info@miguelaramayo.com

Biografía.

3 Jun

Biografía.

Me llamo Miguel, porque mi madre me bautizo así, ya que nací el día del Arcángel Miguel, pero mi padre me registro en el registro civil, como Carlos Víctor, supuesto nombre de los primogénitos Aramayo, pero todos me llaman y me conocen de Miguel o “Miguelito”, que consideró mi nombre y no mi seudónimo o alias, si fuera delincuente, pero soy un angelito. Algunas veces use el seudónimo de Luis Alviña, que fue el nombre de mi tatarabuelo, para escribir temas políticos.

Nací antes de que termine la segunda guerra mundial, en septiembre del año 1944, en Nuestra Señora de La Paz. A los 11 años entre al seminario Salesiano «Domingo Sabio», permanecí allí 3 años, salí del seminario y entre a La Salle. Me emancipé a los 17 años y fui por un tiempo a Buenos Aires, trabajé, estudié: secretariado, prácticas de escritorio y perito mercantil, Retorné y estuve 1 año en La Paz. Me enamoré de Santa Cruz y me vine acá, ya son 49 años. Entre a la Universidad Gabriel Rene Moreno. A los 22 años me casé, tuve dos hijos, fundé Contec, fui a trabajar al campo, con mi suegro, 3 años. Me gradué de auditor. Incursioné en la computación.

Colaboré a la educación profesional de mis 2 hijos, en Brasil 5 años y 1 en Estados Unidos. Se casaron y me dieron, primero, 5 nietos, que los disfruté en extremo, después de 6 años llegó un nieto más, José Miguel y, después de 8 años llegó el ultimo, Lucas. Ahora el primero de mis nietos, Carlos André,  tiene 20 años y el último 3.

 

Comencé a escribir en 1997 y esta novela (Qué suerte negra) hace 11 años atrás, el 2006, desde ese entonces me dediqué a leer novelas, en busca de un estilo, además escribí más o menos unas tres mil hojas, que las tengo inéditas. Que a partir de que termine esta feria las comenzaré a publicar en más o menos cinco libros. Para la próxima feria,  si Dios quiere, publicaré otra novelita autobiográfica, que la tengo a medio escribir, buscando documentarla con recuerdos de mi madre, que es lo más añejo que me queda.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 31-05-2015

 

3 Jun

Biografía.1

Se llama Miguel, porque su madre lo bautizo así, ya que nació el día del Arcángel Miguel, su padre lo registró en el registro civil, como Carlos Víctor, supuesto nombre de los primogénitos Aramayo, pero todos le llaman y le conocen de Miguel o “Miguelito”, que considera su nombre y no su seudónimo o alias si fuera delincuente, pero es un angelito. Algunas veces usó el seudónimo de Luis Alviña, que fue el nombre de su tatarabuelo, para escribir temas políticos.

Nació antes de que termine la segunda guerra mundial, en septiembre del año 1944, en Nuestra Señora de La Paz. A los 11 años entró al seminario Salesiano «Domingo Sabio», permaneció allí 3 años, salió del seminario y entró a La Salle. Se emancipó a los 17 años y fue por un tiempo a Buenos Aires, trabajó y estudió: secretariado, prácticas de escritorio y perito mercantil, Retornó y estuvo 1 año en La Paz. Se enamoró de Santa Cruz donde se estableció hace 49 años. Estudió en la Universidad Gabriel Rene Moreno. A los 22 años se casó, tuvo dos hijos, fundó Contec, trabajó en el campo, con su suegro, 3 años. Se graduó de auditor. Incursionó en la computación.

Colaboró con la educación profesional de sus 2 hijos, en Brasil 5 años y 1 en Estados Unidos. Ellos se casaron y le dieron, primero, 5 nietos, que los disfrutó en extremo, después de 6 años llegó un nieto más, José Miguel y, después de 8 años llegó el ultimo, Lucas. Ahora el primero de sus nietos, Carlos Andrés,  tiene 20 años y el último 3.

 

Comenzó a escribir en 1997 y hace 10 años atrás esta novela (Qué suerte negra), el 2006, desde ese entonces se dedicó a leer novelas, en busca de un estilo, además escribió más o menos unas tres mil hojas, que las tiene inéditas. A partir de que termine esta feria las comenzará a publicar más o menos cinco libros. Para la próxima feria, si Dios quiere, publicará otra novelita autobiográfica, que la tiene a medio escribir, buscando documentarla con recuerdos de su madre, que es lo más añejo que le queda.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 31-05-2015

 

3 Jun

Primer libro.

Este libro, lo escribí hace algo más de diez años atrás. Pretendí en varias oportunidades presentarlo a concursos, pero siempre pensé que le faltaba mucho en términos literarios.

Durante ese tiempo he debido leer unas ciento cincuenta novelas y he debido escribir algo próximo a las tres mil hojas. He tenido la paciencia y el aliento de varios amigos que asiduamente leen mis escritos, pero sólo uno (Hector Di Benedetto)  lo hace en forma crítica, diciéndome, que está mal, que debo corregir y algunas veces alabando lo que escribí.

 

Poco a poco voy mejorando, pero aún me siento disconforme, tengo la seguridad que puedo mejorar, pero que difícilmente llegaré a ser un buen escritor, desde luego, porque no soy más que un aficionado que descarga sus sentimientos en escritos.

 

Como el tiempo pasa y es inexorable, he decido publicar todo lo que escribí hasta ahora y continuaré escribiendo, para dejar que alguno de mis nietos se anime a publicar lo que quede escrito en mi computador.

 

Me olvidaba nombrar a mi madre, que es mi mayor inspiradora y quien más influyó para que escriba, porque ella disfruta leyendo lo que produzco. Cuando era chico le escribía poesías y soñaba, con algún día poderle escribir la letra de una canción, ahora me alaba lo que le envío y queda feliz, porque incentivo su  memoria y sus recuerdos, que también son míos.

 

Hubo una persona que me animo a escribir (Bruna Antelo) y me inicié escribiendo cuentos para mis nietos, después incursione en cuentos para mayores e incluso me anime a escribir sobre temas eróticos y probé escribiendo suspenso.

 

Busque una muletilla, para poder escribir con algo de soltura y me imagine un Ser Chiquito. Personaje que me acompaña desde mi infancia y que me inspira (Mi Angel de la guarda). Después psicológicamente me trasladé a vivir en París y me ayudé, para facilitar las inspiraciones, en una amiga imaginaria, con quien recorrí los cinco continentes en innumerables viajes.

 

También incursioné en algo de política, aunque en ese tema soy neófito. Lo que me dejó mejor resultado fue la poesía, pero sin métrica, dando simplemente rienda suelta a mis  sentimientos y llegué a satisfacerme con lo que escribía.

 

Ahora estoy escribiendo una segunda novela, algo autobiográfico, que pretendo que sirva a mis nietos, como una guía de lo que fueron sus ancestros, en los que me incluyo como personaje principal, pero no para satisfacer mi ego, sino para mostrar como ejemplo algo escrito, de lo que fui, de lo que hice y lo que fueron e hicieron, quienes me precidieron. Esto también me sirve como un ejercicio para exteriorizar mi memoria de lugares, circunstancias y personajes con los que compartí mi existencia.

 

La novela que presentó ahora, es una historia que me contó una de mis bisabuelas (Eloísa Alviña), que me sirvió de pretexto para relatar un viaje, que hice entre España y Portugal, con mi nieto Carlos Andres y, dejar constancia de los nombres de mis ancestros. Y como todo lo que yo hago en mi vida, esto también lo hice con amor y por amor.

 

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 26-05-2015

 

3 Jun

El amor es.

El amor es un bello sentimiento, sentimiento que todo lo puede y en ese todo, él es un sentimiento peligroso, sentimiento que uno debe cuidar, porque así como te puede elevar al cielo, tiene la capacidad de transportarte al infierno.

 

El amor es dulce y puede llegar a que ese dulce te empalague, te hastíe, te produzca temblores de repulsión, pero también puede ser acido, tan acido como un limón, pero incluso así de ácido te puede ser agradable al paladar, porque al ser ácido, también puede ser astringente y atraparte en ese sabor, en esa sensación que te produce salivación.

 

El amor es suave, cundo lo sabes controlar, pero puede entrar en ebullición y en ese caso te puede llegar a sanar, a cocinarte y hasta quemar, se debe regular, para que no se enfría, ni se llegue a recalentar.

 

El amor es manso, pero uno debe cuidar esa mansedumbre y no exagerar de esa paz, porque al igual que un potro, se puede encabritar y emprender una fugaz carrera o se puede empacar, estancar de una manera, que ni las espuelas ni la fusta lo pueden convencer de continuar el trote, pero lo peligroso seria que emprenda una veloz carrera y se desboque, perdiendo las riendas, el freno y el volcado e incluso desprenda la cincha y el lazo.

 

El amor es fresco, si lo sabes ventilar, pero puede convertirse en un sopor, una fiebre que afecte tu salud o puede llegar a enfriarse, si no sabes protegerlo de las inclemencias del tiempo y del frío, que algunas veces influye en la humanidad de las personas, porque soplan vientos adversos y gélidos.

 

El amor, el amor es el amor y es difícil de controlar, puede tener raíces profundas o ser superficial, como una planta rastrera y por lo tanto, el amor necesita, de calor, de atención, de dedicación, porque es un sentimiento bello y como bello sentimiento, necesita protección y abrigo, pero también necesita de libertad, libertad que le permita respirar a satisfacción, para poder crecer y estabilizarse.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 03-06-2015

 

26 May

Primer libro.

Este libro, lo escribí hace algo más de diez años atrás. Pretendí en varias oportunidades presentarlo a concursos, pero siempre pensé que le faltaba mucho en términos literarios.

Durante ese tiempo he debido leer unas ciento cincuenta novelas y he debido escribir algo próximo a las tres mil hojas. He tenido la paciencia y el aliento de varios amigos que asiduamente leen mis escritos, pero sólo uno (Hector Di Benedetto)  lo hace en forma crítica, diciéndome, que está mal, que debo corregir y algunas veces alabando lo que escribí.

 

Poco a poco voy mejorando, pero aún me siento disconforme, tengo la seguridad que puedo mejorar, pero que difícilmente llegaré a ser un buen escritor, desde luego, porque no soy más que un aficionado que descarga sus sentimientos en escritos.

 

Como el tiempo pasa y es inexorable, he decido publicar todo lo que escribí hasta ahora y continuaré escribiendo, para dejar que alguno de mis nietos se anime a publicar lo que quede escrito en mi computador.

 

Me olvidaba nombrar a mi madre, que es mi mayor inspiradora y quien más influyó para que escriba, porque ella disfruta leyendo lo que produzco. Cuando era chico le escribía poesías y soñaba, con algún día poderle escribir la letra de una canción, ahora me alaba lo que le envío y queda feliz, porque incentivo su  memoria y sus recuerdos, que también son míos.

 

Hubo una persona que me animo a escribir (Bruna Antelo) y me inicié escribiendo cuentos para mis nietos, después incursione en cuentos para mayores e incluso me anime a escribir sobre temas eróticos y probé escribiendo suspenso.

 

Busque una muletilla, para poder escribir con algo de soltura y me imagine un Ser Chiquito. Personaje que me acompaña desde mi infancia y que me inspira (Mi Angel de la guardia). Después psicológicamente me trasladé a vivir en París y me ayudé, para facilitar las inspiraciones, en una amiga imaginaria, con quien recorrí los cinco continentes en innumerables viajes.

 

También incursioné en algo de política, aunque en ese tema soy neófito. Lo que me dejó mejor resultado fue la poesía, pero sin métrica, dando simplemente rienda suelta a mis  sentimientos y llegué a satisfacerme con lo que escribía.

 

Ahora estoy escribiendo una segunda novela, algo autobiográfico, que pretendo que sirva a mis nietos, como una guía de lo que fueron sus ancestros, en los que me incluyo como personaje principal, pero no para satisfacer mi ego, sino para mostrar como ejemplo algo escrito, de lo que fui, de lo que hice y lo que fueron e hicieron, quienes me percibieron. Esto también me sirve como un ejercicio para exteriorizar mi memoria de lugares circunstancias y personajes con los que compartí mi existencia.

 

La novela que presentó ahora, es una historia que me contó una de mis bisabuelas (Eloísa Alviña), que me sirvió de pretexto para relatar un viaje, que hice entre España y Portugal, con mi nieto Carlos Andres y, dejar constancia de los nombres de mis ancestros. Y como todo lo que yo hago en mi vida, esto también lo hice con amor y por amor.

 

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 26-05-2015

 

26 May

Los viejitos.

No saben por qué, pero se imaginan, que los viejitos siempre fueron viejitos, como si hubieran nacido con esa condición, nunca piensan que esos viejitos tuvieron una existencia similar a la de cualquier otro humano, que están cumpliendo el siclo impuesto por la vida, el siclo impuesto por Dios: “Creced y multiplicaos”. Hasta los más viejitos nacieron bebes, fueron niños, adolecentes, jóvenes, adultos, adultos mayores, mayores, de la tercer edad y últimamente hasta de la “cuarta edad”, gracias a la medicina, los avances tecnológicos, la gimnasia y las “multi vitaminas” y más bien, se utiliza cada vez menos la palabra viejo o anciano, porque realmente se está perdiendo la costumbre de llamarlos así. Antes esas eran las palabras más empleadas: “viejo” para todo el que había pasado de los cincuenta y “anciano” de más de setenta y si superaba los noventa era “ancianito”.

 

Las grandes obras de la humanidad en el arte, las ciencias y la literatura fueron hechas después de la juventud e incluso en edades avanzadas. Excepciones, como Miguel Ángel que esculpió “la piedad” a sus 26 años. Otros grandes crearon obras importantes, cuando ya eran ancianos como Goya, Velásquez, Salvador Dalí y Pablo Picasso en la pintura; Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez y Unamuno en la literatura y Joaquín Rodrigo en la música.


Platón escribió toda su obra después de los 62 años, Goethe publicó su célebre “Fausto”, cuando tenía 80 años y Cervantes escribió la segunda parte del “Quijote” con 68 años. Mientras Verdi compuso “Otelo” con 63 y “Falstaff” cuando tenía 80 años. Todos estos ejemplos dan a Platón la razón, cuando sentenció: “la madurez comienza a los 60 años”.


Podemos citar a una cantidad asombrosa, pero tan sólo para hacer una enumeración, diremos que son: El cubano Carlos J. Finlay, descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla, Alexander Fleming, que descubrió la penicilina, Mahatma Gandhi, Franz Liszt, el virtuoso pianista húngaro, tocaba el piano y componía piezas musicales, cuando tenía más de 70 años. Bartolomé Murillo, el célebre pintor español, murió a los 69 años, Pablo Neruda, Rembrandt, el inigualable pintor holandés,

 

Para que este análisis sea matizado con cosas reales, que tienen que ver con la edad, nombraron  algunos famosos, que siendo de edad avanzada contrajeron nupcias con mujeres jóvenes, a las que sobrepasaban en 30, 40 o más años. Algunos dirán que el amor es ciego. Algunos piensan  que, seguramente, no todo es amor. ¿No creen? Enumeraron a unos cuantos, porque si quisierán nombrar a todos, la lista sería muy larga: Rodney Dangerfield (cómico y actor estadounidense) y Joan, la diferencia de edad de 31 años. Woody Allen y Previn Sung-I, la diferencia de edad de 35 años. Hugh Hefner y Conrad Kimberley, la diferencia de edad, 37 años. Patrick Stewart y Lisa Dillon, la diferencia de edad de 39 años. Tony Curtis y Jill Vandenberg, la diferencia de edad de 46 años.  Cary Grant y Barbara Harris, la diferencia de edad, 47 años. Anthony Quinn y Benvin Kathy, la diferencia de edad, 47 años. Por último, la mayor diferencia de edad de esta lista. J. Howard Marshall y Anna Nicole Smith, la diferencia de edad, 63 años. El magnate del petróleo casó con la modelo de Playboy.

 

En general los políticos y gobernantes más destacados, que han podido observar, son hombres que superan los sesenta años y algo que demuestra eso, es ver la fotografía de los líderes que lograron parar el holocausto y terminar la segunda guerra mundial. No es necesario nombrarlos porque son todos muy conocidos, pero el que creen que tienen el mayor mérito, es Winston Churchill, que nació el 30 de noviembre de 1874 y falleció el 24 de enero de 1965. Tenía 71 años al finalizar la guerra y 91 cuando partió a la eternidad. Claro que este hombre fue ilustre desde muy joven.

 

Por todo lo expuesto en este análisis, todos los que pasaron de los 60 pueden estar seguros: que  “la madurez comienza a los 60 años”. Según Platón, las estadísticas y la experiencia.

 

Miguel Aramayo

SCZ.23-05-2015

 

26 May

Mercedes.

Me parece que Mercedes, que era una muchacha no bonita, pero si agraciada por sus finos modales, su gentileza y prestancia. Era algo altanera, de mirada extremadamente firme, sus ojos eran muy oscuros y su piel blanca, lo que hacían un contraste agradable. Sus labios eran finitos pero su timbre de voz lo componía todo. Entre gente extraña inspiraba respeto, y en la familia desbordaba cariño, buen humor, además que se expresaba de manera sencilla. Lo que decía con más frecuencia era: “!que te tiró…!” y algo más común,  “!la concha de la lora!”.

 

Había nacido en Buenos Aires (eso es lo que me contaron), en los primeros años del siglo XX, sus padres eran peruanos, pero tenía parientes repartidos en Perú, Bolivia, Chile y Argentina, especialmente por parte de padre. Un peruano muy bien parecido, de unos mostachos castaños y pelo muy ondulado, con una nariz ligeramente aguileña, de tamaño un poco menor al estándar, pero de un amplio pecho, que mostraba que en chico hizo mucho ejercicio y tuvo una buena alimentación. Le gustaba vestir muy bien, no sólo por el gusto de hacerlo, sino por su oficio – Vendedor – requería mostrar prestancia. Desde muy joven se movió internacionalmente entre Chile, Perú, Bolivia y Argentina.

 

Por las fotos (muy pocas) que vi de él,  las mismas muestran que perteneció a un nivel social, algo más alto que de clase media. Era nacido en Arequipa, en el Perú, sus padres lo bautizaron con el nombre de Manuel, su apellido era muy conocido en el lugar, era de origen español, Muñoz, pero no descendiente de los conquistadores, era descendiente de emigrante, de esos que llegaron mucho después de la conquista, cuando los pueblos ya estaban establecidos y el comercio era algo digno y para gente con experiencia.

 

Tenía una propiedad agrícola en Lima, muy próximo al Callao, en un pueblo que se denomina San Vicente de Cañete, el fundo se llamaba “Palos Blancos”, era una propiedad agrícola dedica al cultivo de algodón de fibra larga, el mismo que después de cosechado era procesado en el lugar, para obtener el hilo que después exportaba. En la propiedad tenía la casa de hacienda, que la ocupaba por muy poco tiempo, porque cuando atendía esa actividad se alojaba en la casa que poseí en Lima, pero su residencia permanente era Buenos Aires, en Argentina. Poseía una casa y negocio en Arequipa, que era manejado por los parientes que quedaron en esos pagos.

 

Manuel Muñoz, conoció a una persona con unos cuantos años más que él, pero con una personalidad y una prestancia que enamoraban a cualquier, además era de una buen posición y algo raro para esa época, era una mujer muy bien preparada, hablaba francés, tenía modales muy finos y amplios conocimientos en preparación de ungüentos, porque era hija de un boticario. Que además de preparar medicinas, preparaba todo tipo de ungüentos y hacia extracción de esencias de flores y yerbas, con los cuales preparaba perfumes. La dama que llego a su corazón, se llamaba Eloísa y apellidaba Alviña, su padre era chileno, seguramente descendiente de españoles, porque ese apellido corresponde a una zona de España al igual que Armaio, que además son próximas una a otra localidad.

 

El matrimonio de ambos, Manuel y Eloísa,  fue algo fuera de lo normal, por la diferencia de edades y los años que tenían, en lugar de hacer un matrimonio común, prefirieron huir y refugiarse en Buenos Aires, claro que por todo lo que se y por comentarios, que recibí directamente de Eloísa, sé que fueron muy felices y se amaron mutuamente, hasta que la muerte los separó. Tuvieron una hija, eso con toda seguridad, porque la conocí, pero nunca supe si tuvieron más hijos, quizá por la edad de Eloísa tenían tal vez más de treinta, cuando la tuvo a Mercedes, esto lo afirmo, por las fotos que vi de ambas, en las que no sólo se aprecia su porte distinguido, sino la forma de vestir, la forma de posar, el mobiliario que acompaña la escena, el nombre del fotógrafo, la fecha, donde muestra la ciudad donde fue tomada.

 

Cuando radicaban en Buenos Aires, Mercedes asistía a un colegio de monjas francés, que se llamaba: “Corazón de Jesús”, tuvo una muy buena preparación, hasta aproximadamente los catorce años, tenía amplía cultura, hablaba el francés y estaba preparada para manejar adecuadamente una casa, sabía hacer una serie de trabajos manuales y sobre todo lo que correspondía a corte y confección, pero podía desempeñarse como enfermera, tenía una bella caligrafía y le gustaba escribir, su afición cuando la conocí era la jardinería, le encanta hacer injertos en cualquier tipo de planta, pero principalmente en rosas, además experimentaba con la polinización de algunas platas y obtenía cambios genéticos en el color de algunas flores, como la boca de sapo, los pensamientos, las clavelinas.

 

 

Miguel Aramayo.

SCZ. 25-05.2015

 

21 May

Mi madre y yo.

Existen muchas coincidencias entre mi madre y yo, no sólo es cuestión genética, también tiene  mucho que ver la convivencia, que aunque en mi caso fue muy poca, porque primero dejé mi casa después de los once años, me fui al seminario y allí permanecí por espacio de tres años, después de eso ya fui absorbido por los amigos y el tiempo que permanecía en casa, era en las comidas y para dormir, después a los 17 y poquito, ya la separación fue casi definitiva. Regresé de Argentina, me quedé en La Paz como un año y después me vine definitivamente a Santa Cruz.

 

MI vida fue mucho más apegada a la familia de mi padre, con quienes conviví y guardo muy bellos recuerdos, además en mi formación existe una gran influencia, especialmente de mi bisabuela Eloísa, que es la persona con la que creo haber compartido mucho más, que con el saldo de miembros de la familia, creo que mi comportamiento social, de educación y protocolo (farsa), tiene más influencia paterna. Creo que pese a estar más distanciado de la familia de mi madre, han quedado en mí, muchas más cosas de esa convivencia lejana, que se observan sobre todo en el trato familiar de confianza. A continuación procuraré describir algunos de los aspectos de la familia de mi madre, que tuvieron y tienen mayor influencia en mí.

 

El gusto por la comida. Todas las parientes de mi madre tuvieron y tienen una sazón extraordinaria, para aderezar los platos, que en su mayoría son los típicos de la comida de La Paz, pero es tan noble eso que en un huevo frito, con arroz graneado y una ensalada de cebolla y tomate, tienen otro sabor, si fueron preparados por mi madre o mi hermana. Además que es algo que guardo en mi  memoria y en mi paladar, ni que decir de un bife apanado o un picante, o una de las substanciosas sopas, los niños envueltos o el chupe de camarones.

 

El gusto por la música y el baile, especialmente el tango. En muchas oportunidades he contado que me gustaba bailar con mi madre, con la cual buscábamos cualquier pretexto para bailar un tango. Esa afición por la musica y el baile también es compartido por todos los miembros, hombres y mujeres, de la familia de mi madre, además que todos ellos llevaban la alegría y la espontaneidad a flor de piel.

 

El gusto por la poesía y la lectura en general. Mi abuela Juana Martinez de Mejía, todo lo quería expresar en verso o por lo menos en prosa y constantemente estaba recitando poesías famosas, sin tener que esperar ocasión especial y los refranes y dichos, los tenía en la punta de la lengua, además que cuando estaba en esa vena, que era la mayor parte del tiempo, lo hacía con entonación y mímica. Esa misma afición la heredaron sus hijos, porque mi madre y sus hermanos, también estaban recitando en cualquier momento.

 

El gusto por el orden y la estética del hogar o el lugar de trabajo. En eso creo que la familia de mi padre superaba a la familia de mi madre, aunque recuerdo la forma de decorar la casa que tenía mi madre, que forrando cualquier cajón, hacia un mueble útil y agradable, con cualquier desperdicio de lana hacia un pisito, una cubrecama y con cualquier paño forraba los muebles al extremo que éstos expresaban amor.

 

Los rasgos físicos, la nariz chiquita, los ojos claros, la piel blanca, el cabello castaño y ondulado. Todo eso en mi es heredado de la familia de mi madre, los genes de mis ancestros maternos fueron mucho más fuertes que los de la familia de mi padre.

 

La forma de reír y la forma de expresar cariño. En ese sentido puedo, decir que soy idéntico a mi madre, porque ella fue muy particular en esos rasgos y quizá su hermano Jaimito, hubiera sido otro de los miembros de esa familia, que se parecía mucho a mi madre y por lo tanto, yo me parezco a él, aunque él era bien moreno, con una cara sonrisa en forma permanente y que tenía el chiste, la ironía a flor de labios.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 21-05-2015

 

20 May

Un velatorio.

Cuando alguien asiste a un velorio puede observar un sinfín de expresiones, desde la expresión de dolor profundo de los dolientes más cercanos, hasta expresiones de alegría y cariño, de amigos o parientes que no se encontraban por mucho tiempo y dada la ocasión estaban juntos. Aunque algunos estaban sufriendo por la partida de un ser querido, otros se alegraban de encontrar un ser querido, después de mucho tiempo.

 

Se puede comprobar, que la gente no puede quedarse callada, especialmente las del sexo femenino, las mismas que pese a ser más sensibles, por lo menos de acuerdo a la opinión generalizada, incluso se las observa riendo. Otra cosa es ver el uso de celulares y esta vez, también con mayor frecuencia las de sexo femenino.

 

Es muy común que pasen repartiendo refrescos, cafecito, galletitas y en algunas oportunidades, sándwich  y hasta empanadas, como si los que asisten al velorio tuvieran necesidad urgente de alimentarse o como compensación de parte de los dolientes, para agradecer el acompañamiento de los amigos y parientes.

 

En algunas oportunidades, se observa  que alguien, con gran piedad, invita a rezar el Rosario y la gente tienen que cumplir con la solicitud, pero también sucede que algún cristiano con salmos y letanías, distraiga la atención de los presentes. En ambos casos, a los que están presentes, no les queda más remedio que cumplir con lo impuesto por algún voluntario intransigente, que hacen con los demás lo que se les antoja de acuerdo a su piedad.

 

Hoy me tocó estar en un velatorio y como es mi costumbre, después de dar mis sentidos pésames a los parientes más cercanos y que yo conozco, me acomodo en una de los asientos más próximos al difunto y mientras miro la foto, que generalmente está junto al féretro, observo los rasgos del mismo para traerlo a la memoria, si lo conocía en vida y sino para apreciar cómo era cuando estaba con vida. Mientras hago eso, en mi interior y sólo para mi rezo con total devoción, recordando a todos mis parientes y amigos que ya partieron a la eternidad e incluso pienso, que mucha de esa gente estará presente en una situación similar, cuando sea yo el que esté en el féretro.

 

Ahora observaba mucho de lo expresado en los párrafos anteriores, pero además tuve una extraña sensación mientras miraba los ramos de flores y apreciaba las bellas flores, de todos los tipos, pero en su gran mayoría de color blanco, rosas, lirios, crisantemos, gladiolos y hasta hortensias.

 

Junto a mí, en una pequeña mesita, había un arreglo floral deliciosamente preparado por manos expertas, las flores, en su mayoría botones de rosas blancas rodeadas de crisantemos e ilusiones del mismo color y resguardadas por hojas muy verdes y para completar ese hermoso cuadro, muchas lloronas de un verde retoño que le daba el toque final de elegancia.

 

Mientras apreciaba ese arreglo, quedé sorprendido, me pareció escuchar un susurro que provenía del arreglo, como si en el mismo hubiera un altoparlante, pero también noté que las flores se movían muy sutilmente, como si estuvieran mecidas por la brisa o el viento que producía una de las salidas del aire acondicionado, pero no, eran las flores que conversaban entre ella, sin preocuparse por mi observación. Dejé de mirar el bello arreglo, pero puse atención en lo que se decían entre las flores del mismo. Gran sorpresa, un la decía a las otras: ¿Que raros que son los humanos?, están en una situación de dolor, en un ambiente de pesar y si te fijas, todos charlan, algunos hasta ríen, mientras que la persona que acaba de pasar a la eternidad, reposa sola en el féretro. Otra de las flores le responde: tienes razón, pero recuerda que ya es sólo un cuerpo, el alma, el espíritu ya está con Dios.

 

Miguel Aramayo

SCZ 20-05-2015 Velorio de la mamá de Maria Alicia Lijerón, una gran amiga y compañera de U.

 

19 May

Una mujer.

Era un día de mucho calor y por lo tanto la ropa estorbaba y Maria se vistió con la ropa que convenía al momento, una faldita muy corta, una blusa muy liviana, una bombachita y nada más, su cabello largo incentivaba el calor sobre los hombres, por lo tanto era necesario alejarlo del esbelto cuello y para eso que mejor que una colita, que los suspenda nuevamente sobre la nuca. Con esa figura, María impactaba, su altura era algo más de 1.70 m. y su peso no superaba los 52 Kg., con una musculatura firme por el ejercicio que realizaba, era una muy aficionada al deporte y el ejercicio cotidiano hizo que se desarrollen sus muslos y que resalten sus nalgas, que acompasaban una caderas no exageradas y muy bien formadas. Su cara era bonita, como un digno exponente de sus ancestros, su piel muy blanca, sus labios carnosos y de un color carmesí, que daban la impresión de estar recién pintados, sus ojos negros enmarcados por unas pestañas, que le hacían una sombra con la impresión de estar delineados y como hubiera usado rimel, con una cejas que aparentaban haber sido depiladas, lo cual era un premio de la naturaleza. Su rostro, mostraba la lozanía de la juventud y de su corazón brotaba la pureza y virginidad propia de sus 17 años.

 

María caminaba por la plaza, cuando vio a un muchacho, medianamente apuesto, pero con el uniforme militar que le hacía aparentar un mejor porte, pero además con el coraje y desenvoltura que le permitieron abordar a María, con una galantería exagerada, propia de su edad, él tenía no más de 21 años y en la cabeza bullían un sinfín de ensueños, sueños y deseos. Por el porte y la mirada, aparentaba ser buena persona. Lo cual hizo que María se fijará en él, viendo no sólo lo que mostraba, sino también lo que aparentaba. 

 

De ese encuentro, que cualquiera podría pensar, pensar que era una simple casualidad, pero puedo decir, sin lugar a equivocarme, que era algo que Dios lo tenía preparado, para hacerles una broma a ambos muchachos, pero sobre todo, para satisfacerse, viendo cómo podía demostrar, que el amor lo trasciende todo y Él que es amor, porque es sabido que Dios es amor, hacer que esa pareja pueda disfrutar del amor que ambos llevaban a flor de piel. 

 

Sucedió lo que Dios tenía planeado, mejor dicho, se divirtió haciendo que María y el muchacho dirijan su caminar, hasta poder decir que el destino los juntó. Cada uno caminaba en sentido contrario, pero en círculo, lo que indicaba que después de un tiempo se cruzarían, así sucedió inevitablemente, porque además, Dios lo planeo así. Al cruzarse, sus ojos se penetraron y quedaron subyugados el uno del otro, pero la timidez de ambos, no les animó para que se unieran y por lo tanto siguieron caminando, con la esperanza de volverse a cruzar, pero esta vez apuraron el paso, porque las ansias iban in crescendo.

 

El tiempo transcurrido hasta el próximo encuentro, fue menor y cuando se produjo, ambos estaban con el resuello entrecortado, por el esfuerzo realizado, acompañado de una profusa sudoración, producida por la misma causa. Esta vez no sólo cruzaron miradas y sonrisas, sino que se aproximaron y se dirigieron la palabra, de la siguiente manera: El muchacho le dijo, disculpe, pero hace mucho que me fijo en usted y he quedado prendado, de su porte y donaire y no puedo quedar sin decirle que me impresionó. Ella se ruborizó de tal manera que dio la impresión que había aumentado de temperatura y estaba a punto de arder. Tartamudeó al responder y dijo: Usted también me produce la misma sensación. ¿Podemos caminar siguiendo el mismo sentido? y de esa manera  conversar. 

 

Es así como nace una relación de amor, que no se concreta en forma inmediata, va transcurriendo con cierta lentitud, como corresponde a relaciones serias y duraderas, pero el tiempo que es inexorable, pasa apacible hasta que llega el primer beso, beso lleno de ansias de amor apasionado, que más que unir labios, une almas y transporta a ambos hasta lo que podría llamarse paraíso. 

 

Con eso Dios, quedó satisfecho, hizo lo que se proponía y demostró de esa manera que el amor es un sentimiento que puede cambiar a las personas y acercarlas más a Él, con lo cual las tiene más a su alcance y los mantiene puros y como ejemplo para mejorar la humanidad. . 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 16-05-2015