Neptuno
Neptuno
Soñaba con practicar el buceo y me inscribí en una escuela para pasar clases y como tendría algo más de un mes libre, me recomendaron que me traslade a Honfleur, que es una playa muy bonita adosada a una bella ciudad que se encuentra en la desembocadura del Sena. Una larga historia que impresiona por sus casas con entramado de madera de siglos pasados bien conservadas. Paseando por las calles del casco antiguo del siglo XI me sentí transportado a otra época.
Los pintorescos puertos con sus fachadas de pizarra dan a Honfleur un aire marítimo que inspira y atrae a artistas. Hay que decir que la escena artística es prospera aquí y numerosas galerías y estudios te invitan a descubrir el lado creativo de la ciudad. Literalmente puedes sentir el espíritu de los artistas que alguna vez vivieron y trabajaron aquí. Honfleur es, por así decirlo, la cuna del impresionismo. Aquí se inspiraron artistas como Eugène Boudin, Paul Cézanne y Claude Monet. El Museo Eugène Boudin, que lleva el nombre de uno de los hijos más famosos de la ciudad, ofrece una visión profunda de la historia del arte de la región.
Honfleur también es conocida por su excelente cocina, especialmente mariscos frescos y deliciosos crepes. Ya sea que disfrutes de los lugares históricos, la escena artística o simplemente el ambiente relajado, Honfleur es un lugar con mucho encanto. El estilo marítimo de Honfleur se puede encontrar en todas partes. ¡En Honfleur podrá vivir la pura Normandía!
Sainte-Catherine, una obra maestra arquitectónica del año 1460. Es la iglesia de madera más grande de Francia e impresiona por su inusual construcción e historia. Está construida íntegramente en madera, y esto se debe a la escasez de materiales de construcción tras la Guerra de los Cien Años. Fue construida por carpinteros de barcos que utilizaron su experiencia en la construcción naval para crear un lugar de culto. Esto se refleja en el diseño interior, que recuerda al casco de un barco al revés: un ejemplo fascinante de adaptación creativa e ingeniería.
Otro elemento distintivo es el campanario, situado al otro lado de la plaza. Esta separación del edificio principal de la iglesia tenía una razón: protegía la iglesia de madera de los rayos. Esta previsión y planificación demuestra con qué habilidad minimizaron el riesgo de daños por incendio. Dentro de la iglesia, notarás el ambiente cálido y acogedor. Encendiendo algunas velas, me siento en un banco y pienso en mis seres queridos. Por la noche se disfruta de un lugar de paz, ya que la construcción proporciona una acústica especial que mejora la experiencia espiritual.
Es increíble como me sentí tan bien en Honfleur, conseguí la escuela de buceo también un buen alojamiento. Encontré una mezcla armoniosa de arquitectura histórica y vibrante vida urbana. Los yates modernos atracan junto a los barcos de los pescadores locales. Las casas altas y estrechas, junto a edificios que datan de los siglos XVI al XVIII y están protegidos. Sus fachadas reflejadas en el agua realzan la pintoresca belleza de este lugar.
Ya llevaba más de 15 días de clases a un ritmo intensivo de mañana, tarde y noche, por lo tanto, ya podía soltarme un poco de los instructores y la temperatura del agua y el traje de neoprene me daban una buena acogida. Más era el tiempo que pasaba adentro del mar incursionando lugares más profundos alejado de la playa.
En una de mis incursiones, cuando el sol estaba en el ocaso tiñendo el horizonte de un color rojizo y haciendo que el agua por debajo tomé una coloración asombrosa por la luz filtrada. Me pareció ver en espacio profundo de lontananza algo que brillaba con mayor intensidad como si estuviera iluminado de abajo hacia arriba y de atrás para delante o sea al frente mio. Comencé a patalear para tener una mayor inmersión y dirigirme al lugar que me iluminaba de forma extraña. Cuando estuve a unos 100 metros pude comprobara que era una gruta. Recordé algo que había leído: “Neptuno eligió el mar como morada y en sus profundidades existe un reino de castillos dorados. Con su poderoso tridente agita las olas, hace brotar fuentes y manantiales donde quiera y encausa su ira provocando los temibles sismos o terremotos”. Neptuno es un dios de la mitología romana, pero proveniente de la mitología griega, hijo de los dioses Saturno y Ops, hermano de Júpiter y Plutón. Gobierna todas las aguas y mares y cabalga las olas sobre caballos blancos. Todos los habitantes de las aguas deben obedecerlo y se le conoce como Poseidón en la mitología griega. Eso me hizo pensar si continuaba adelante, porque ya había percibido el castillo, pero ningún movimiento, todo iluminado con luz propia como si fuera de oro. Estaba en la duda y preferí no mirar de frente, pero no alejarme sino mirar de soslayo, (como diríamos aquí de “coti ojo” o de “raspapincheti”).
Cuando me movía a la nueva posición de observación, percibí un movimiento en el interior de la gruta y quedé paralizado, no atrevía ni a respirar por la mascara y era una estatua más, de esas de mármol extremadamente blanco, aunque era todo un bulto de negro. Vi delfines y eso de alguna manera me tranquilizo, pero también observe a las nereidas inigualables, a las oceánidas hermosas y a los tritones poderosos, Neptuno era señor de las ninfas, ondinas y náyades, pero eso en los lagos.
Avancé algo hacia adelante y a mis espaldas senti un chapoteo, era Neptuno, pero no estaba solo estaba con todas las que fueron o son sus esposas: Halia, con la que tuvo tiempo de tener siete hijos. – Amimone, una de la Danaides. – Toosa, Ninfa con la que tuvo a Polifemo. – Ceres, ella amaba a Júpiter en su momento. – Medusa, con quien tuvo a Pegaso y a Crisaor, que son nietas suyas las Nereidas. – Clito, tuvo con Neptuno gemelos, y uno de ellos fue Atlas.
Con voz estruendosa, pese al silencio de las profundidades marinas me dijo: —Que haces aquí muchacho intruso.
Me temblaron hasta los tubos capilares de mi sistema circulatorio y se pararon mis bellos y cabellos al extremo que parecía que podían perforar mi traje de neoprene. Mis neuronas y todo mi sistema límbico quedaron paralizado como si fuera de hielo a 100 grados centígrados bajo cero. No podía decir ni una sola palabra ante la imponencia de ese dios de los mares.
Viéndome en esos aprietos, Neptuno de rio con una carcajada, que creo que se escuchó en todo el mar donde estábamos y los mares circundantes y lejanos y dijo: —Chico no temas, sos poca cosa un vulgar insecto, que pese a que tengas huesos, conciencia y razón no vales nada en estas profundidades y frente a quien manda por aquí, que soy yo. Te doy el tiempo suficiente para que abandones este lugar y puedas llegar a la superficie para asear tu traje que en este momento ya debe estar lleno de excrementos.
—Te comprendo y me das pena, pero no te quiero volver a ver por estos lugares, puedes retornar a tu París porque el físico no te da más que para tomar cafecito en Montmartre y escribir cuentitos en tu departamento.
Regresé a Honfleur, para darme un baño, había evacuado hasta por los poros y estaba a punto de respirar esa porquería, el traje y el equipo de buceo no servían para nada, porque con los bellos y cabellos hice tantos agujeros que lo expulsado llegó a formar parte de la estructura de neoprene. Sali del baño y tuve que gastar un frasco de loción y otro de colonia. El traje de buceo y lo demás tuve que poner en bolsas de basura y sacarlo al contenedor de la calle.
No quiero contar nada más dejo para que ustedes se imaginen.
Miguel Aramayo
SCZ.18-07-2024
Cumpleaños de mi nieta Maria Laura que ahora vive en Canadá y a quien le dedico este cuento como regalo de cumpleaños.
Saludos.

