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Regresión

30 Jul

Regresión

Regresión

 

Siento retroceder mi vida, como lo expresa «Cristina Perez», en su novela titulada: «Tiempo de renacer». Eso que acabo de decir, suena en mis oídos como una vulgar expresión de egolatría y me recuerda lo que me decía mi gran amigo «Héctor di Benedetto«.  Me avergüenza, pero continúo, porque es una forma de poder expresar lo que repiten mis recuerdos. Esto que me incumbe, no puedo expresarlo en «tercera persona«, como si fuera otro él que lo relata y por lo tanto no queda más que soportar la vergüenza.

 

Desde que me independicé, a los 17 años cumplidos, mi gran afán era poder demostrarme que podía y poseía la tenacidad y templanza, pero en mi conciencia estaba que tenía obligación de aprender para poder ser más capaz, por eso estudiaba y leí con avidez. Eso lo entendí desde un principio y también era una forma de exigirme para ser mejor. De vez en cuando, me gustaba demostrar entre mis compañeros de estudio o trabajo, lo que sabía, lo que estaba aprendiendo y de vez en cuando me inventaba algo aprovechando de la gente que me rodeaba y me creía, eso también me producía algo de vergüenza. Lo que pretendía demostrar a los demás, era sin un afán de pedantería, simplemente para compartir con los demás lo que me habían enseñado y generalmente porque me consultaban los poseedores de menos conocimientos y experiencia que yo.

 

A medida que pasaron los años y tenía más conocimientos y experiencia, compartía lo que tenía en la cabeza con la gente que trabajo. Cuando tuve que contratar colaboradores, les trasmitía a ellos todo lo que yo sabía y ellos necesitaban para trabajar conmigo, sin ningún egoísmo y con el deseo de rodearme de gente con aspiraciones. Incluso compraba libros que los leía con empeño y les pedía a quienes trabajan conmigo que también los lean, incluso los obligaba a que lo hagan, siempre pensando en su beneficio y desde luego con la idea que esa enseñanza me traería beneficios. No me equivoque, porque ahora el prestigio ganado no es solo merito mío, sino también y en gran medida de mis colaboradores.

 

Hasta ahora sigo haciendo eso, pero ahora la gente que trabaja conmigo quizá sepa más que yo y seguro que me pueden trasmitir conocimientos y compartir experiencias. Eso es algo que me hace muy feliz, porque es una gratificación que me hace la vida y los 63 años transcurridos desde que me inicie. 

 

Me siento orgulloso de contar con esos colaboradores, que me siguen de año en año y maduran más que yo. Ahora veo con algo de pena que me voy opacando, pero al mismo tiempo sé que esa es lógica consecuencia de los 80 años que cargo en las espaldas, sin que todavía afecten en gran medida a mi físico. Esto hace que me complazca de seguir en la brecha, con el mismo entusiasmo de cuando comencé y con la seguridad que lo que pueda trasmitir ya no sean conocimientos, sino algo de experiencia y sobre todo que lo puedan tomar como ejemplo de vida, que pese a los años uno debe seguir en la lucha como beneficio para uno mismo, pero sobre todo para demostrar a los demás que «querer es poder». 

 

Miguel Aramayo

SCZ.10-06-2024

 

 

Saludos.