Regresión
Regresión
Al recordar mi vida, siento una especie de regresión, como lo describe Cristina Pérez en su novela «Tiempo de renacer». Estas palabras resuenan en mis oídos como una expresión de egolatría, algo que siempre me recordaba mi gran amigo Héctor di Benedetto. Aunque me avergüenza, continúo, porque es la única manera de expresar lo que me dicen mis recuerdos. Este relato no puedo contarlo en tercera persona; es mi historia y, por lo tanto, debo soportar la vergüenza.
Desde que me independicé a los 17 años, mi objetivo principal ha sido demostrarme a mí mismo que tenía la tenacidad y la templanza necesarias para triunfar. Estaba claro que debía aprender continuamente para ser más capaz, por eso estudiaba y leía con avidez. Comprendí desde el principio que esa autoexigencia me haría mejor. De vez en cuando, me gustaba compartir mis conocimientos con mis compañeros de estudio o trabajo, y aunque a veces inventaba algo, siempre con la intención de aportar y no de presumir. Me sentía un poco avergonzado por esto, pero lo hacía porque quienes tenían menos conocimientos y experiencia solían consultarme.
Con los años, adquirí más conocimientos y experiencia, y los compartía con quienes trabajaban conmigo. Al contratar colaboradores, les transmitía todo lo que sabía y lo que necesitaban para desempeñarse bien en su trabajo, sin egoísmo y con el deseo de rodearme de personas con aspiraciones. Incluso compraba libros y les pedía, a veces les obligaba, que los leyeran, siempre pensando en su beneficio y con la idea de que esa enseñanza también me beneficiaría a mí. No me equivoqué, porque el prestigio que he ganado no es solo mérito mío, sino también, en gran medida, de mis colaboradores.
Hoy en día, sigo compartiendo mis conocimientos, pero ahora mis colaboradores quizás sepan más que yo y me transmiten sus conocimientos y experiencias. Esto me hace muy feliz, es una gratificación que me da la vida después de 63 años desde que comencé mi carrera.
Estoy orgulloso de contar con estos colaboradores que me siguen año tras año y maduran más que yo. Ahora, con algo de pena, veo cómo me voy opacando, pero al mismo tiempo sé que es una consecuencia lógica de mis 80 años, aunque no afecten en gran medida mi físico. Esto me complace porque sigo en la brecha con el mismo entusiasmo de cuando comencé y con la seguridad de que lo que puedo transmitir ahora no son solo conocimientos, sino experiencias de vida. Quiero que tomen mi ejemplo y sepan que, pese a los años, uno debe seguir luchando, no solo como un beneficio personal, sino para demostrar que «querer es poder».
Miguel Aramayo
SCZ.10-06-2024
Saludos.

