometo estar a tu lado en los buenos y malos momentos, y amarte con todo mi corazón. Juntos, construiremos una vida llena de amor y aventuras.

 

Después de los votos, el oficiante declaró:

 

—Por el poder que me ha sido conferido, los declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.

 

Simón levantó el velo de Angeline y la besó, sellando su amor y compromiso frente a todos sus seres queridos. Los aplausos y las risas llenaron el jardín mientras la pareja se abrazaba, sintiendo que este era solo el comienzo de una hermosa vida juntos.

 

La recepción fue una celebración de amor y alegría. Amigos y familiares compartieron historias y brindis, deseándoles a Angeline y Simón una vida de felicidad y prosperidad. La pareja bailó su primer vals como marido y mujer, moviéndose al ritmo de una canción que simbolizaba su amor eterno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Epilogo: Un Nuevo Comienzo

 

Unos años después, la vida de Angeline y Simón había florecido con la llegada de su hijo y las muchas aventuras que habían compartido. La familia había crecido y se había fortalecido con cada desafío y celebración.

 

Un día, mientras Angeline y Simón paseaban por el parque con su hijo, reflexionaron sobre el viaje que habían recorrido juntos. Sentados en un banco, miraban a su hijo jugar y sintieron una profunda gratitud por todo lo que habían vivido.

 

—Simón, hemos pasado por tanto juntos —dijo Angeline, apoyando su cabeza en el hombro de su esposo—. No podría imaginar mi vida sin ti y sin nuestra familia.

 

Simón, abrazándola, respondió:

 

—Y lo que es aún más hermoso es que este es solo el comienzo. Tenemos tantas aventuras por delante, tantos sueños por cumplir.

 

El sonido de la risa de su hijo los llenó de alegría. Sabían que, aunque el camino no siempre sería fácil, el amor y la unidad que compartían les permitirían superar cualquier obstáculo.

 

Con el tiempo, Angeline y Simón continuaron construyendo una vida plena y significativa, basada en el amor, la confianza y el respeto mutuo. Su historia de amor se convirtió en una inspiración para quienes los conocían, demostrando que, con amor y dedicación, cualquier cosa es posible.

 

Y así, Angeline y Simón vivieron felices, enfrentando cada día con el mismo amor y pasión que los había unido desde el principio. Su amor perduró a través del tiempo, convirtiéndose en un legado de esperanza y felicidad para futuras generaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Angeline, recordó que tuvo un gran amor que la acostumbre a todas esas cosas maravillosas y por él aprendió lo que es el amor desde la primera noche que lo amo.

Pero que fue Simón a quien quiso toda la vida.

 

Simón también recordó que Angeline fue su único y gran amor,

desde la primera noche que la amo y que

la seguirá queriendo hasta el final.

 

FIN

 

 

 

 

 

 

Agradecimiento

 

¡Agradezco a Dios!, por haberme dado la posibilidad intelectual de hilvanar palabras, que puedan convertirse en un texto legible y poder ser interpretado por cualquiera que sepa leer.

 

También agradezco el contar con Internet, que me posibilitó el poder disponer de Google, para hacer la búsqueda de todos los elementos que no estando en mi intelecto los logre localizar y usarlos en la redacción de este texto. Sobre todo, contar con los mapas y las descripciones de los lugares que menciono en la ficción del relato. Lo mismo que la posibilidad de traducir al italiano las expresiones que pongo en los labios de personajes de la trama, trama que ideé con la finalidad de expresar en el idioma del lugar lo que en la mayoría de los casos corresponde a sentimientos, sentimientos que no pueden esconderse y al expresarlos en la lengua del lugar pueden tener un significado más profundo y acorde con la realidad, aunque en sí, es una ficción.

 

Las personas que me lean también tendrán que usar el traductor para poder entender la expresión, aunque en la mayoría de los casos escribo en los dos idiomas, en español para que lo entiendan todos y en italiano para hacerme el farsante, lo cual también me proporciona una satisfacción adicional que recrea mí ego e incrementa el amor propio.

 

Agradezco a todas las personas de mi entorno, por permitir que me encierre en mí mismo, para poder extraer de mi consciente y mi subconsciente las palabras, hechos y circunstancias que van formando este relato.

 

El hecho de escribir esto, produjo en mi un desgaste psicológico, porque no es fácil el tener que redactar temas que pueden ser muy comunes, pero que generalmente se mantienen escondidos bajo siete llaves. Además, uno sigue pensando en lo mismo después de que deja de escribir y va preparando mentalmente lo que continua, por lo tanto, es como un martillo que golpea en el mismo sitio, esto me hizo recordar el adagio que expresa lo mismo con otras palabras. «tanto va el cántaro al agua, que al final se rompe» Indica que, si alguien se expone a menudo a situaciones de peligro, acabará teniendo que sufrir las consecuencias negativas de las mismas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santa Cuz, junio de 2024

 

 

Saludos.