Una historia bonita
Esto que les voy a contar sucedió en Catania Sicilia, donde vivo desde que nací. Estaba superando una crisis que me afectó tremendamente y repercutió en mi familia. Trabajaba en un negocio como vendedora y una tarde en lugar de irme a la casa de mis padres, que era donde estaba viviendo, me fui a la catedral que tiene un parquecito muy acogedor a un lado, frente a una gran plaza y me senté en un banco, haciendo hora para tomar la línea 241 de autobuses que me llevaba hasta las proximidades de donde vivía.
Un muchacho manejando un Ford Mustang de color azul, dio tres vueltas a la plaza coqueteándome, estacionó su auto en la próxima cuadra y caminando se aproximó al banco donde yo estaba y me dijo:
—Puedo sentarme a su lado.
—Claro, puede sentarse.
Era un joven que aparentaba no más de 25 años y yo estaba en los 22, tenía unos ojos muy expresivos verdes o azules, con una sonrisa muy agradable y un timbre de voz que daba la impresión de no ser del lugar, se sentó y comenzamos a charlar, primero del clima después de a que nos dedicábamos e intercambiamos nombres y referencias de conocidos y parientes.
Cuando le dije: —Me voy a mi casa.
Me respondió —Si usted me permite puedo llevarla en mi auto.
Acepté. Fuimos caminando hasta su auto y muy gentil me abrió la puerta del pasajero y se acomodó para manejar, me preguntó mi dirección y tomó rumbo a Massimino Cibali, le pedí que pase un poquito de mi casa para que mis parientes no me vean bajar de su auto, él lo entendió.
Desde esa tarde nos veíamos en el mismo lugar a la misma hora, algunas veces él llegaba con alguna golosina o un helado de una heladería próxima o una cajita de chocolates que me los ofrecía como obsequio, pero que lo compartíamos inmediatamente. Cada vez que nos encontrábamos me llevaba hasta mi casa y se pasaba un poco de mi dirección para que me baje.
Un día se pasó un poco más a la parte más oscura del estadio, se aproximó para darme un beso y yo no lo rehúse, me dejó temblando y me recordé de una poesía de Rafael de León, que en una parte dice: … Ayer en la plaza nueva, Vida… no vuelvas a hacerlo. Te vi besar a mi niño, a mi niño el más pequeño y cómo lo besarías ¡Ay virgen de los remedios! Si fue la primera vez que a mí me diste un beso. Llegué corriendo a mi casa, alcé a mi niño del suelo y sin que nadie me viera, como un ladrón en acecho en su cara de amapola mordió mi boca tu beso. ¡Ay qué alegría, y qué pena! Quererte como te quiero. Mira, pase lo que pase y aunque se hunda el firmamento, aunque tu nombre y el mío lo pisoteen por el suelo, aunque la tierra se abra y aun cuando lo sepa el pueblo eleven nuestras banderas de amor a los cuatro vientos. Sigue queriéndome así tormento de mis tormentos. ¡Ay, que alegría y que pena! Quererte como te quiero.
Retrocedió un poco su auto y nos despedimos, me baje, pero me temblaban las piernas y mi espíritu volaba, nunca había sentido un beso como ese beso. La próxima vez que nos encontramos buscamos un lugar oscuro y discreto y nos besamos con mayor pasión y sentí que él ponía su mano en el regazo de ese vestido floreado color lila bajito y no pude resistirme lo abrace con todas mis ansias y terminamos haciendo el amor. Después de eso nos encontrábamos y nos íbamos a algún alojamiento para satisfacer nuestras ansias, algunas veces nos íbamos a escuchar música, bailar y concluíamos de la misma manera.
El tiempo pasaba y confiábamos cada vez enamorados hasta que un día noté algo raro en mí y se lo comuniqué, el asumió totalmente su responsabilidad y me ofreció toda su ayuda, aunque se le cayera el cielo, hasta ese momento los dos sabíamos nuestra situación y yo tenía que responder ante mi familia, y no me quedó más remedio que cortar mi estado, con la ayuda de una amiga y sin decirle nada a él, con quien nos comunicábamos telefónicamente, pero dejamos de vernos unos días.
Pasó el tiempo y le comenté que fue un falso anuncio y que podíamos quedar tranquilos y que a partir de eso nos cuidaríamos para ver ¿cómo se pintaba el panorama? Un día él me habló diciendo que era preferible que dejemos de vernos, que no me quería perjudicar, pensaba que yo tendría un mejor futuro sin él. Le rogué que sigamos, que yo solo le pedía su amor y nada más, pero esa fue la vez que por mucho tiempo no volví a verlo y trate de rehacer mi vida, fue algo que me dejó con el alma rota, pero llegué a resignarme y comencé a pensar en emigrar a otro país para rehacerme y lo llamé para despedirme, nos volvimos a ver y renacieron nuestras ansias y terminamos amándonos, pero esta vez nos despedimos ambos con lágrimas porque había tomado una drástica decisión y él porque sabía que me perdería para siempre.
Retorné después de unos años y lo llamé, el pasó a visitarme y me trajo una caja de bombones y me invitó a cenar y todo fue como si no hubiera pasado el tiempo, el amor que nos teníamos no había muerto ni había cambiado seguíamos como cuando me dio el primer beso, lo cual me gustó mucho, pero al mismo tiempo me dio miedo, de tal manera que las próximas veces que retornaba para visitar a mi familia ya no lo llamaba, pero conservaba en mi memoria lo mucho que lo quería.
Un día después de muchos años retorné en forma definitiva y una tarde nos encontramos de pura casualidad en la calle, nos saludamos con un abrazo y un beso en las mejillas, le conté que todo había cambiado y que estaba de regreso, quedamos en juntarnos para cenar como buenos amigos y fue así, pero después de la cena cuando me llevó a mi departamento, como la primera vez me dijo si podía besarme y acepté, pese a tantos años y tanta agua que había corrido bajo el puente, dejé que me besará, fue como la primera vez que me beso, me dejo temblando, pero con más experiencia me separé de él y quedamos en vernos otro día.
Ese otro día se nos hizo una costumbre porque volvimos a amarnos como cuando éramos muchachos y quizá más, porque ya ninguno de los dos tenía las ataduras que habíamos tenido cuando la primer vez que nos separamos y habíamos madurado con la experiencia que da la vida y por lo tanto tomamos las cosas con mayor calma y cuidado, pero el amor de antaño no se había dañado en lo más mínimo, seguíamos temblando cada vez que nos acariciábamos y poníamos más empeño por la experiencia adquirida en tantos años de rodar por el mundo.
Nuestras vidas privadas las seguimos manteniendo separadas de nuestro secreto, procurando vivir los encuentros como si fueran en el cielo, pero en forma tan intima que esta relación fuera única y exclusiva para los dos, como si fuéramos los únicos habitantes de este extenso mundo, sin involucrar a nadie y procurando ser felices los dos sin compartir este secreto con nadie.
¿No sé cuánto tiempo más podremos vivir así?, pero algunas veces pensamos ¿cómo será cuando tengamos que traspasar la eternidad?, y ¿cómo seremos tratados en la misma?
Un amor eterno
SCZ.14-08-2024