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El obsequio del ovni

22 Ago

El obsequio del ovni

Después que partió el ovni llegué a mi casa con el maletín de cuero y al abrirlo observe que contenía un computador ultra delgado y ultra liviano, tenía etiquetas con signos indescifrables, pero el teclado estaba en español, incluso existía la letra “Ñ”, era lo único que lo diferenciaba con relación al computador “Lenovo” que estoy utilizando, claro que era la mitad de espesor y la tercera parte de pesado, todo lo demás era igual, incluso el botón del mouse que se encuentra entre medio del teclado y es de color rojo, pero no tenía ninguna indicación del procesador, o alguna otra característica, tampoco poseía una marca conocida, únicamente un garabato, que seguramente ese era su distintivo, todas las características que se mostraban en la base, eran indescifrables.

 

Me puse en contacto con Ernesto y ni bien le conté lo que me había sucedido el tiempo que tardó en llegar a mi casa, fue más o menos el tiempo que tardo el ovni en desaparecer después de dejarme el regalo. Como yo también soy veloz, mientras Ernesto estaba en camino a mi casa abrí el que parecía un manual, estaba escrito en perfecto español, pero el tipo de letra que empleaba, más parecía manuscrito antiguo, pero perfectamente legible. Eran las instrucciones para el manejo y mantenimiento del computador, su transformador de corriente era muy delgado y pequeño, lo mismo que el enchufe para insertar en la corriente, con la particularidad que era adaptable a varios tipos de toma corriente, con sólo mover las clavijas que se deben insertar en el enchufe hembra, el conector para el computador era el nuevo USB-C.

 

Llegó Ernesto y quedó sorprendido con el computador, inmediatamente lo encendió y verificó que la carga de la batería estaba a full y por lo tanto no era necesario conectarlo a la corriente, pero comprobó en el manual que estaba fabricado para trabajar con corriente de 220 voltios, adicionalmente venia un mouse inalámbrico que funcionaba con bluetooh, según la información que se pudo leer después de encendido. Poseía un procesador tan veloz, que no era algo conocido por nosotros, era tecnología cuántica y tenía un chip de “60 qubits”. La luminosidad de la pantalla era de tal nitidez, porque además era tridimensional, pero realmente 3D, sin necesidad de usar lentes, ni bien pulsó el botón de encendido ya estaba en funcionamiento y venia instalado el Windows, la última versión y todos los programas para trabajar que ofrece Microsoft Office, el disco era uno de “estado sólido” de diez terabytes, la memoria funciona a una velocidad sorprendente.

 

El manual estaba tan bien explicado que su uso era para cualquier persona con conocimientos básicos de computación, la tecla “F1” desplegaba un holograma que prestaba una ayuda extraordinaria, pero además poseía un sistema de ayuda similar a “SIRI”, que te dejaba con la boca abierta, le preguntabas cualquier cosa y te respondía con un timbre de voz similar al tuyo, pero además por escrito, que podías imprimir inmediatamente.

 

El otro libro que daba la impresión de ser cuentos, en realidad era un complemento del manual, donde estaban algunos ejemplos de los diferentes programas, pero explicados de tal manera, que parecían guías para chicos, con figuritas que daban la impresión de ser dibujos animados.

 

Mientras Ernesto averiguaba todo lo que tenía el computador, entre lo que lo usaba y leía el manual, se quedó sorprendido al ver la autonomía de la batería, se podían trabar veinte horas continuas y se recargaba a full en dos horas.

 

Más sorprendido quedó cuando entró el primer mail que decía: “Miguel ya hemos tenido la confirmación que estás usando el computador, esperamos que estés satisfecho y puedas reemplazar el que tenías, cualquier falla que se te presente o cualquier consulta que te surja, estamos a disposición para solucionar los problemas a distancia. Además de Internet tienes un servicio similar por antena satelital, sin ningún costo.

 

Este es un equipo prácticamente indestructible, podrá ser sumergido en agua o cualquier otro líquido y no sufrirá ningún daño, de la misma manera ningún golpe podrá afectarlo, por fuerte que fuera éste. De todas maneras, como sabemos tu forma de cuidar tus equipos, tenemos la seguridad que será una buena herramienta de trabajo y nos podrás hacer algunos favores que necesitamos, sobre todo de información que puedes conseguir.

 

Miguel Aramayo

SCZ.21-08-2017

 

19 Ago

Un ovni

Como siempre, distraído mirando por la ventana de mi escritorio, esta vez vi algo extraño; primero pensé que era el sol que se reflejaba en algún vehículo que pasaba por el parque, era un circulo naranja, con el típico color naranja que tiene el fuego, con jaspes rojos y violetas. Pero a medida que me concentraba al ver ese destello, me di cuenta que no era lo que yo pensaba en un principio, no era el reflejo del sol. Era un disco que se mantenía en el espacio, se notaba una pequeña vibración, pero era algo imperceptible, salvo que estés tan concentrado, como me encontraba yo en ese momento.

 

Salí del escritorio y me aproxime a la palmera que está en mi jardín, con el objeto de buscar su sombra, pero al mismo tiempo la aproximación al objeto que se veía a muy corta distancia, en el parque entre dos árboles, el tarumá y el jorori, su diámetro era algo incierto, pero me animaría a decir que era un disco de aproximadamente unos seis metros de diámetro y con un espesor que no excedía de los tres metros, parecía una pelota de futbol americano. Su brillo era intenso, daba para encandilar, pero como mis lentes son foto cromáticos, aminoraron ese brillo y me dejaron apreciar.

 

Entré nuevamente a mi casa, pero esta vez para sacar la llave y poder abrir el candado de la rejita chica y poder salir a la calle, hice eso y sentí como una atracción hacia el objeto que se mantenía suspendido en el parque. No había ni un alma, era algo más de la una y por lo tanto la gente estaba almorzando o durmiendo siesta, en mi casa yo estaba solo, como estoy casi todos los sábados del año, estaba haciendo hora en espera de mis nietos para salir a almorzar.

 

Caminé en dirección del parque, crucé la calzada, por la parte más ancha, donde se unen cuatro o cinco calles, el objeto había descendido en la grama y se observaba algo similar a una escalera, o quizá una rampla que facilitaba el descenso de personas de la nava hacia el pasto. Me quedé quieto y boquiabierto, un personaje de baja estatura y cuerpo delgado, de brazos más largos que lo normal y con una escafandra que no permitía percibir su rostro, descendió. En la mano llevaba algo similar a un maletín de mano, que aparentaba ser de cuero, café oscuro.

 

Cuando estuvo pisando la grama, camino en mi dirección y yo hice lo mismo, como queriendo encontrarme con ese personaje, no tuve ningún temor, me pareció algo muy natural ese mi proceder y el actuar del individuo que se aproximaba.

 

Cuando estuvimos a corta distancia, tan corta que si ambos estirábamos nuestros brazos podríamos darnos la mano, y eso fue lo que hicimos en forma automática, yo lo miré distinguiendo simplemente un reflejo en el vidrio visor de su escafandra, no supe si el hacía lo mismo, pero por el brillo imperante en el ambiente, mis lentes estaban totalmente oscuros, quizá con un filtro de más del setenta por ciento.

 

Nos dimos la mano, pero de una forma anodina y a continuación me entregó el maletín, entornó su cuerpo y retornó a su nave. Yo me quedé petrificado, no entendía en absoluto que es lo que sucedía. Cuando el ser extraño ingreso en su capsula, se levantó la escotilla, hasta cerrar la nave y como un suspiro se elevó a tal velocidad, que no me dio tiempo de ver nada, era como si una aparición hubiera desaparecido, se hubiera esfumado, al extremo que me dejó la sensación de que nunca sucedió nada, a no ser por el maletín que permanecía en mis manos.

 

Retorne a la casa, cerré la rejita y pegué el candado, al entrar a mi casa dejé el maletín sobre uno de los sillones de mi escritorio y me dirigí a la cocina para servirme un vaso de agua, retorné al escritorio y antes me miré en el espejo de entrada, mis lentes ya no estaban oscuros, mi rostro no denotaba nada extraño, pero me fije que mi cabello tenía un brillo azulado, podría ser porque esa mañana use champú y crema, o que en algo influyó el brillo de la nave con la que tuve contacto.

 

Abrí el maletín y dentro de él había un computador muy delgadito y dos libros que parecían ser manuales de operación o de instrucciones, el computador era ultra delgado y no tenía nada particular a la vista, salvo que el material con el que estaba construido era muy liviano, mucho más liviano que si fuera de fibra de carbono. Hojeé los libros y estaban en español, uno era con instrucciones técnicas y el otro era un cuento con algunas laminas a colores.

 

Amigos, después les contaré de que se trata el obsequio que recibí de extraterrestre, o por lo menos extraño personaje y de la nave que podría ser catalogada como un objeto no identificado.

 

Miguel Aramayo

SCZ.19-08-2017

 

7 Ago

La Habana sin tacones

El título de esto, es el del libro que acabo de leer, escrito por la periodista María Elena Labaud. Más que leerlo, me lo comí. Muestra lo que es la Habana, la que es Cuba y que tanto conocemos por sus logros y sufrimientos históricos, Por ese bendito José Martí y por ese maldito Che y más aún por ese par de hermanos que lograron destruirla y llevarla a la inanición en que se encuentra y desde principios de este siglo convertirla en un virus cancerígeno que hizo metástasis en Centro América y América del Sur, disfrazada o por lo menos, con la máscara del Foro de San Pablo.

 

Este libro muestra las crónicas escritas por María Elena, de un viaje que hizo a Cuba en agosto del 2010. Con una fluidez y una sencillez, que estoy seguro, puede ser comprendida incluso por aquellos que leyeron más de veinticinco mil libros y por los que no leyeron ningún libro, pero que no lo creerían sus bases, porque ellas están obnubilados por las historias que les cuentas en multicolor, de las cosas bellas que alcanzó la revolución socialista en Cuba y los logros fantásticos que está alcanzando Venezuela con los gobernantes que entregaron su patria al Socialismo siglo XXI y que quieren seguir el camino de Cuba y que para eso se convirtieron en una colonia de esa bella isla, que los está ordeñando muy sutilmente.

 

El libro es un relato, desde que inicia los trámites para viajar, el viaje, su llegada a la Habana y su estadía en pocos días, pero es tan ameno, porque además permite conocer la Habana. Para aquellos como yo, que no estuvimos nunca en esas latitudes. Desde el prefacio ya uno se adentra en el camino que María Elena transitó, expresando sus temores, sus asombros, sus sobresaltos y las expresiones de los personajes con los que se intercomunica.

 

El detalle con el que narra los lugares por los que anduvo, a pie, en taxi, en cocotaxi y, el sabor de lo que probó como comida, bebida y las conversaciones que sostuvo con sus interlocutores. Me gustó mucho el relato de su visita a la casa de Hemingway, es tan descriptiva que si me pidieran que relate como es la casa, la piscina, el yate, el atracadero, el puerto y los objetos descritos, que estoy seguro que los podría repetir, como si fuera yo el que estuvo en esos lugares. Lo mismo sucede con lo que relata de la noche que pasó en la leyenda que es el cabaret Tropicana.

 

Su paseo en el city tour, con la descripción de los personajes que la acompañaron, el comportamiento del encargado de hacer las explicaciones turísticas y responde las preguntas formuladas por los turistas, con las correspondientes respuestas. La repetición de este paseo en un taxi que tomó para este fin y su paseo a pie, para profundizar sus incursiones en los lugares que le interesaban, como la Bodeguita, o el bar donde se encontró con una muchacha con la que compartieron un mojito y ella le obsequio un lápiz labial y un espejo para que pueda verse la boca pintada y ella le cuente que, pese a que le gustaba hacer el amor, no lo hacía desde que murió su marido, porque le daba miedo contagiarse alguna enfermedad.

 

En todo lo que relata, se me paraban los pelos de punta, porque nadie podría creer que, en las casas con cielos rasos muy altos, se construye un segundo piso en cada habitación, para subsanar el problema de falta de viviendas y a eso le llaman “barbacoa”, la prohibición de matar una vaca para comérsela, el costo de los alimentos y el racionamiento escandaloso de los mismos, la falta de medicina y la educación que no te brinda ningún beneficio, porque un médico gana lo mismo que un taxista, pero que el taxista no es dueño del taxi que maneja y que hasta las prostitutas deben registrarse para ejercer su oficio, porque el caficho (que es como si el estado fuera el proxeneta que comparte ganancias con la prostituta, que no puede ejercer libremente), eso es el propio estado, que nadie es dueño de nada, porque el estado es dueño de todo y les asigna un sueldo, disque, de acuerdo a sus necesidades.

 

Todo está controlado y todo tiene castigos monetarios y cárcel, al extremo que si alguien ve un programa de televisión por cable va preso el que lo provee y el que lo ve pierde su televisor y le cargan una multa.

 

Visito a los santeros y explica con mayor profundidad el tema de los Orishas, que es algo como la asimilación de los dioses africanos a los santos católicos. También conoció la última casa que habitó el Che, del cual dice: “…para sus detractores, se trata de un criminal responsable de asesinatos en masa ajusticiamientos y un sinfín de atrocidades.”

 

Es un libro que deberían leer todos en Venezuela y en Bolivia, que aparentemente son los únicos que quedan del ALBA en Sudamérica y añoran el paraíso cubano.

 

Miguel Aramayo

SCZ.07-08-2017

 

27 Jul

Mi primer dron

Para que mis sueños sean más reales y poder practicar lo que en el futuro será muy común para un sinnúmero de tareas, he comprado un “dron” es una miniatura que cabe en la palma de mi mano e incluso es más chico y puedo comandarlo con mi celular, además que cuesta noventa dólares.

 

Hice la primera prueba, encendí las luces, puse en funcionamiento la cámara, que permite sacar fotos o hacer filmaciones, directamente en la memoria del celular. Ya logré encender sus cuatro motores, lo hice elevar del sueldo lo hice volar y lo suspendí casi cuatro metros, lo hice volar algo más de cinco metros, también logré hacerlo descender y lo apagué.

 

Me hubiera gustado tener unos cincuenta años menos, para tener la mente, la vista y las reacciones más rápidas, pero como el aparatito no requiere que corra detrás de él, ensayaré hasta dominarlo, pero no pienso perder mucho tiempo, porque algo que con la edad disminuye, es la paciencia, ya que uno tiene objetivos de mayor valor, que perder el tiempo en juegos.

 

Cuando era chico me quedaba horas averiguando como era posible que una ferrita con la cual se hacía una bobina y se conectaba a un auricular, por inducción te permita escuchar algunas estaciones de radio, con la única condición de aproximarse a un poste de luz, de esos postes metálicos, que ya no se usan más.

 

Los muchachos de mi generación éramos tan ingenuos y sin nada de conocimientos científicos, que ahora comparo a mi generación con la generación de mis nietos y algunos más chicos que mis nietos y ellos lo saben todo, porque la tecnología se adecuó para ser inductiva, por lo tanto, ahora los chicos usan la imaginación y la razón y logran descubrir más rápido, lo que a nosotros nos cuesta un mondo. Con todos los adelantos científicos, la mente despierta de los chicos y la influencia de la televisión, el crecimiento científico será exponencial. En nuestras épocas hasta los computadores eran más lentos, porque los conductores de ahora no se calientan tanto, existen almacenamientos de mayor capacidad, porque el sistema binario fue superado.

 

Los comandos manuales de los juegos electrónicos, que son algo común desde hace más o menos unos 20 años atrás, ahora son herramientas empleadas por médicos, militares y un sinfín de otras actividades, como el manejo del dron que estoy estrenando, que estoy seguro que cuando lo vean mis nietos lo usarán a la perfección, porque ellos sí que están acostumbrados a los comandos manuales.

 

Ayer me elevé en una alfombra voladora con la ayuda de un genio, para visitar a mi nieta, los chicos de ahora se subirán a un dron y lo conducirán ellos y se movilizarán por donde quieran y se reirán de los sueños del abuelo, del abuelo que todavía creí en el señor de los anillos, en Alibaba, en Aladino, la lámpara maravillosa y hasta en la cigüeña.

 

Todos esos beneficios, de los que disfrutan ahora, se lo deben a la gente de mi generación, que se quemó las pestañas estudiando, experimentando y haciendo un sinfín de pruebas, porque el mayor crecimiento científico se produjo a partir de la segunda mitad del siglo XX, gracias al legado de científicos que se esforzaron en la primera mitad del mismo siglo.

 

Estoy seguro que, con mi nuevo juguetito, podré soñar más y a mayor velocidad para escribir historias, incluso historias de amor, pero seguro que disminuirá mi producción de poesías y poemas, aunque es difícil que se borren mis deseos de continuar escribiendo temas románticos.

 

Miguel Aramayo

SCZ.27-07-2017

 

26 Jul

Un viaje cortito

Recordé que varias veces viajé en alfombra, para visitar a mis nietos, cuando ellos estaban viviendo en Dubai, mientras esos ensueños volvían a mi mente, también me acorde donde estaba la alfombra en la que hice esos vuelos y fui en su busca. La tomé en mis manos, como si se tratar de un tesoro, la desempolve, aunque de apariencia estaba totalmente limpia, pero como yo ya estoy viejo y se me acurren cosas pelotudas y de la caduquera propia de gente mayor.

 

La volví a desempolvar y me fui con ella al fondo del jardín, donde nadie me ve, donde nadie busca, donde yo soy yo y no tengo ninguna interferencia. Además, era un sábado en la tarde y el perro no estaba en casa, había ido al campo con su amo (mi nieto mayor) y en días como ese mi mujer busca que hacer para dejarme solo. Extendí la alfombra en la grama, pero primero tuve el cuidado del espacio elegido, que esté totalmente limpio.

 

Pasé por la cocina y comí un poco de fruta, además de tomar dos vasos de leche y llevarme un paquete de maní tostado y de uvas pasas. Regresé al jardín y con mucho cuidado y cariño me senté en la alfombra e invoqué al genio que siempre nos acompaña en estos vuelos y oficia de piloto. Estuve con los ojos cerrados y totalmente concentrado, pensando en el genio. Escuché una voz en mi interior, pero que al mismo tiempo resonaba en el exterior, pero en un tono más débil, la vos decía: ¿Dónde vamos amo? Esa pregunta me volvió a la realidad y como estaba pensando en mi nieta Lucia, le respondí ¡a Buenos Aires…!

 

El cielo era azul, no tenía ni una sola nube, el viento ni se sentía, en la alfombra éramos dos, el genio que estaba con los pies fuera de la alfombra, vestido como visten todos los genios, con un turbante muy azul (azul índigo) con un rubí que adornaba el frente del mismo y esos pantalones abombachados y por zapatos unos zuecos de satén, como si su único caminar fuera entre las nubes. No se sentía que estuviéramos volando, no había ni ruido de motores ni sobresaltos por las turbulencias, estábamos viajando como me gustaría que fueran todos los vuelos, lo único que me faltaba era un poco de música de Franck Pourcel, porque el genio que me acompaña habla lo estrictamente necesario, por lo tanto, es más el tiempo que está en silencio.

 

Hasta ese momento no había fijado mi mirada abajo y grande fue mi sorpresa al ver algunas montañas y poca vegetación, estábamos en la frontera de Bolivia con Argentina y según lo que me dijo el genio en menos de quince minutos estaríamos en Buenos Aires, agarré el celular y por arte de magia me comuniqué con mi nieta, para que me dé su dirección, porque estaba a punto de visitarla. No me creyó y tampoco quise insistir, me dio la dirección de un condominio en la localidad de Ingeniero Maschwitz, entre Avenida Braun y Calle La Plata, en la provincia de Buenos Aires del Partido de Escobar.  Quedamos en encontrarnos en la plaza, que está a tres cuadras de la dirección que me dio.

 

Llegamos a la plaza, casi al mismo tiempo y por lo tanto me vio bajarme de la alfombra, pero quizá no se dio cuenta, porque estaba caminando muy distraída, bestia de gin y una camisa de franela con diseño escocés, con el cabello suelto a la espalda y como siempre me saludo muy efusiva:

 

–Abuelo que se te ocurrió visitarme.

 

–Te extrañaba y como también quise visitar a mi amigo Héctor (el gordo), dije, primero paso para visitar a mi nieta y ver cómo le está yendo en los exámenes y darle un beso, además de desearle suerte y conversar todo lo que no pudimos hace una semana atrás.

 

Hablamos un montón y después de que me despedí de mi nieta, el genio me hacía señas desde detrás de un Palo Borracho, quería saber que haríamos. Nos subimos a la alfombra que la tenía escondida y arrancamos vuelo con dirección a La Plata. Eso les cuento otro día, que este de ocioso como estoy en este momento.

 

Miguel Aramayo

SCZ.26-07-2017

 

25 Jul

Cosas de amor

Hace muchos, pero muchos años atrás, tantos que es difícil poder establecer si fue antes de la era cristiana. Junto con los libros religiosos, el antiguo y el nuevo testamento, también se encontraron otros escritos que los arqueólogos, los buscadores de tesoros antiguos, algunos estudiosos y quizá algunos simples curiosos se encontraron con desechos o desperdicios eliminados por los sabios, sin llevar el apunte a documentos que siendo del cotidiano vivir de esos pueblos antiguos fueron desechados. Puede ser que esos escritos no fueron encontrados por los eruditos y es por eso que permanecieron donde estaban.

 

Me puse a clasificar eso que los científicos consideraban basura y por pura casualidad descubrí algo escrito por gente común y corriente de esa época, (recopilado por Patricia Rodón) sí, de esa época que no se puede decir a que era pertenecía y cuya escritura era mucho más simple de entender, porque no correspondía a tablillas con escritura cuneiforme, ni tampoco a papiros con jeroglíficos egipcios, hebreos o arameos. Los textos cuneiformes estaban escritos en acadio, elamita, hitita, luvita, persa antiguo y ugaritico.

 

No tenían ningún interés religioso en lo que encontré para leer, estaba interesado en las trivialidades que podrían escribir la poquita gente que tenía ese privilegio y que no pertenecían al grupo de la gente que escribía sobre temas religiosos, de todas maneras, sabía que era fácil perderse en el maremágnum de los libros tales como: El Pentateuco, el Tanaj, la Torá, el Nevilim y el Ketuvim, era cosa complicada y en eso estaban mucha gente.

 

Yo querían saber que escribía la gente común sobre política, amor, temas científicos, e incluso recetas de cocina o manuales de como fundir los metales, y como utilizar la fragua, para hacer utensilios de labranza o armas para la guerra, o simplemente platos y cubiertos. Encontré que hombres y mujeres célebres abrieron su corazón en cartas confesando amores a primera vista, pasiones no correspondidas, ansias secretas y deseos imposibles. Leí un puñado de esos ardientes textos privados. Grandes personajes como Enrique VIII que enloquecido por Ana Bolena, Napoleón por Josefina, Perón por Evita, o Bolívar por Manuelita, Sigmund Freud por Martha Bernays, Gabriela Mistral por Manuel Magallanes Moure o Pablo Neruda por Matilde.

 

Encontré el libro más antiguo sobre cartas de amor, un códice del siglo XII escrito por un clérigo llamado Guido. El texto, llamado Modi dictaminum, está escrito en latín y sobre pergamino, y contiene consejos para todo tipo de cartas, entre ellas las de amor, que ocupan todo el cuarto capítulo. Sus recomendaciones van desde alabar la belleza de la amada, comparándola con piedras preciosas, hasta hacer referencia a versiones mitológicas de la pareja de enamorados, como Paris y Helena de Troya. Ese libro enseña la manera en que la mujer debe escribir al marido, como el modo en que deben hacerlo los amantes, cómo presentarse a la amada y cómo despedirse. 


El autor aconseja también figuras retóricas que indiquen la incapacidad para expresar lo que se siente, como: «Cuán profundamente te amo no podría expresarlo con palabras ni, aunque todos los miembros de mi cuerpo pudieran hablar».


Despedirse con «tantos saludos como peces hay en el mar» o «como flores trae el verano», referirse a la amada diciendo que «vuestra belleza sabe», «vuestra dulzura conoce» y «ya es conocido a vuestra nobleza» o hablar de los momentos felices con expresiones como «el ánimo no soporta tanta felicidad» son otros de los consejos del manual. 


También alude al amor físico: besos, abrazos y deseo. El clérigo utiliza ejemplos, en la misiva G. se dirige así a su esposa: «Tu afecto, amiga mía dulcísima, sabe que por el perfume de tu amor no me negaría a escalar montes o a atravesar a nado mares, e incluso afrontar peligros de muerte». Seleccioné fragmentos de algunas cartas de amor cautivantes que se han escrito a través de la historia; cartas que hablan de amores a primera vista, amores no correspondidos, amores secretos, amores imposibles; cartas sin terminar y cartas que, incluso, no siempre llegaron.

 

«Mi corazón y mi persona se rinden ante ti suplicándote que sigas favoreciéndome con tu amor», escribió Enrique VIII a Ana Bolena en 1528, ocho años antes de decapitarla.

 

Napoleón Bonaparte escribió cartas a Josefina. “Mi dulce Josefina, ámame, que estés bien y pienses muy a menudo en mí”, pero más tarde le decía: «Es imposible estar más débil y degradado. Vuestros pensamientos envenenan mi vida, desgarran mi alma». Un tono distinto apenas un par de meses después: “No te amo, en absoluto; por el contrario, te detesto, eres una Cenicienta malvada, torpe y tonta. Nunca me escribes, no amas a tu marido”. Luego en brazos de María Walewska, confiesa: “No he visto más que a usted, no he admirado más que a usted, no deseo más que a usted”.

 

La carta de Juliette Drovet a Victor Hugo es directa y simple: «Te quiero, ante todo y después de todo, te quiero, te quiero, te quiero». Lord Byron en su relación con Caroline Lamb, una dama casada con otro: “Prometo y juro que ninguna otra, de palabra y obra, ocupará jamás el lugar en mi afecto, que es y será el más sagrado para ti, hasta que yo sea nada”. Oscar Wilde superó a Byron: “Niño mío”, comienza una de sus cartas a lord Alfred Douglas, “es una maravilla que esos labios de pétalo de rosa rojos tuyos sirvan igual para la música del canto que para la locura del besar”.

 

Freud era muy tímido y no tenía experiencias sexuales y se enamoró de Martha Bernays, una amiga de su hermana y llevó un romance victoriano, le escribió más de novecientas cartas de amor, donde la llamaba «princesita». Otro amor notable: «Te amo únicamente a ti, no tengo nada; ni capacidad, ni inteligencia, nada, nada, tengo el amor. Es terrible. Y es por eso que si te perdiera me perdería a mí misma y ya no sería entonces Gala, sería una pobre mujer como hay miles y miles. Tienes que comprender que no tengo nada mío, tú me posees enteramente. Y si me amas cuidarás preciosamente tu vida, porque sin ti sería como un sobre vacío», le escribió Gala a Paul Eluard, su esposo, casi las mismas palabras que luego le dirá a Dalí.

 

En un estilo más directo y simple, también se puede declarar el amor, como lo hace en un telegrama Nathalie Paley al poeta y dramaturgo Jean Cocteau, que apenas dice: «Yo también, mi amor, en todas partes y siempre». Gabriela Mistral le escribe al poeta chileno Manuel Magallanes Moure «Te adoro, Manuel. Todo mi vivir se concentra en este pensamiento y en este deseo: el beso que puedo darte y recibir de ti».

 

De todos los amores de Pablo Neruda, el de Matilde Urrutia fue quizá el más intenso y prolongado. Una pasión encendida y secreta al principio, cotidiana y doméstica al final. El tumultuoso poeta no se priva de nada al escribirle a su “Chascona”, a su “cochina Patoja”. En una carta de octubre de 1951 le dice: “Yo pienso en ti día y noche, noche y día, amor mío, dulce mía, y no sé si te quiero, pero te quiero. Eres mía y te beso”, en diciembre de ese mismo año la increpa: “Yo confío en tí, y aunque no tenga sino tu silencio qué me importa, (…) sé que eres mía y que soy tuyo y las cartas y las noticias sobran, nuestro amor llena todo, y cada cosa te hablará de mí a toda hora, y todo me trae noticias tuyas.  Te quiero mi amor, no seas perra, espérame. Tu Tuyo”. 

 

En su abundante correspondencia amorosa con Manuela Sáez, Simón Bolívar es capaz de olvidarse de la política. “Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo”, le escribe en 1825.

 

Muy diferentes son las cartas de Perón a Eva Duarte, su “tesoro adorado” y su “chinita querida”. Un sentimiento plenamente correspondido por Evita, que promete a su “Juancito” amor eterno y adoración desde el cielo porque “yo vivo en ti, siento por ti y pienso por ti”.

 

Franz Kafka le escribe a Milena una bellísima frase que bien sirve para cerrar esta nota de Patricia Rodón: «Las cartas de amor son una relación con fantasmas: los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas por el camino».

 

Miguel Aramayo

SCZ.25-07-2017

 

 

 

 

25 Jul

Con el huevo quebrado

Esa expresión que en varias oportunidades la he repetido y que es algo real; cuando a las gallinas por algún golpe se les quiebra el huevo adentro de ellas, esas astillas de la cascara rota, les producen un tremendo dolor, pero como ellas (las gallinas) no saben llorar, ni gritar de dolor, la única forma de expresar su dolor es quedarse quietas y no cacarear, hasta que se mueren.

 

Esa expresión (“estoy con el huevo quebrado”) se emplea para representar la tristeza que uno siente, por cualquier motivo inexplicable, o quizá una causa que tenga explicación o razón de ser, pero se adecua más a cuando uno está triste y no sabe porque, cuando uno tiene un bajón anímico sin poder identificar plenamente la causal.

 

Así me siento algunas veces, pero procuro no exteriorizarlo, porque los demás que me rodean y forman mi entorno laboral, social o familiar, no tienen por qué saberlo. Ese tipo de sentimientos deben ser de propiedad absoluta de uno, dado que son situaciones momentáneas y pasajeras, que podrán permanecer en nuestro interior, por un tiempo pasajero, que en mi caso puede durar todo el día, medio día, pero nunca continuará para el día siguiente.

 

En cualquier momento se pasa y uno no debe darle bolilla, porque no vale la pena preocuparse por ese tipo de situaciones, que en algunos casos podrían deberse a cansancio, nervios e incluso a descompensaciones hormonales, porque esa falla no es solamente atributo de las mujeres.

 

Mientras escribía estas líneas y distrayendo mi mente buscando palabras, ideas, sentimientos, llego a la conclusión que estar con el huevo quebrado no es cosa del otro mundo y le puede suceder a cualquiera, en cualquier momento y por cualquier situación, lo importante es buscar la forma de estar siempre feliz, porque eso si depende de uno y no de los demás.

 

Puedo decir que después de haberme desahogado describiendo mi estado de ánimo, me siento mejor, como podría sentirse una gallina que hubiera logrado expulsar el huevo quebrado, cosa que no sucede y que le ocasiona la muerte. 

 

Creo que existe una palabra sinónima para expresar ese tipo de sentimientos, creo que es “amartelamiento”. Busque la definición y es: Manifestación profunda, y generalmente excesiva, del sentimiento amoroso. Ejemplo: «Su relación con la familia también se atemperó y en aquella pugna por controlarse incluso dejó sin respuesta el amartelamiento de la joven con un sargento». Pero esa palabra no expresa lo que percibo, porque siento que soy amado y quizá en exceso, o por lo menos, ¡más que lo que me merezco!

 

Como no quiero que me suceda lo que les pasa a las gallinas y porque tengo la suerte de no poner huevos, no me queda más que alegrarme y decir, ¡qué linda es la vida! Y al diablo con los problemas, que generalmente son causados por uno mismo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.19-07-2017

 

7 Jul

Quien soy

Quizá esto que voy a contar suene a pedantería, a una exagerada egolatría. Me da vergüenza, tanta ¡que se me cae la cara…!, pero no quiero que esto que pienso se quede dando vueltas en mi cabeza o como dicen: “palabras que se lleva el viento”.

 

Me inicie en las letras por un azar, por la insistencia de una amiga, amiga a la cual he nombrado con insistencia en casi todo lo que he escrito, porque creo que fue ella quien despertó en mi la afición por escribir.

 

Durante todo este tiempo, desde que me inicié escribiendo lo que creí que eran cuentos o lo que pretendía que fueran novelas o la ilusión de que fueran poesías y poemas, también escribí artículos opinando sobre política, sin siquiera saber que es política o pretendiendo escribir ensayos, tan simples, tan pobres, que sólo podían satisfacerme a mí y quizá a uno o dos de mis amigos.

 

En el afán de mejorar, busqué leer más, más de todo y de todos, primero con el afán de aprender y luego con el anhelo de encontrar un estilo, en todo ese tiempo escribí sobre varios temas, pero siempre procurando encontrar un estilo, un estilo que me identifique. Creo que fui y soy muy iluso y que soy exageradamente pedante. Si bien es cierto que cuando leo mis escritos, después de muchos años y después de haberme leído infinidad de veces, encuentro algún escrito que me agrada y que lo califico como bueno, pero pretender que soy un buen escritor, es mentira, tan sólo me ufano, pero ni yo mismo pienso que soy bueno, pero no me quedo así, no me siento derrotado.

 

Estoy seguro que con el trascurrir del tiempo, leyendo más e intentando escribir mejor, llegará el momento en que podre sentirme satisfecho con lo que redacto. Por el momento no me queda más que seguir leyendo en busca de aprender algo más.

 

Ayer como una gran excepción en mi rutina diaria me fui a tomar un café en horas de trabajo, con vergüenza de hacer eso, de abandonar mi obligación laboral. Me junté con un amigo y compañero de colegio, con el que compartimos un expreso amargo y un vaso de agua, pero sobre todo compartimos recuerdos, que son los que alimentan nuestra imaginación, para poder convertir en letras esos efluvios de amistad, de recuerdos, que afloran en momentos como ese. Ya estaba por irme y el dependiente me trajo varios libros para que escoja el que quería leer, lo adquirí y con gran ilusión y con vergüenza retorne a mi trabajo.

 

Después de almorzar y mientras hacía hora para que me atiendan en un banco, inicie la lectura del libro que compré, que se titula: El equilibrista y el autor es un joven argentino que se llama: Federico Andahazi, desde el principio me resultó muy interesante y la primera parte del libro es de temas históricos, incluso a ese capítulo lo denomina: “El buscador de historias de la historia”, Todos los relatos eran para mí, totalmente conocidos, porque ya los había leído en otras oportunidades, pero este escritor los relata de una forma diferente y les da vida propia.

 

Le segunda parte del libro se titula: “El escritor en primera persona”, esta parte del libro me encantó, y me hizo ver que lo que yo tengo plasmado en la mayoría de los libros que ya fueron editados, tiene una similitud con el estilo de este libro que tengo en las manos. Eso me alegró mucho y me dio ínfulas para escribir esto que estoy escribiendo y que lo comparto con ustedes.

 

Miguel Aramayo

SCZ.07-07-2017

3 Jul

Confesión de un chiflado

Mientras caminaba ascendiendo por una montaña, en un día soleado, con un cielo tan azul que parecía una esfera, sin ninguna nube; con una brisa imperceptible que acariciaba la piel sin siquiera mover los bellos. Me resultó muy extraño observar a un hombre de cabello cano, mirada lánguida y ojos de un verde extraño; sentado en una gran piedra, con el mentón apoyado a sus rodillas y las manos extendidas a lo largo de su cuerpo apoyadas a la superficie de la roca.

 

Me aproxime al individuo y con mucho cuidado le dije: –Amigo ¿se siente bien o necesita alguna ayuda?

 

Y él me respondió: –Gracias, estoy bien. –Solamente estoy repasando algo que redacté para alguien que me hizo unas observaciones a lo que escribí con anterioridad.

 

–¿Puedo ayudarlo…?, a mí también me gusta escribir. Me alcanzó un papel que tenía en uno de sus bolsillos y me puse a leer lo que estaba escrito y decía:

 

“Agradezco mucho tus críticas, porque es la forma de que vaya mejorando y tenga en cuenta tu opinión. En lo que corresponde a la ortografía, principalmente por la puntuación y los acentos, las correcciones que están haciendo gente que he contratado para ese objeto, pero únicamente cuando tengo estructurado lo que será un libro. Veo que están fallando, porque ya me ha tocado leer lo editado y encontré varios errores, y ¡que encuentre errores yo!, yo que no tengo ni más leve idea de ortografía y gramática, ya es mucho decir.

 

Todos los cuentos cortitos que escribo, salen de inspiración fluida, generalmente comienzo poniendo el título y sin tener una idea clara de lo que escribir. Una vez que arranco con a redacción, generalmente, no paro hasta poner la firma y la fecha. Después de eso, la mayoría de las veces, doy una o dos lecturas tratando de corregir errores.

 

Mi pretensión, en esos casos, es completar una carilla, pero se acaba mi inspiración a media página, porque tengo algo más urgente, que perder mi tiempo en esa mi afición y para retomar busco algo relacionado en Google y encuentro el tema para continuar hasta completar una carilla. Otras veces, cuando nadie me interfiere, termino lo que inicié y concluyo todo en no más de 30 minutos, que es el tiempo que descuido mi trabajo, si estoy en la oficina o mi sueño si estoy en mi casa.

 

Los escritos que mejor me salen son aquellos que escribo en la madrugada, cuando no tengo sueño o me despierto con una idea que no quiero que se escape de mi mente y si no tengo mis juguetitos a mano o con poca carga, agarro mi block de papel y mi lapicera y me encierro en el baño a escribir apoyado en el canasto de ropa sucia.

 

Para mí, escribir es como una picazón y la forma de rascarme es escribiendo, algunas veces me rasco bien, otras no, pero me conformo con sólo restregarme.

 

En muy contadas oportunidades escribo sobre temas de lo que leo, generalmente escribo de inspiración libre, de algo que me soñé en dormido o despierto, de lo que en ese momento me afecta, como alegrías, penas, rabia o cosas de la vida cotidiana, pasadas y presentes, también de lo que me gustaría que sucediera.

 

Esto que acabo de escribir, lo hice de corrido y se puede llamar: “La confesión de un chiflado al que le gusta escribir”, que le gusta escribir sin saber cómo, ni de qué”.

 

Miguel Aramayo

SCZ.02-07-2017

 

 

3 Jul

La música y mi espíritu

Puedo estar triste o alegra, pero si estoy escuchando música, sin interesarme el autor, el género o ningún otro subterfugio que la diferencie, con la única condición que sea melodiosa, no estridente y preferiblemente instrumental, tampoco tengo una preferencia absoluta sobre el instrumento, por ejemplo, en este momento estoy escuchando guitarra, una selección entre clásica conocida, como el concierto de Aranjuez, pero también se mezcla con música popular, bosa nova y otras. Es una selección de música interpretada por guitarra acústica.

 

Con relación a esta música, la guitarra acústica se presta para interpretar música flamenca y creo que expresa mucho mejor los sentimientos por el eco que producen las cuerdas al vibrar con el eco de la caja que amplifica y sostiene su sonido, porque además ese tipo de música me llega al corazón y hace que mi alma persiga esos sonidos y como efecto secundario lleguen a mi cerebro y a mi corazón.

 

La guitarra acústica es un instrumento musical armónico de cuerda bien templada que cuenta con una caja de resonancia para la amplificación del sonido producido por la vibración de las cuerdas, un mástil, un diapasón o trastero, un clavijero y un puente donde se colocan las cuerdas. Hay una gran variedad de este tipo de guitarras, siendo la guitarra española o clásica la más común.

 

La música de ese instrumento acompañado de palmas, castañuelas o timbales, es el que se introduce a mi ser por los oídos y en muy poco tiempo, además de estar escuchando esos acordes mi mente comienza a producir sueños y las vibraciones contagian mi cuerpo y yo también comienzo a batir palmas y mis mies se acomodan como para querer zapatear, o por lo menos hacer el acompañamiento.

 

Mi mente inmediatamente asocia el flamenco con damas bailando de forma sensual, moviendo las manos y todo el cuerpo, como si se tratara de palmeras que se cimbran al compás, como si estuvieran batidas por el viento y mientras suenan las guitarras otro grupo de gente aplaude rítmicamente acompañando el zapateo de la bailarina, que suspende el volado de su vestido, primero para no pisarlo y dejar libres sus pies en el zapateo, pero al mismo tiempo mostrar sus encantos.

 

Me imagino que la guitarra, es el instrumento propio de los gitanos, porque acompaña a cabalidad los ritmos que interpretan y se adecua perfectamente a su forma de ser, incluso la forma que tiene la guitarra, que se asemeja al cuerpo de una mujer. Los latinos la empleamos con mayor destreza que cualquier otra etnia, porque una guitarra en manos de los cubanos, mexicanos o argentinos, brida mayores y mejores acordes que en manos de los eslavos o africanos, por ejemplo.

 

Escuchar una de esas guitarras primitivas en manos de Carlos Gardel, o la clásica en manos de Paco de lucia, los Gipsy Kings, Narciso Yepes o Los Panchos, pero también escuchar una variante de la guitarra, el “cuatro”, en manos de los venezolanos o los brasileros. También escuchar un “arpa” en manos de un paraguayo o las “mandolinas” en manos de los italianos. Muestran que los latinos tenemos más habilidad para el manejo de las cuerdas con una caja de resonancia.

 

Pero creo que no es solamente mayor habilidad, pienso que los latinos tenemos mayores sentimientos, que los sabes expresar y que el arte de rasgar uno de esos instrumentos de cuerda no es solo cuestión de habilidad, pienso que sobre todo se requiere mayor sensibilidad.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 1-07-2017