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Escribiendo macanas

1 Ago

Escribiendo macanas

Escribiendo macanas

 

El tiempo pasa, inexorable, y yo voy montado en ese potro —no de ahora, sino desde siempre, desde que soy yo—. Comencé como un niño inquieto, desobediente, mentiroso y hablador, pero también soñador.

 

Con el paso de los años y la experiencia acumulada, esas características se acentuaron; sin embargo, fui moldeándome para pulirlas, o al menos eso quiero creer hoy, después de tantos años. Siempre con la mirada puesta en el futuro, como en este mismo instante.

 

No vale la pena repetir mi historia: la he contado innumerables veces. Por lo tanto, hoy no tocaré ese punto.

 

Han pasado ya más de 75 años desde que fui aquel niño con uso de razón, y casi sigo siendo el mismo, atravesado por veranos, otoños y primaveras que se han ido posando en mi memoria como hojas sobre un río.

 

Hace 55 años dejé atrás la juventud, con sus rasgos propios: voluntarioso, impulsivo, apasionado; siempre inquieto y mentiroso, al punto de creerme mis propias historias. No había perdido esas mañas pese al tiempo transcurrido. Continuaba soñador —virtud o defecto—, y aún hoy, a pesar de los años, sigo cultivando esa forma de ser. Tal vez, como dice el refrán, «genio y figura hasta la sepultura», o como advierte otro adagio: «el zorro pierde el pelo, pero no las mañas».

 

Hace 20 años entré en la tercera edad, aunque entonces no lo noté. Solo hace unos cuatro años empecé a reconocer que estaba envejeciendo. Prefiero no detenerme demasiado en esa idea y, fiel a mis mañas, elijo seguir mintiéndome un poco: necesito vivir unos diez años más para cumplir todos mis planes. Después —lo prometo— dejaré las mentiras y mis viejas costumbres, y esperaré a que Dios me llame para llevarme a sus dominios.

 

Así es la vida: pasa. Y quizá la mejor manera de atravesarla no sea pensar demasiado ni afligirse, sino confiar —con fe serena— en uno mismo y en los demás.

 

No pretendo dejar recuerdos. Quisiera llevármelos todos conmigo, y que aquí queden apenas algunas fotos y las chompas que me tejió mi madre, para que sigan abrigando a quienes sientan frío… como un último gesto tibio contra el paso del tiempo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.05-05-2026

 

1 Ago

Otra nota sobre mis sentimientos

Otra nota sobre mis sentimientos

 

Siempre pienso que Dios me tiene entre sus preferidos, porque son muchas las casualidades y causalidades que hacen que, cuando tengo algún apuro, inmediatamente encuentre una solución. No cabe duda de que no necesito pedir ayuda, porque esta llega de manera casi automática.

 

Por ejemplo, el jueves, después del almuerzo, tuve un problema con la hernia de hiato que me diagnosticaron hace aproximadamente 25 años. Desde entonces, solo había tenido algunas molestias en contadas ocasiones; me animo a decir que apenas tres o cuatro veces durante todo ese tiempo. Sin embargo, este año comenzó a molestarme con mayor frecuencia y, en los últimos días, casi a diario.

 

El jueves me asusté y tuve que recurrir al médico. Me internaron por un día para realizarme una endoscopia. Sin necesidad de intervención médica, unas seis horas después mi salud se normalizó, aunque me colocaron suero y algunos medicamentos leves. El viernes me hicieron el estudio y el diagnóstico resultó ser el mismo de hace 25 años, sin ninguna modificación grave. Aun así, pasé mucho miedo, aunque por suerte ya todo pasó.

 

Estoy leyendo una novelita muy bien escrita, que me llena «la casita del ojo». Es de Alyson Richman y se titula Los amantes de Praga, de la editorial Booket. El tema es estremecedor, pues muestra el sufrimiento indecible que golpeó a los judíos que vivían en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Son muchos los libros que relatan hechos de esa época oscura del nazismo y el inaudito exterminio de personas inocentes, como los judíos, los gitanos y muchas otras comunidades, e incluso de los propios alemanes que se oponían al Holocausto.

 

Ahora ha pasado el tiempo y aquellos hechos parecen ir borrándose de la memoria colectiva. Incluso hay quienes les restan importancia o niegan que hayan ocurrido de esa manera. Sin embargo, los relatos, las noticias, la historia y las pruebas de los hechos demuestran que todo fue real y que causó un enorme dolor a la humanidad, o al menos a una gran parte de ella.

 

Yo nací casi un año antes de que terminara la guerra, por lo tanto, durante los primeros años de mi infancia supe de esos acontecimientos y tuve la oportunidad de compartir con varios judíos que lograron escapar de aquella masacre. Muchos de ellos sufrieron enormemente, porque perdieron casi todo lo que tenían y tuvieron que comenzar de nuevo desde cero.

 

Pienso en el gran sufrimiento de quienes estuvieron en los campos de concentración, pero también imagino el dolor de aquellos que tuvieron que huir, dejando atrás a seres queridos que quedaron atrapados en la vorágine de las SS.

 

Mientras leo la novelita mencionada, reflexiono sobre el tremendo sufrimiento físico y psicológico que padecieron quienes estuvieron en los campos. Día tras día veían morir de inanición, enfermedades, torturas o ejecuciones a amigos y familiares.

 

Conocí a una persona que estuvo en los campos de concentración y logró salvarse gracias a la invasión de los rusos y los estadounidenses. Era la suegra de un amigo, y llevaba en su brazo el famoso tatuaje con el número que les asignaban a los prisioneros.

 

Esa señora, que vivió un tiempo en Tarija, vio en televisión un programa grabado dos años antes: era un festejo de judíos en Nueva York, y allí reconoció a un hermano al que creía muerto. Días antes de la liberación, lo había visto caminando en la fila que conducía a los hornos crematorios. Logró contactarse con él y viajó desde Bolivia a Estados Unidos para reencontrarse después de más de 35 años.

 

Miguel Aramayo

SCZ.09-05-2026

 

1 Ago

Y Dios creo al hombre y la mujer

Y Dios creo al hombre y la mujer

 

Muchas veces me pongo a pensar en la «inmortalidad del cangrejo», son ideas que tengo metidas en mi cerebro y otras veces chifladuras que se me ocurren pensar cuando tengo mi mente divagando, por simple ociosidad. Lo que expresaré ahora corresponde a uno de esos pensamientos.

 

Dios creo al hombre y lo doto de un cuerpo —que modelo de arcilla— un alma y algo muy escondido que yo lo denomino intimidad. El cuerpo es visible y perecedero, el alma es invisible para el saldo de los humanos y solo percibida para que la vea y la cuide Dios, es eterna. La intimidad es perecedera y solo le pertenece a cada hombre y tiene varias divisiones: pude ser intimidad fisiológica, intimidad sentimental y quizá de otros tipos. No es la conciencia y en general no es autónoma depende del sistema límbico y se maneja más que todo por la producción hormonal de cada persona. El espíritu es el canal de comunicación con Dios.

 

Según la tradición bíblica (Génesis 2:7), Dios creó al ser humano formado del polvo de la tierra (cuerpo físico) y sopló en su nariz aliento de vida, convirtiéndolo en un ser viviente con alma y espíritu. Esta unión constituye una unidad indisoluble, creando al hombre a imagen y semejanza divina, dotado de inteligencia y voluntad.

 

La diferencia entre alma y espíritu: radica en que el alma es la esencia individual, sede de la personalidad, mente, emociones y voluntad, mientras que el espíritu es la parte más profunda e inmaterial que conecta con lo divino o trascendente. En un sentido tripartito (cuerpo, alma, espíritu), el alma nos relaciona con el mundo y el espíritu con Dios.

 

El alma y el espíritu son los dos principales aspectos inmateriales que la Escritura atribuye a la humanidad. Puede ser confuso intentar distinguir las diferencias exactas entre los dos. La palabra «espíritu», se refiere sólo a la parte inmaterial del hombre. La raza humana tiene un espíritu, pero nosotros no somos un espíritu. Sin embargo, en la Escritura, sólo los creyentes, aquellos en quienes habita el Espíritu Santo, se dice que están «espiritualmente vivos» (1 Corintios 2:11; Hebreos 4:12; Santiago 2:26), así como los no creyentes están «espiritualmente muertos» (Efesios 2:1-5; Colosenses 2:13). En los escritos de Pablo, el «espíritu» era el eje de la vida espiritual de un creyente (1 Corintios 2:14; 3:1; Efesios 1:3; 5:19; Colosenses 1:9; 3:16). El espíritu es el elemento que le da al hombre la habilidad para tener una relación íntima con Dios. Siempre que se usa la palabra «espíritu», se refiere a la parte inmaterial del hombre que se «conecta» con Dios, quien en sí mismo es espíritu (Juan 4:24).

 

Pienso que la amígdala cerebral y el hipotálamo son las partes del cuerpo humano que se conecta espiritualmente con dios y que son los órganos que alberga el alma humana. Es parcialmente correcto decir que la amígdala comanda el sistema límbico, pero en realidad es un componente central clave. La amígdala funciona como un centro de procesamiento de emociones intensas, especialmente el miedo, la ira y la alerta, pero el sistema límbico funciona como una red coordinada que incluye otras estructuras fundamentales. La amígdala procesa emociones, especialmente el miedo, el peligro y la memoria emocional, mientras que el hipotálamo regula funciones fisiológicas de supervivencia como el hambre, la sed, la temperatura y la liberación de hormonas.

 

Y termino diciendo que: Creo que la intimidad depende directamente del hipotálamo, por eso digo que no es autónoma y que forma parte del sistema límbico. El cuerpo depende del cerebro y el alma de la amígdala cerebral. El espíritu es el canal de comunicación con Dios.

 

Miguel Aramayo

SCZ.13-05-2026

 

1 Ago

Una extraña carta

Una extraña carta

 

Encuentro en el cajón de mis recuerdos un sobre que alguna vez fue blanco, pero que ahora está amarillento, los años lo hicieron añejo. Lo tomo con mucho cuidado, como si al hacerlo pudiera dañar su contenido. No tiene ningún sello postal y la dirección está borrosa, como si a la tinta y hubiera caído una gota de agua, o quizá una lagrima, lo que estaba escrito está difuminado y no se entiende lo que pudo haber expresado. Rotulada a mi nombre como si lo hubiera escrito otra persona para mí, pero al observar el reverso no encuentro el nombre, ni la dirección del remitente, como se acostumbra normalmente. Con mucho cuidado y sin rasgar el papel lo abro, aprovechando que el tiempo desapareció el pegamento que tiene los sobres en la pestaña que cierra.

 

Con el lugar y la fecha de cuando fue escrita hubieran tenido la misma causa de la dirección en el sobre. Antes de comenzar la lectura trato de serenarme, porque mi pulso tiembla se aceleró y  mi corazón, mi viejo corazón, que funciona gracias al montón de medicamentos que le suministro diariamente. Aparentemente, es una carta que escribí yo mismo y que está dirigida a mi madre. Cierro los ojos y como si fuera una realidad me veo sentado en mi escritorio y a mi alrededor varios de mis seres queridos, lo veo a mi padre con sus lentes rayban y un destornillador en la mano, a mi madre con un mandil en el que del bolsillo se distingue un par de palillos y un trozo de lana colgando, es de color palo de roza; también están mis hermanos, discutiendo como era su costumbre. En el mismo lugar distingo a mi abuelo Carlos, la abuela Merces y también la bisabuela Eloisa. Todos ellos me miran como esperando que dé comienzo a lectura del papel que porto en las manos.

 

Querida mamá, han pasado tantos años desde la última vez que te escribía una carta; cuando estuve en Buenos Aires lo hacía cada quince días, porque en el mismo tiempo recibía tu respuesta, que esperaba con ansias, después cuando estuve en Santa Cruz y la comunicación telefónica era imposible, te escribía una vez a la sema y puntualmente recibía tu respuesta, pero esta llegaba al tercer día de la que yo enviaba. Cuando pudimos tener comunicación telefónica dejamos de escribirnos cartas, pero hablamos una vez a la semana y durante mucho tiempo, pero seguí enviando lo que escribía y de vez en cuando te mandaba una poesía que te la dedicaba.

 

A mi padre solo le escribí una vez, pidiéndole permiso para casarme y durante mucho tiempo conservé su repuesta, muy escueta, pero expresando lo que realmente sentía para mí. Me resulta extraña la visita de todos los parientes y tengo la plena seguridad que son ellos que tuvieron la oportunidad de presentarse a mí de esa manera, pareciera un sueño, pero tengo la seguridad, la convicción de que son ellos y están conmigo. Cuando algunas veces los veo en sueños, con relativa frecuencia, no los veo a todos juntos, sino que los veo de uno en uno, en forma individual y en situaciones en las que compartimos los recuerdos de los años vividos.

 

Ellos conservan el mismo aspecto físico de cuando los vi por última vez, pero el que se deterioró mucho por el paso de los años, soy yo, incluso me veo mayor que mi abuelo Carlos y más próximo a los años de la abuela Eloísa, que en ese momento aparenta unos 80 años. A mi madre se la ve muy buena moza y quizá como si tuviera algo menos de cuarenta años.

 

No somos fantasmas, somos seres reales, auténticos y Dios quiso que estuvieran conmigo, ahora que han pasado muchos años desde que los vi por última vez, a la abuela Mercedes hace 65 años, a Eloísa hace 63, al abuelo Carlos 50 a mis padres, más o menos entre 14 y 7 y a mi hermana hace menos, pero mi hermano y yo todavía no partimos para juntarnos con ellos.

 

Miguel Aramayo

SCZ.01-06-2026

 

1 Ago

Un largo camino

Un largo camino

 

Una persona mayor de una blanca cabellera y unos ojos claros, que se distinguen detrás de unos lentes casi dibujados en su rostro, con los cachetes bien afeitados y con una sonrisa pícara. Ese aspecto tiene un viejo, que al final de un largo puente, no cualquier puente, uno larguísimo, que desde donde él está parado en ese momento se observa exuberante vegetación, pero cuyos inicios se ven en lontananza con montañas, incluso algunas nevadas.

 

Han transcurrido muchos años, pero en su memoria perduran vívidamente cada uno de los días transcurridos desde que su cerebro comenzó a almacenar recuerdos, con tal nitidez que, recuerda colores, olores, sabores y mucho más vívidamente a los personajes que pasaron por su larga existencia. Recuerda las casas, calles avenida y parques recorridos en su larga existencia. Todo eso no con afán morboso, o como queriendo escapar de las añoranzas, por lo que vivió, vio y o pretende retroceder; tan simplemente recordar momentos.

 

Cuando muy chico y en conversaciones con un amigo imaginario soñaba en despierto lo que seria su existencia. De alguna manera esas ensoñaciones le sirvieron como guía para alcanzar los objetivos, que con ilusión se imaginaba y graficaba en esos sueños despierto. Ahora los tiempos han pasado y lo que parecía que se hubiera difuminado con el transcurrir de los años, ahora se le presentan con total claridad y puede observar, como mirar en este momento ese puente largo y siente que donde está parado, todavía puede distinguir lo que se produjo junto a esas montañas que se ven tan distantes al otro lado del puente.

 

Es como si estuviera mirando detrás de un telescopio, elemento de visualización que le permite ver como si fuera una película que se reproduce en vivo y en directo. Cierra los ojos y esa imágenes que vuelven a su memoria son tan nítidas que no solo parecen una filmación, sino que su conciencia retorna a esos precisos instante y puede recrear lo que pensaba.

 

La escena transcurre en una modesta casa muy ordenada, limpia y acogedora, en la que uno de los dormitorios muestra dos camas y una cuna, además de otros muebles donde se observan fotos, estampas de santos y algunos adornos, además de un florero con rosas naturales de un color amarillo mate, son rosa te. La casa tiene un gran patio que en uno de los extremos se distingue un pequeño gallinero, pero además espacio para albergar conejos a los que se ve moverse de un lado al otro y se escucha el cloqueo de las gallinas y de vez en cuando el canto de un gallo.

 

El viejo se ve muy niño, recostado en una cama en la que en la cabecera se distingue un cuadro del Niño de Praga, él está arropado como para dormir y mientras espera que su madre se asome para contarle un cuento, él alisa los colchas que lo arropan y se imagina como será su vida en el futuro, cómo será cuando sea grande, como será su esposa, que estudiará, donde trabajará, cómo serán sus hijos y como él se comportará con ellos y con sus padres y hermanos cuando sean viejitos.

 

En todos esos ensueños también se ve anciano jugando con sus nietos, pero nunca se imaginó que podría estar en el matrimonio de una de sus nietas y tampoco imagino que podría llegar a ser bisabuelo. Ahora retornando al puente donde está parado en ese momento, recuerda que este 4 de julio se casará una de sus nietas, la hormiguita colorada y que también otra de sus nietas, Lucia, se casará un día antes en Buenos Aires.

 

Eso no estuvo en lo que soñaba cuando estaba rodeado de montañas, pero es lo que sucede en la actualidad. Sus sueños se cumplieron al transitar ese largo puente.

 

Miguel Aramayo

SCZ.05-06-2026

 

1 Ago

Quienes somos, que somos.

Quienes somos, que somos. 

 

Voy a elucubrar: la mayoría de las personas, incluso yo, somos muy simples, no meditamos y si lo hacemos es en forma muy superficial. Son muy contadas las personas que se detienen a observar el firmamento, a reconocer cada punto que brilla y recordar si es un planeta, una estrella conocida o una fugaz. Es menos probable que se queden mirando a una hormiga, un gusano o una mariquita y quieran adivinar que hacen. Acercarse a las plantas y despojarlas de hojas o flores cecas, quizá tomar una flor y acercarse a ella, para apreciar su color o su fragancia. Apoyarse a un árbol y comprobar su fortaleza, apreciar su sobra y distinguir el movimiento de sus ramas. 

 

Cuando estoy junto a un río siento algo especial, aprecio su rumor y contemplo su movimiento, algunas veces arrastrando algo en su corriente y con mucha suerte alguna vez pude ver un pez emergiendo para observar su devenir. El mar me produce una sensación diferente, incluso siento que tengo otra dimensión que me acerca mucho más al creador. El ir y venir de las olas me subyuga de tal manera, que hasta pienso en la eternidad y rebobino mis pensamientos y recupero en mi memoria los recuerdos de tiempos pasados.

 

Siempre fui un romántico y no solo pensé, sino que tuve al amor como algo extraordinario. Recuerdo el primer beso que me dejo un sabor a flan y nunca más volví a sentir esa extraordinaria sensación …esa extraordinaria sensación. No fue por amor, fue por curiosidad de alguien que me quería enseñar a besar.

 

Y, sin embargo, con los años, entendí que no era el beso lo que había cambiado, sino yo. O quizá no cambiado, sino cubierto: de prisa, de costumbre, de pequeñas renuncias diarias que uno ni siquiera nota. Como polvo fino que se posa sobre los muebles, sobre los libros… sobre el alma.

Me pregunto entonces en qué momento dejamos de mirar. No de ver —porque ver, vemos todo el tiempo— sino de mirar con esa intención que desnuda las cosas. ¿Cuándo fue la última vez que alguien se detuvo a escuchar realmente el río sin pensar en la hora? ¿O a sentir el viento sin apresurarse a cerrarse chamarra?

 

Quizá no somos simples por naturaleza, sino por abandono.

 

Recuerdo una tarde —no sé si fue real o si la inventé con los años— en la que me quedé mirando una hormiga durante varios minutos. Llevaba algo más grande que ella, tropezaba, retrocedía, insistía. En ese momento sentí una especie de vergüenza silenciosa, como si yo, con toda mi complejidad aparente, fuera menos constante que ese diminuto ser.

 

Tal vez ahí empezó todo.

 

Desde entonces, he intentado recuperar pequeñas cosas: mirar el cielo sin nombrarlo, tocar la corteza de un árbol como si fuera la primera vez, acercar una flor sin arrancarla. Y a veces —muy pocas— logro sentir algo parecido a aquel primer beso… no en los labios, sino en el pecho.

Una especie de asombro intacto.

 

Quizá eso somos.

 

No lo que sabemos, ni lo que acumulamos, ni siquiera lo que recordamos… sino lo que aún somos capaces de sentir sin entender del todo.

 

Y si algún día dejo de sentir eso, sospecho que no habré muerto todavía… pero ya no estaré realmente vivo.

 

Miguel Aramayo.

SCZ.09-04-2026

 

1 Ago

El tiempo pasa volando

El tiempo pasa volando

 

La Biblia no menciona un año específico para la creación del hombre. Sin embargo, basándose en las genealogías y cronologías bíblicas, muchos estudiosos sitúan la creación de Adán alrededor del año 4000 a.C. o 4004 a.C. Es importante destacar que existen diferentes interpretaciones teológicas sobre la literalidad de estos días y genealogías. Según esta interpretación cronológica, la humanidad habría sido creada hace aproximadamente 6000 años. La tradición judía, según el calendario hebreo, sitúa la creación de Adán en el año 3761 a.C. Todo esto según las interpretaciones religiosas de las religiones abrahámicas

 

Según la ciencia, el ser humano moderno (Homo sapiens) apareció en África hace aproximadamente 300.000 años. Si se define «humano» como parte del género Homo (incluyendo ancestros anteriores), los primeros representantes, como el Homo habilis, surgieron hace unos 2,4 a 2,5 millones de años. Homo sapiens (Humanos modernos): Los restos más antiguos, como los hallados en Marruecos, datan de hace unos 315.000 a 300.000 años. Según mi pobre entender y apoyándome en la teoría de la evolución de Darwin el ser humano fue evolucionando en el transcurso del tiempo y en un momento determinado Dios intervino y protagonizo el «soplo divino» en Adan y Eva y desde ese momento podemos considerar la «creación del hombre» y esa fecha es incierta, pero a partir de esa se puede aplicar la genealogía expresada en la Biblia.

 

Según la teoría de la evolución de Charles Darwin, no existe un año específico ni un concepto científico que defina al hombre como «hijo de Dios». Darwin propuso que los seres humanos son fruto de la selección natural y comparten un ancestro común con otros animales, no producto de una creación divina especial. En sus obras, particularmente en El origen del hombre (1871), Darwin aplicó la selección natural para explicar la aparición del ser humano, lo que contradice el relato Bíblico de la creación. Dijo: «En mis fluctuaciones más extremas, nunca he sido ateo en el sentido de negar la existencia de Dios. Creo que, en general (y cada vez más a medida que envejezco), aunque no siempre, agnóstico sería la descripción más correcta de mi estado mental.»

 

No poseo la capacidad intelectual para emitir una opinión al respecto de la evolución o la creación, pero por mis creencias —influenciadas por mi educación y entorno— Creo que todo lo que existe en el universo fue creado por Dios y los siete días que se refieren en los libros sagrados, no quiere decir que sea una expresión literal, pienso que podría decirse: Épocas o periodos. También decir que Adan y Eva fueron hechos de barro, eso podría significar que fueron evolucionando como algo propio de la naturaleza, pero sí estoy convencido de que hubo un «soplo Divino», que nos convirtió en amos de este mundo y en hijos de Dios, pero también los demás seres de la creación del reino animal y vegetal son hijos de Dios y tienen su protección.

 

Yo nací por la unión de dos seres que me trasmitieron sus genes, —que a su vez también los recibieron por herencia—, Pero mi cerebro es mio y por consiguiente lo que pensé, lo que pienso y pensaré es de mi total responsabilidad. En lo que me opongo es a que tengo «libre albedrío», porque quien comanda la mayoría de mis actos y reacciones es mi sistema límbico, por lo menos en todo lo que corresponde al funcionamiento físico, intelectualmente creo que si puedo ser libre.

 

Desde que nací han pasado muchos años, los recuerdo y agradezco a Dios haberlos vivido a plenitud. Este mes cumplo 59 años de matrimonio y espero tener un poco más de vida útil.

 

Miguel Aramayo

SCZ.15-04-2026 

 

1 Ago

El paso del tiempo es implacable

El paso del tiempo es implacable

 

Cierro los ojos y siento un frio intenso que adormece mi espíritu y hace que mi cerebro se llene de emociones.  Ya no estoy donde estoy, ya no tengo los años que me pesan, pase a otra dimensión, una dimensión que es muy conocida por mí. La dimensión que he transitado muchas veces desde que tengo uso de razón. He vuelto a soñar, pero esta vez ya no son los sueños que creaba en mi infancia, en mi adolescencia y juventud. Ahora, eso que soñé casi se hizo realidad, mejor dicho, estoy volviendo al pasado y ya no es ensoñación, ahora son recuerdos de lo vivido.

 

Recuerdo a mi madre que me contaba cuentos, pero no lo que están en los libros infantiles, cuentos que ella quizá se inventaba o quizá eran relatos de los que ella había vivido, porque me hablaba de su padre y lo lindo que olían sus manos, me contaba de cuando se le apareció el duende y le produjo tanto miedo, que hasta le sangró la nariz. También me contaba de los juegos con sus hermanas y hermanos de lo vivido en el pueblo donde radicaban sus abuelos paternos, porque no conoció a los abuelos maternos.

 

También me contaba cosas tristes de su padre, al que aprendí a quererlo sin haberlo conocido y sentía tanta pena por la pena que a él lo embargo o la pena que él trasmitió a su familia. Me contaba ese tipo de cuentos que se van tejiendo poco a poco, mostrando la realidad en la que ella se desarrolló. También recuerdo las poesía que me enseñó y que, hasta ahora las repito con mucho cariño, con un cariño exagerado, porque cuando las repito mentalmente o en voz queda, hacen que mis ojos se pongan como pauros llenos de agua, agua que con sabor salado escurren por mis pómulos y mojan mis labios con un sabor, sabor que me estremece. No dar examen verdad, o mariposa vagarosa rica en tinta y donaire o quizá verde que te quiero verde o el bolero que decía luna lunera casca velera, dile a mi chiquita por Dios que me quiera u otra canción que decía: están clavadas dos cruces en el monte del olvido.

 

Otra veces siento que me acaricia peinando mis cabellos y frotando su nariz junto a la mia y pidiéndome que pise sus pies para que me enseñe a bailar y yo abrazado a sus corvas, sostenido firmemente a sus manos y cuando más grande bailando un tango o una milonga o zapateado una copla. Esos recuerdos hacen erizar mi cuerpo y con los ojos cerrados vuelvo a ver sus ojos verdes, sus cabellos ondulados, sus labios rojos y la delicadez de sus manos, manos que eran tan hábiles para cocinar o tejer, pero que lo mejor que hacían era acariciarme cuando quería que posara la cabeza en su regazo.

 

Lo que digo en este momento, son palabras que salen del fondo de mi corazón impulsadas por mi alma. Son pequeños recuerdos que tienen tanto valor para mi que logran elevar mi espíritu hasta lo alto del cielo y hacen que busque su reflejo entre las nubes que atravesaron mis pensamientos en busca de sus recuerdos, de su añoranza y de su forma de ser, forma de ser y ver que me las contagio, porque creo que soy lo que ella quiso que sea.

 

En este momento, me siento muy feliz, porque Dios me permite que retornen a mi memoria recuerdos, recuerdos que me permiten retrotraerme a la realidad y mostrar lo feliz que fue mi existencia, en el poco tiempo que compartí con mi madre, pero tiempo que fue suficiente para que yo pueda demostrar mi cariño y gratitud a todo lo bueno que fue ella para mí. El tiempo pasó y ahora que me encuentro en el ocaso, creo que no le fallé, que, si soy alguien, soy ese alguien que ella quiso que yo fuera y aunque ya no la tengo, la siento conmigo, siento su calor, su fragancia, escucho sus versos y percibo su presencia en mí.

 

Miguel Aramayo

SCZ.31-03-2026

 

1 Ago

Para no quedarme callado

Para no quedarme callado

 

 

En el velero que se aproxima a esa pequeña isla, en ese velero estoy yo y no me acompaña nadie, porque preferí estar totalmente solo. Hago eso porque quiero meditar como me imagino que hacían los ermitaños en las montañas de España, encerrados en una ermita.

 

Un ermitaño era una persona que optaba por una vida de soledad voluntaria, austeridad y recogimiento, apartándose de la sociedad para vivir en lugares aislados como desiertos, bosques o montañas. Lo hacían principalmente por motivos espirituales o religiosos —especialmente en el cristianismo— buscando la contemplación, la oración constante, la penitencia y una unión más íntima con Dios. 

 

Yo lo hice para estar solo conmigo, con mis recuerdos, analizando lo que fui, lo que soy y lo que posiblemente llegue a ser. Los años han transcurrido en mi vida, de una manera tan acelerada que algunas veces me he puesto a pensar en mí, incluso hice algunos intentos de escribir una biografía, hasta que creo haberlo logrado. Todos los intentos quedaron escritos en algunos de los libros que escribí y constantemente escribo cuentos muy cortos relatando algo de lo que soy o cómo soy.

 

En un momento determinado, decidí trasladarme a vivir solo en Paris, muy cerca del rio Sena y de la torre Eiffel y escribí muchas historias sobre mi estadía allí, pero algunas veces no estaba solo, algunas veces tenía compañía, compañía ocasional y otras tenía la visita de alguna amiga que me ayudaban a escribir mi historia, ese truco psicológico me ayudó a escapar de la rutina en la que estaba viviendo y se inició en el año 2006. En uno de los cuentitos estuve con Brigitte Bardo y en el mismo encuentro compartir un trago con Alain Delon y Jean-Paul Belmondo.

 

En uno de mis cuentos estuve compartiendo mi vida con una gitana española, con la que nos conocimos en un tablado en Madrid y nos volvimos a encontrar en el Barrio Latino en Paris. En otra oportunidad llegó a mi vida una ingeniera de sistemas que era del lugar, nos conocimos en la playa y después viajamos a Inglaterra para concluir un trabajo científico.

 

Durante mi estadía en Francia tenía periódicamente la visita de una amiga paisana que vivía en Suiza y con la que realicé muchos viajes a diferentes lugares del mundo, no sólo en Europa.

 

Ahora lo que quiero psicológicamente es estar solo, lejos de cualquier lugar conocido, simplemente para dejar reposar mi mente y volver a encarrilar mi existencia, después de haber tenido una vida en la que prácticamente viví del trabajo y preocupado de los demás y dándome algunos gustos, gustos efímeros, pero con un alma inquieta y con deseo de hacer más y mejores cosas por mí y por los demás.

 

Después les contaré como me fue en ese viaje de ermitaño en esa isla que no la nombraré para que sea una incógnita para mí y para ustedes que leen mis chifladuras.

 

Miguel Aramayo

SCZ.03-02-2026 Cumpleaños de mi hermana que está en la eternidad.

 

1 Ago

Pensar solo por pensar

Pensar solo por pensar

 

¡Me duele el alma! Aunque no me crean, esa expresión muestra realmente como me siento y como me senti cuando por primera vez en mi vida veo a una persona con una pérdida total de conciencia.

 

Ayer visité a la hermana de mi gran y apreciado amigo, una persona que conocí prácticamente desde que nació, y ahora verla con un alzhéimer profundo. Me impactó de tal manera que la sensación no solo la senti físicamente, todos los recuerdos golpearon mi alma y me dejaron con una honda tristeza.

 

Ella está internada en un geriátrico, que tiene todas las comodidades y por su aspecto físico se la ve que goza de buena salud, no ha perdido la sonrisa que siempre tuvo, lo que muestra que está saludable. Pero sus ojos, —aunque tienen brillo—, ya no miran o si lo hacen ya no reconocen y por lo tanto, da la impresión de que miran a la distancia, observando en lontananza, pero no tiene en su memoria nada con que comparar, para poder reconocer y retrotraer recuerdos.

 

Pienso que, una persona en ese estado es un ser que ya dejó partir su alma a la eternidad, porque lo que nos diferencia del saldo de miembros del reino al que pertenecemos, —somos bípedos, tenemos autoconciencia y capacidad de planificar el futuro—. Pero una persona en esa condición, con esa dolencia, se diferencia. Los humanos: —poseemos un nivel superior de cognición, capacidad de abstracción, lenguaje articulado, pensamiento simbólico y cultura…—

 

Uno de mis hijos me dijo que estoy equivocado, que el alma no abandona un cuerpo hasta su defunción, porque los humanos tenemos cuerpo, alma y espíritu, pero yo alguna vez escribí que tenemos un sistema que se denomina sistema límbico y

 

Creo que, con todo lo expresado dejo claro el sentimiento que me embarga en este momento y que logró hacerme pensar lo triste que debe ser para a sus seres queridos y sus amigos verla en esta situación. Ojalá que la ciencia en un futuro cercano pueda evitar esta dolencia y en lo posible corregir a quienes la contrajeron.

 

Miguel Aramayo.

SCZ.22-02-2026