Otro viaje interesante
Un hombre común y corriente que tenía intenciones de escribir una novela quería trasladarse a un lugar donde pudiera disfrutar del clima, la paz y la tranquilidad; lo cual no le podía ofrecer París y se puso a buscar la isla más linda que pudiera existir en el mundo. En una reconocida revista estadounidense de turismo, lifestyle, encontró que el año 2022 fue seleccionada una isla al sur de Italia, se trata de Ischia. Primero con la ayuda de Google averiguó sobre esta isla y la información que encontró lo hizo pensar en que realmente podía ser el lugar ideal.
Ese hombre común y corriente era yo y tomé la decisión de visitar ese lugar y fui a una agencia de turismo para ver cómo podía movilizarme hasta Ischia. Me aconsejaron que tome un vuelo de Paris a Nápoles, lo cual podría costarme entre 55 a 260 euros y el vuelo tenía una duración de más o menos 5 horas. Desde Nápoles a la isla de Ischia se puede tomar el ferry desde Beverello y llegar al puerto de Ischia, este trayecto es de más o menos 2 km. Del puerto al centro de la ciudad de Ischia la distancia es de 12 km y debía tomar una movilidad que me aproxime al hotel elegido.
Me puse manos a la obra y compré el pasaje aéreo a Nápoles, el ferry lo tomaría al llegar y acomodarme. Elegí el hotel Villa Lieta, que se encuentra a 6 minutos a pie de Spiaggia dei Pescatori y ofrecía alojamiento con aire acondicionado y wifi gratis, además de acceso a la terraza. Me puse en contacto con ellos e hice la reserva para quedarme 4 días, tiempo que consideraba suficiente para apreciar el ambiente y si decidía quedarme podía ver apartamentos independientes o casa muy pequeñas.
Era un jueves y el vuelo era en la mañana, lo que significaba que llegaría a Nápoles a la hora de almorzar, haría eso y luego tomaría el ferry para llegar a la isla en la tarde, me recomendaron que parta del puerto Pozzouli, cerca de Nápoles desde allí a la isla tardaría más o menos una hora. Cumplí el prospecto y en Nápoles me serví unos rabioles al ragú con dos copas de vino, lo cual satisfizo mi paladar y estuve habilitado para seguir el viaje. Quedé con el deseo de pasear en Nápoles, pero lo haría a mi retorno. Llegué a la isla a media tarde y en el puerto tomé un taxi para el hotel. Al bajar del ferry quedé impresionado por un castillo que se veía como en promontorio en medio del mar, era el castillo Aragonés, me impactado ver casi todas las construcciones pintadas de blanco y la gran vegetación abundante por donde se posaba la mirada, muchos taxis, cafeterías, heladerías y restaurantes, pero se notaba orden, por lo menos en los muelles, muchos yates y barcos de pescadores. Tomé un taxi al hotel y como tenía reserva fue fácil el paso a la habitación, muy acogedora. Después de ducharme y cambiarme de ropa fui al bar a tomar un refrigerio, porque el calor era un poco más que agradable.
Mientras tomaba un jugo, estuve leyendo algunos prospectos turísticos, porque Ischia tenía mucho que ofrecer de historia antigua y de vistas de la naturaleza, especialmente para quien quiere concentrarse observando el mar Tirreno, tranquilo y de un color turquesa que llena la casita del ojo. Tendría que apurarme y no me quedaba espacio para descansar, había mucho por ver y lo principal era poder decidir si me quedaba en esa isla para escribir la novela que todavía no la tenía en mente y para eso debería ver departamentos o alojamientos para pagar por mes.
Pensé que la mejor forma de ocupar el tiempo y avanzar el máximo como turista y como negociador inmobiliario era tomar un taxi. Muy cerca del hotel había varios taxis parados y procurando conseguir lo mejor basándome en mi táctica y mi percepción de la calidad de las personas salí a conversar con los taxistas que más atraían mi atención de hecho el psicólogo. Hablé con varios, procurando hablar en italiano, pero más de uno hablaba inglés, francés y hasta español. Me decidí por uno que estaba arriba de los 50 años, que tenía más pinta de marinero que de taxista y que además hablaba muy bien el español y comprendía mucho del francés.
Hice trato con Alfredo para que fuera mi cicerón durante los días que estaría en la isla que serían cuatro días. Mientras tomábamos un café en un bar próximo diseñamos un itinerario con las recomendaciones de Alfredo con él que congeniamos inmediatamente. Primero me dedicaría al turismo, pero entre medio veríamos la posibilidad de ver algún departamento o pensión. Empezando en la rotonda de la rosa de los vientos situada en el cruce de Vía Porto con Via Lasolinom después iríamos al islote de la bonita costa oriental para visitar el castillo medieval Aragonés, que es la guinda del pastel, a siete minutos en coche. Cruzar la calzada que va al islote es un regalo para la vista una vez allí, un ascensor nos llevará a la zona principal del castillo, las entradas al castillo rondan los 10 euros. Las playas y las aguas termales las dejaran para el final.
En el extremo sur de la isla, visitaríamos el idílico pueblo costero de Sant’Angelo, ese seria un corto paseo. El jardín de La Mortella es uno de los parques más bonitos de Italia, este gigantesco y hermoso jardín privado, situado en las colinas de Forio del extremo noroeste, está decorado con una mezcla de plantas tropicales y del Mediterráneo, por unos 12 e. se puede recorrer los frondoso de los jardines, en la parte superior se disfruta de unas espléndidas vistas de la bahía. Además. también encontraríamos un museo dedicado al compositor clásico sir William Walton (cuya esposa creó los jardines) y un teatro griego en el que se celebran conciertos clásicos y tributos, así como otros eventos en verano.
La iglesia del Soccorso es un pequeño y pintoresco punto de referencia, esta modesta iglesia agustina del siglo XIV nos permitiría disfrutar de la vista del mar Tirreno. La iglesia está ubicada sobre un acantilado reforzado. El paseo a este lugar debería ser al atardecer para disfrutar de la puesta del sol o muy temprano para ver el amanecer. El monte Epomeo es el pico más elevado de la isla y prácticamente alcanza los 800 metros de altura, goza de una frondosa vegetación de montaña y las bellas vistas de los viñedos. Desde la cumbre, podrán admirar las vistas deslumbrantes de Capri, Procida y el golfo de Nápoles. También se puede almorzar en La Grotta da Fiore mientras seguir contemplando la bella Ischia. Este restaurante está excavado en la montaña, puede presumir de una de las mejores ubicaciones de toda la isla, si nos animamos es el lugar perfecto para recargar pilas y descansar saboreando una exquisita bruschetta con tomate fresco o un suntuoso postre para recuperar todas las calorías que hayamos quemado. Al fin y al cabo, estamos de vacaciones.
Quedaría prendado del Lacco Ameno, una bella zona, según dicen, uno de los primeros asentamientos griegos de Italia. Tiene una larga historia, a sus alrededores se han descubierto distintas necrópolis. Las montañas enmarcan aquí varias playas y una coqueta bahía, todas perfectas para disfrutar de un relajante baño en aguas poco profundas. Tiene un pintoresco puerto deportivo, que acoge desde modestas embarcaciones pesqueras hasta gigantescos yates. Después podemos continuar hasta San Montano, la franja de costa más popular, que se extiende a lo largo de una bahía enmarcada entre colinas. También merece la pena visitar la playa Il Fungo, que debe su nombre a una roca con forma de un hongo.
Al final podemos disfrutar de un relajante tratamiento de spa en uno de los muchos centros termales que hay repartidos por la costa. En Sant’Angelo y la playa de Le Fumarole se encuentra una gran variedad de opciones, algunas de ellas realmente lujosas y exclusivas. Por ejemplo, el spa Aphrodite Apollon y el Romántico Resort & Spa, entre muchos otros. Ya en el noreste, cerca de Forio, están los jardines termales de Poseidón y Negombo. Lo que se puede gastar está de acuerdo a lo que se elija, pero vale la pena disfrutar, después de todo la vida es para eso.
Mientras hacemos todo el paseo que planeamos hacer a partir de esta tarde de jueves, viernes, sábado y mejor si contamos el domingo para las playa y las visitas a los termales y retornar a Francia el lunes en la mañana, no me arrepentiría. Alfredo me dijo: yo encargaré en mi casa que se olviden de mí, de esa manera yo estaría a tu disposición desde las 8 de la mañana hasta las 10 de a noche, a parte del trato que hemos hecho por mi servicio, vos corres con todos los gastos de entradas y lo que podamos consumir en las visitas. Te puedo asegurar que hasta el sábado en la tarde ya tendrás el lugar donde regresar para dedicarte a tu oficio de escritor. No descansamos ni un momento y montamos en su Fiat, pero primero pasaríamos por su casa para comunicar a su mujer.
Fue lo mejor que pude hacer y quedé convencido que tengo buen ojo para seleccionar a mis colaboradores, él quedó contento y yo de la misma manera. El plan que habíamos hecho lo cumpliríamos al pie de la letra y nos daríamos tiempo para descansar en los momentos prudentes, sin descuidar nuestra alimentación. La carga de combustible la hicimos después de despedirnos de su casa. Comenzamos dando unas vueltas por el centro de la ciudad, para tener una idea completa de lo que ofrece la isla, que no es solo para turistas, sino que también funciona como una ciudad común y corriente, con gente que vive, trabaja y disfruta de su habitad, igual que si estuvieran en Paris, New York o Tokio, luchando para sobrevivir, educarse, casarse y tener familia que atender como el caso de Alfredo.
Después nos desplazamos a la iglesia agustina del Soccorso para disfrutar el tan mentado anuncio del ocaso y orto, no era mentira, quedé impresionado con la tonalidad que tomaba el horizonte iluminado por el sol que se despedía cada vez más próximo el infinito mar, hasta que solo el mar quedaba con esa tonalidad rojiza impuesta al atardecer, hasta que cambiaba a una tonalidad de un azul oscuro y profundo, presagiando que ya entraba la noche y comenzaban a titilar las estrellas y los astros que desde ese acantilado se podían apreciar enmarcando la blancura de la modesta iglesia.
El hombre queda chico ante tanta belleza que muestra la naturaleza, pero si ese espectáculo puede ser observado detenidamente, el hombre es una maquina perfeta diseñada por Dios que permite observar lo que le ofrece la naturaleza, al mismo tempo guardar en su memoria todo lo que acaba de contemplar, como si no solo fuera una filmación, sino también una grabación de los sonidos y las expresiones de asombro que emiten otros seres humanos. Además, esta máquina puede transportarse sola y escuchar los sonidos, ver las cosas bellas y también las feas, respirar el aire que lo rodea y apreciar los aromas de los demás y de la naturaleza.
Después nos fuimos a pasear por el extremo sur de la isla, visitando el idílico pueblo costero de Sant’Angelo. Parqueamos el Fiat y nos pusimos a caminar por la playa disfrutando de la arena algo húmeda, con la finalidad de estirar las piernas y buscando abrir el apetito para cenar y de esa manea concluir el jueves para iniciar el paseo mañana a primera hora. Enfilamos a Dolce é La Vita Bar e Ristorante, un lugar popular con fantásticas vistas, donde además de cenar podíamos disfrutar de deliciosos postres.
Después de cenar y degustar un buen vino, retornamos a donde quedó parqueo el taxi y me llevó al hotel. Nos despedimos y después de ingresar a mi habitación busqué el computador para revisar mi correspondencia y ponerme en contacto por WA con algunos amigos, amigas y parientes. Para comentarles donde me encontraba y lo bello que estaba pasando, un poco para darles envidia y otro poco para hacerles desear o prometer que podíamos estar juntos en mi próxima venida, porque ya había tomado la decisión de quedarme una temporada aquí, por lo menos hasta mandar mi primer borrador a mi editorial.
El plan del viernes era tomar desayuno en el hotel y a las 8 y media salir al Castillo, después visitar el Jardin, almorzar y después pasar por el Lago
La visita al castillo Aragonés nos tomó toda la mañana comenzamos a las 9:15, es a la hora en la que abrieron y nos quedamos hasta las 11:30 después nos fuimos a almorzar y luego del almuerzo visitamos el jardín de La Mortella que es uno de los parques más bonitos de Italia, en las colinas de Forio del extremo noroeste de Ischia, en la parte superior disfrutamos de unas espléndidas vistas de la bahía. Visitamos el museo, conocimos el teatro griego, pero no había más. Partimos al lago Lacco Ameno, es una bella zona, según dicen, uno de los primeros asentamientos griegos de Italia, enmarcado por las montañas. Tiene varias playas y una bahía que es un primor, pose un pintoresco puerto deportivo, que acoge desde modestas embarcaciones pesqueras hasta gigantescos yates.
En el atardecer pasamos a San Montano, la costa más popular, que se extiende a lo largo de una bahía enmarcada entre colinas, caminamos por la playa Il Fungo, que debe su nombre a una roca con forma de un hongo. Nos quedamos a cenar en Ristorante Pizzeria Il Califfo en Via San Montano 37 a tres cuadra de la Baia di San Montano yo pedí unos ravioles al fruto de mari y Alfredo una super pizza. Nos tomamos un aperitivo mientras preparaban nuestro pedido y mientras comimos nos tamos un buen vino. Quedé muy contento con ese lugar, porque además del paseo fue lo que más me gusto y conseguí un apartamento que podía alquilar por mes y que debía reservarlo como máximo en 10 días a partir ese viernes.
Cuando me dejó en el hotel el viernes en la noche hablamos de arriesgarnos a visitar el monte Epomeo que es el pico más elevado de la isla, alcanza los 789 metros de altura, goza de una frondosa vegetación de montaña y bellas vistas de los viñedos. Desde la cumbre, podríamos admirar las vistas deslumbrantes de Capri, Procida y el golfo de Nápoles, pero no creo que lleguemos hasta la punta. Nos quedaríamos a almorzar en La Grotta da Fiore, contemplando la bella Ischia. El restaurante está excavado en la montaña y puede presumir de una de las mejores ubicaciones de toda la isla.
El sábado a partir de las 8:30 iniciamos el camino hacia la cima del monte Epomeo, partimos de la plazoleta de Fontana y caminamos aproximadamente 1 hora. Es una ruta inmersa en la naturaleza entre bancales cultivados y una zona boscosa rica en castaños. Descansamos un momento antes de cruzar un estrecho barranco excavado en la roca tobácea. Casi a la cima observamos el panorama desde las dos terrazas. Una de ellas está una pequeña iglesia de 1459, dedicada a San Nicolás de Bari. En la otra terraza hay una taberna, también excavada en la toba, allí nos sentamos para disfrutar de un descanso y tomamos unas gaseosas para refrescar. Desde aquí, al pico más alto del monte Epomeo estábamos a sólo unos minutos, continuando por un sendero tallado, desde la punta de la cima pudimos admirar un paisaje impresionante e incomparable: abajo a la derecha Casamicciola, Lacco Ameno con su famoso «hongo» encerrado por el Monte Vico, la bahía de San Montano y la colada de lava de Zaro, hacia la izquierda Forio
con la típica iglesita de Santa Maria del Soccorso; a lo lejos, como el tiempo estaba despejado, pudimos divisar el Vesubio, Capri, la península de Sorrento con los Montes Lattari, Nápoles, los Campos Flegreos con el Monte de Procida, incluso Ponza, Ventotene y Gaeta. Bajar del monte nos costó más, porque estábamos realmente cansados, pero antes de continuar descenso nos quedamos a comer unas pizas en el restaurante excavado en la roca y continuamos apreciando el panorama de Ischia.
La tarde del sábado nos dedicaríamos a la playa y a disfrutar de las aguas termales y apreciar las bellas muchachas del lugar y la cantidad de turistas más que todo de otros puntos de Italia y de toda Europa, eso nos haría mucho bien para iniciar la próxima semana con la monotonía y el bullicio de París.
Quedamos encantados con el paseo y Alfredo me confesó que nunca había subido a Epomeo,
Que conocía el monte porque es notorio por su altura y lo que destaca de la isla, pero nunca le llamó la atención subir, por lo cual me agradecía. Para él también estos días paseando lo hicieron conocer la isla y disfrutarla.
A continuación, les envió una fotos tomadas con el celular:






El domingo tomamos un tours en un barquito, que nos hizo pasear por los alrededores de la isla y el mismo nos ofrecía un almuerzo en el mar disfrutando de los mariscos de la zona y un vino pasable, pero no bueno. El lunes arreglamos cuentas y me llevo al puerto para tomar el ferri que me llevaría de regreso a Nápoles para mi retorno a Francia.
Miguel Aramayo
SCZ.19-09-2024