Mucha soledad
Mucha soledad
Era un silencio absoluto, a tal extremo que daba la impresión de ser solido o por lo menos de una gelatina firme y espesa. De un color difícil de describir, era mate, por lo tanto, sin ningún brillo, un azul muy oscuro, pero indefinido en su tonalidad. Eso se presentaba al frente mío, algo que ocupaba todo el horizonte, como decir lo que figuraba como mi porvenir, mi futuro.
Detrás de mí, como simbolizando el pasado, un sapito muy simpático, de un verde brilloso con unos ojos que resaltaban por su intensidad al mirar, que permitían especificar que era a mí a quien miraba fijamente sin pestañar. Estaba posado sobre una hoja de una gran planta, quizá un Güembé o una Costilla de Adán. Éramos los dos en ese gran silencio y una agradable soledad, él me miraba a mi y yo lo observaba a él. Digo que él me miraba, por no decir que el me veía, es decir simple acto, mientras yo, no solo que lo veía, lo miraba. Yo lo observaba, porque mi interés era poder determinar si el sapito tenía algún pensamiento sobre mi o simplemente sus ojos estaban posados en mi figura. En cambio yo, trataba de adivinar cual era el objeto de que esos ojos casi expresivos se fijaran en mí.
Muchas veces en mi vida me he sentido como me siento en este momento, flotando en el universo totalmente solo, inmerso en un silencio, pero esto no me molesta ni me asusta, ni me sorprende, porque pase lo que pase sigo siendo yo, continúo siendo el mismo y ese hecho no me entristece. Al contrario, me complace, porque situaciones como esta me hacen ver que soy fuerte y que podría soportar reveces de la vida, porque estoy convencido que la felicidad depende de cada uno, por más que alguna vez se observan mentiras o engaños, que en poco tiempo se convierten en hechos sin importancia y la vida continua.
Observando al Sapito se me ocurrió hablarle —Sapito, ya que me miras con tanta insistencia, me podrías decir que miras en mí.
Me respondió y quede asombrado. —Yo sé quién eres, porque hace mucho que te contemplo. En mis gestos no encontrarás una expresión, pero me caes agradable, eres un tipo que no sabe esconder sus sentimientos, te crees muy listo, sin embargo eres ingenuo y fácil de engañar, mucho más antes que ahora. Mejor no me urgues la boca y sigamos en paz.
—Gracias sapito, quedemos con eso. Se que no es bueno detenerse a recapacitar en el pasado, porque existen hechos que pueden dañar y convertirse en obsesiones o manías. Es preferible afrontar el futuro, por más que aparente ser frio desolado.
Sin descuidar la atención del azul gelatinoso de mi futuro. He pensado en eso que describí como el horizonte, siendo que en realidad es simplemente una película, una fina y débil película, que al presentarse como tridimensional da la sensación de espesor y pesadez. Quizá con un simple soplido desaparezca y al otro lado lo que se muestra quizá sea algo promisorio, bello, que al traspasarlo será luminoso, brillante, de colores agradables, o quizá simplemente sea la eternidad que también la pienso como algo hermoso.
Me pongo a pensar en el tiempo transcurrido, sabiendo que los 50 años de edad es como la bisagra, se podría decir que es la mitad de la vida, si uno es optimista en llegar a ser longevo, pero pensando en forma realista, pasando ese número el tiempo se va acortando y por lo tanto más próximo al doble de ese el tiempo se acorta de forma substancial, pero uno no debe perder el entusiasmo y pensar que se llegará al final muy feliz y habiendo logrado lo que se propuso.
Miguel Aramayo
SCZ.19-03-2024 Dia del padre
Saludos.

