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5 May

Los mosquitos.

A principios de esta semana vi en la TV, que para combatir a los mosquitos, que infectan a la población, con el Dengue en sus diferentes serotipos (DENV); los científicos habían llegado a manipular la cadena genética del mosquito, de manera que de alguna manera rechacen el dengue y que por lo tanto dejaban de ser transmisores de esa plaga.

 

Al ver eso, me puse a analizar el daño que puede producir un insecto, en muchos casos imperceptible por su tamaño, su velocidad al volar y sus costumbres de atacar en la oscuridad y aprovechando, generalmente, que su víctima (nosotros) está dormida.

 

La primera enfermedad que detecte y analice por ser la más antigua y devastadora en los daños que produce es la Malaria. La malaria ha infectado a los humanos durante más de 50.000 años, y puede que haya sido un patógeno humano durante la historia entera de nuestra especie. Los estudios científicos sobre la malaria hicieron su primer avance de en 1880, y fue el médico francés Charles Louis Alphonse Laveran, observó parásitos dentro de los glóbulos rojos de personas con malaria. Propuso por ello que la malaria la causaba un protozoario, se le concedió el Premio Nobel en Fisiología o Medicina en1907. Carlos Finlay, un médico cubano que trataba pacientes con fiebre amarilla en la Habana, sugirió que eran los mosquitos quienes transmitían la enfermedad de un humano a otro. Una aborigen de origen boliviano, fue la que descubrió que la corteza de un árbol producía un alcaloide denominado quinina, era el remedio para paliar la fiebre amarilla, el nombre científico de ese árbol tienen el nombre de esa señora, Chinchona Calisaya.

 

Después se descubrió la “Fiebre Amarilla”, que ha sido causa de epidemias devastadoras en el pasado. Probablemente fue transmitida por primera vez a los humanos por otros primates en África oriental o central. De allí se propagó a África occidental y en los siglos XVI o XVII saltó a América debido al tráfico de esclavos. Como la enfermedad era endémica en África, las poblaciones de ese continente habían desarrollado cierta inmunidad a ella y sólo les provocaban síntomas similares a los de la gripe. Por el contrario, cuando la epidemia golpeaba a colonos europeos en África o en América la mayoría moría. La primera epidemia confirmada de fiebre amarilla en América fue la de 1647 en Barbados. En el Caribe, esta enfermedad tuvo consecuencias geopolíticas importantes, ya que diezmó muchos ejércitos enviados desde Europa. Así, gran parte del triunfo de la Revolución Haitiana de 1802, se debió a que más de la mitad de las tropas francesas murió a causa de la enfermedad. Todo debido a la acción del mosquito Aedes aegypti.

 

Otro de los males trasmitido por el mosquito es el Dengue, la primera referencia de un caso de Dengue, aparece en una enciclopedia médica china publicada en la dinastía Jin (265–420), que describe una especie de “agua envenenada” asociada a insectos voladores, que tras su picadura provocaban unas fiebres muy elevadas. Se extendió fuera de África entre los siglos XV y XIX, debido al desarrollo de la marina mercante y la creciente migración de personas, especialmente en los siglos XVIII y XIX, lo que ocasionó que las ciudades portuarias crecieran y se urbanizaran. Durante los viajes marítimos, el mosquito se mantenía vivo en los depósitos de agua de las bodegas. De esta forma, tanto el mosquito como el virus se expandieron a nuevas áreas geográficas El primer reporte de caso definitivo data de 1779 y es atribuido a Benjamín Rush, quien acuña el término “fiebre rompe huesos”.

 

Ahora estamos con una nueva plaga del mismo mosquito, que se denomina chikungunya o fiebre de chikunguña, que se transmite a las personas mediante la picadura de los mosquitos portadores, tanto el Aedes aegypti, como el Aedes albopictus. El virus se transmite de manera similar al dengue, que dura de 2 a 5 días, seguido de un período de dolores en las articulaciones de las extremidades; este dolor puede persistir semanas, meses o incluso durante años en un porcentaje que puede rondar el 12 % de los casos.

 

Comparto esta información paa que tengan una idea de lo perjudicial que es el famoso mosquito y para que pensemos en serio que debemos protegernos.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 05-05-2015

 

3 May

Caminando por Paris.

Era un día poco cálido de fines del mes de abril. Eran aproximadamente las nueve la mañana, había salido con la idea de caminar un poco y después tomar el desayuno. El tiempo era bastante nublado, pero más que nublado, estaba con una espesa neblina. Para descansar, me apoyé en la baranda, baranda que delimita un puente sobre el canal Saint Martin. Desde allá me quedé mirando una pasarela, que está más o menos a doscientos metros de donde estoy, en esa pasarela, también hay gente, gente sin hacer nada o sin nada que hacer, como estoy yo. Ellos me observan a mí y yo los veo en la lejanía, sin distinguirlos, apreciando simplemente su silueta.

 

Estoy ensimismado en mis pensamientos, mejor dicho estoy sin pensar en nada, simplemente observando, la naturaleza y como parte de la naturaleza, la gente que deambula por las obras que hizo el hombre, para protegerse, como el caso de la baranda del puente y la pasarela sobre el puente. Los árboles que orillan el canal, aparentemente no tienen hojas, aunque mirando con detenimiento y paciencia, ya asoman algunos brotes de un verde tenue, un verde casi agua.

 

Vuelve a mi mente la muchacha del cuento de Dostoievski, Noches Blancas, cuando el que sería su amigo se le acerca y ella cruza la casada, para evitarlo, antes de que el borrachito la persiga y el que sería su amigo, la salve de esa situación embarazosa y que sirvió para que traben amistad. Recuerdo ese cuento, porque en este momento estoy solo, sólo con mi soledad, pero sin ninguna pena de estar así, porque ya lo expresé en muchas oportunidades: Estar solo es bueno, porque uno elige con quien estar, por lo menos en sus pensamientos, porque además, uno selecciona donde estar y hasta cómo estar. Me mantuve en ese estado de casi meditación, ¿por no sé qué tiempo?, porque ¡no me interesa el tiempo que transcurre!, porque el tiempo es implacable y contra él no se puede hacer nada y menos cuando lo estás “perdiendo”, como  lo estaba haciendo yo en ese momento.

 

Después sigo caminando hacia Montmartre, que es el lugar de Paris, por donde más me gusta pasear, porque además de hacer ejercicios, mi mente puede distraerse con los edificios, cafés y con la gente que transita por esos lugares y la gente que vive y sobrevive allí; de los cuales, muchos de ellos ya son mis amigos o por lo menos intercambiamos sonrisas y algunas veces saludos y con los más asiduos algunas palabras. Me quedo observando la Mainson Eymonaud. Cerca de la Rue Lepic y la calle Constanza, una casa de estilo neogótico construida en 1882, más conocido como hotel Escalopier, cerca del cementerio de Montmartre.

 

Sigo caminando por villa Léandre, una calle romántica, con adoquines en la calzada y también en la vereda y las casas muy familiares, la mayoría de entre dos y tres pisos, algunas con buhardillas. Es agradable caminar por esa calle, porque hay muchas casa que tienen enredaderas de madreselva y a esa hora de la mañana, con la calzada humedecida por el rocío que deja la neblina, se siente el olor de las flores, ésta es la parte que más me gusta de Paris. Llegó al “Café des 2 Moulins” y en la primera mesa libre me siento a tomar el desayuno, con lo cual cumplo el motivo principal de mi paseo.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ- 03-05-2015

 

30 Abr

Solo palabras.

Si las palabras suenan  como sonidos.

¿Cómo suenan los sonidos del alma?

Las palabras llegan a mí, muy silenciosas.

De la misma forma llegan a mi alma

Es mi corazón que las amplifica

Y es mi alma que les da el tono

En base al tic tac del corazón

Ahora las palabras resuenan

Y mi alma ya las comprende

Porque ya tienen un sentido

Ya son comprensibles

Son palabras con amor

Son palabras con sentido. 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 29-04-2015

 

27 Abr

Sentimiento de soledad.

Comprendo ese sentimiento de soledad en compañía, lo he sentido sobre todo con compañías no buscadas, compañeros de colegio, de trabajo o incluso la familia. Con las buenas compañías, las que deseas ver en ese preciso momento, es difícil que suceda, aunque puede pasar, si se está algo reflexivo.  Mi experiencia personal con el cuento Noches Blancas, hace que sobrevalore el cuento, confieso. Y como estamos intercambiando mails tranquilamente, no escribiendo ensayos o ficciones en las cuales, a veces, la primera persona cansa, te voy a contar cual fue mi experiencia.

 

Estaba en Buenos Aires, por motivos que conoces, estaba muy triste además de intranquilo, he vivido cosas peores, a las que viví ese entonces, pero nunca sentí semejante soledad. No sabía que me pasaba, era como si mi alma no quisiera moverme, porque estaba tan triste, tan solo, tan rechazado, por cometer la imprudencia de compartir asuntos, que no cualquiera comprendería y encima explicarlos, aun sabiendo que los prejuicios de una sociedad son casi imposibles de quitar.

 

Al principio, la soledad era un alivio, recuerdo que en Santa Cruz la buscaba y tenía que pelearla, pero cuando la soledad llega sin invitación y nunca has tenido semejante visita, no sabes qué hacer, si servirle té, café o invitarle algo de comer, hablando metafóricamente.

 

Estaba triste, decidí refugiarme en los libros, porque los escritores se llevan bien con la soledad, muchos tienen vidas excéntricas, como Roberto Arlt, José Mujica y Dostoievski, justamente me vengo a topar, en la casa de un amigo no lector, con un libro llamado “Cuentos que me apasionaron”, una compilación de cuentos hecha por Ernesto Sábato, me lo prestó sin pensarla dos veces, ni siquiera lo había leído.

 

Llegó el sábado y me fui a la reserva forestal de la costa, luego de una hora de caminata vi por fin el rio de La Plata, me senté en un banco, sintiendo el olor del agua y la brisa del lugar, me llevé mi mate y vi caer el sol leyendo ese libro. Leí el libro completo en ese único día, eran varios cuentos,  pero el último y más largo era Noches Blancas, la narración tan y absurdamente detallista de Dostoievski, no era un mero recurso literario. Leyendo su biografía, descubrí que había pasado periodos prolongados de soledad, que era un melancólico, con tendencia al vagabundeo.

 

Estando en la situación en la que estaba, comprendía perfectamente cada absurdo detalle narrado, cuando uno está en soledad por mucho tiempo, estudia de sobremanera cosas que abarcan desde comportamiento humano, los mecanismos de funcionamiento de la propia psique, hasta los detalles que tienen el marco de una puerta y qué pudo motivar al orfebre a realizarlo, optar por esos detalles.

 

En resumen, me sentí muy identificado con el Protagonista solitario de Petersburgo, la narración no me pareció pulcra, sin embargo me pareció la correcta para narrar este cuento, porque se basa en experiencia propia, pienso que Dostoievski ya no estaba solo al escribir este cuento, creo que estaba con su mujer, feliz y contento pero como todo escritor, se aprovechó de la experiencia para rebajarla (magistralmente en este caso) a literatura.

 

Este relato, lo tomo como mío, porque me identifico plenamente con él, porque esa sensación, la he sentido en varias oportunidades y hasta ahora todavía la siento, como si fuera algo que me persigue.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 27-05’2015

 

26 Abr

Noches Blancas.

Conversando con mi nieto mayor, me comentó que el cuento “Noches Blancas”, de “Dostoievski”, era algo romántico y muy bonito para leerlo. Después de colgar el teléfono, lo primero que hice fue buscar en Wikipedia y leer el resumen. No leí, lo devoré y pienso que si me pongo a leer el cuento, que es más o menos largo, dejaré de hacer otra cosa, por lo tanto lo postergaré para la próxima semana.

 

Pensando en las “Noches Blancas”, se me ocurrió escribir lo que viene a continuación: Por más que vivamos entre mucha gente, tanto en la casa como, en la oficina y en todo el entorno que debemos frecuentar, algunas veces nos sentimos solos, tan solos que podemos asegurar que somos los únicos en este universo.

 

El hecho de tener que compartir con muchas personas, no quiere decir que estemos acompañados, simplemente estamos cumpliendo una función en esa máquina que se llama sociedad y debemos realizar tareas, responder consultas, formular preguntas y todo lo que conlleva el pertenecer a esa máquina, que en algún momento se llama “hogar”, oficina, clientes, proveedores, etc. y en cada caso en particular cumplir las funciones, funciones para las que fuimos diseñados, cumpliendo el rol que nos corresponde, sin olvidar la gentileza, la urbanidad, el respeto; de manera que la función que nos corresponda se cumpla a cabalidad.

 

Pasado eso o quizá, mientras eso sucede en los diferentes roles, nuestro ego, nuestro espíritu puede estar vacío, estar sólo, he incluso, pese a estar rodeado de un ambiente festivo, se abstrae y se ve solo, porque todo lo que sucede a nuestro entorno, no es más que una grabación, un video que forma parte del funcionamiento de la máquina.

 

La primer noche a la que se refiere el “relator” del cuento, la he vivido en innumerables veces, creo que hasta hoy todavía la vivo. Siempre me veo como un joven soñador y solitario y me imagino una vejez solitaria. Muchas veces me encontré con jóvenes llorando, como la de las Noches Blancas, como Nástienka. Y siempre encuentro en ellas algún hechizo.

 

En un segundo encuentro, nos presentamos hacemos amistad, al contarnos las historias de nuestras vidas. Algunas veces pienso, que ese encontrar compañía, me lleva a Nástienka como si leyera el libro de Dostoievski. Después de asegurar la amistad de mi interlocutora, me siento liberado de mi soledad o por lo menos solo que antes del encuentro con la persona. Persona, que me contó su historia, con lágrimas en los ojos.

 

Al igual que el narrador, después de un segundo encuentro, caigo en cuenta que puede ser que esté enamorado platónicamente de ella, mi interlocutora. Sin embargo, les ayudo a escribir cartas y oculto mis sentimientos hacia ellas. Pero pierdo las esperanzas de esos ensueños, sueños que elucubran mi soledad aparente. El narrador, en el cuento de “Noche Blanca” se ve desesperado por su amor no correspondido y se empieza a sentir alienado por ella.

 

En el cuento de Dostoievski, el prometido de Nástienka no ha aparecido, y finalmente ambos, el Narrador y Nástienka,  se revelan su amor, al decir Nástienka que ha perdido el amor por él. Hacen planes de boda y ella le ofrece el alquiler de la habitación de arriba. Cuando se van a despedir, aparece el prometido, vuelve un segundo con el narrador, le besa en los labios, pero marcha con el otro señor.

 

Como  todos los cuentos tiene un final feliz  el narrador recibe la carta de su amor platónico en la que ella lo llama a formar parte de su vida, pero él se convence que es solo. Él se niega a ello, pero agradece sinceramente la oportunidad vivida de compartir con otra persona la felicidad efímera de unas «noches blancas».

 

Miguel Aramayo

SCZ. 26-04-2015

 

26 Abr

Amigos románticos.

Tengo una cantidad de amigos románticos, con los cuales mantengo una comunicación muy fluida por la vía más simple, la musica, que puede ser cantada o con acompañamiento orquestal, con guitarras o simplemente instrumental. A todos mis amigos los escucho con relativa frecuencia y a muchos de ellos les extraigo como enseñanza algunos versos de sus composiciones.

 

Me resulto interesante escuchar a Armando Manzanero diciendo: Mía, aunque con otro contemples la noche, sigues siendo mía. Pero no es real, pero muestra como somos de necios los hombres enamorados, que exageramos nuestro poder, al extremo de hacernos propietarios de las personas a las que amamos y creemos ser correspondidos, al extremo de atribuirnos propiedad absuelta. 

 

Creo que prefiero apagar la luz, para poder dejar pensar a mi imaginación, de esa manera podré analizar si el amor que te brindo es correspondido, pero no creo que nunca me imaginaré, que eres mía, que me perteneces. Y por más que hace mucho que estamos juntos, no da para pensar, que por fuerza tienes sabor a mí, y lo digo por vanidad. No sé si tendrá amor la eternidad. 

 

De lo que estoy seguro, es que la gloria eres tú, eres un encanto, eres mi ilusión, yo sé que la gloria está en cielo, por eso bendigo a Dios, porque estás conmigo y eres mi gloria. Por ningún motivo, te pediría que me jures amor eterno, porque eso es imposible, el amor es volátil, es efímero, algunas veces dura lo que dura un beso, otras veces llega hasta el fin la noche, otras algo más, pero ¿qué sea eterno?, ¡lo dudo…! 

 

Uno va arrastrándose entre espinas y en su afán de dar su amor, lucha y desangra, hasta darse cuenta que uno se quedó sin corazón, pero todo eso suena poético, aunque lo poético para algunos suena cursi, porque es imposible quedarse sin corazón, tan sólo por una simple decepción o deserción de amor. Si yo tuviera el corazón, el corazón que di y pudiera querer sin presentir, quizá mi vida pueda ser más fácil de llevar. 

 

Con tres palabras, te diré con simpleza: ¿cómo y cuánto espacio ocupas en mí pensamiento? y esas palabras son: “!como me gustas!”. No existen límites, cuando mi cuerpo se acomoda en tu figura y puedo sentir la fragancia de tu aliento, el calor de tus brazos y  el palpitar de tu corazón  Bajo el burlón mirar de las estrellas, y las nieves que platean mi cien. Viviendo con ella, aferrado a un recuerdo que nunca volverá. 

 

La mujer que yo quería, se me ha ido y que sea para su bien, para su mal o que se yo, con eso, yo cortaré de un solo tajo, la dependencia de ese amor, para no quedar como el borrachito en un oscuro rincón.

 

Todo eso que acabo de escribir, son frases de algunos de mis amigos, muchas de ellas afectan mis sentimientos, pero nunca se adentran a lo más profundo de mi ser, pero dejan ver que lo que escriben, cantan o simplemente hacen que interprete un instrumento o una orquesta, tiene mi aprobación y me deja pensando y meditando, sobre lo bello que es amar y ser correspondido.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 26-04-2015  

 

24 Abr

Qué lindo que es leer.

El alguna parte leí o escuche: “El hombre sufre, porque piensa”. Muchas veces he meditado sobre esa aseveración y en muchas oportunidades, he pensado, que esa afirmación es cierta, pero en este momento me pongo a razonar, sobre esa manera de pensar, porque cuando uno ve a una persona, que por desgracia, perdió el cerebro, por un accidente médico al nacer, por una meningitis después de haber nacido, o simplemente, por los efectos perniciosos, que produce el consumo de drogas y de alcohol o quizá por un accidente que revuelve sus sesos.

 

Pensamos, que esa pobre gente, sufre menos que nosotros, porque viven en un nivel diferente al nuestro, que sus únicos sufrimientos son la falta de alimentos, pero nosotros no estamos en esos zapatos y nunca podremos estar, porque el interior, el intelecto de esos pobres seres, es inalcanzable a nuestro razonamiento y somos demasiados simples al decir, que el hombre sufre porque piensa.

 

Contrariamente a esa forma tan simple de pensar, pienso que los seres humanos que tenemos la suerte de ser normales y creer que “sufrimos porque pensamos”, deberíamos dar gracias al Altísimo, porque nos permite discernir, elegir; en otras palabras pensar. Creo que para pensar adecuadamente es necesario contar con una mayor capacidad de raciocinio y esto, creo que se adquiere no sólo a través del tiempo, sino de la lectura. Estoy seguro que cuanto más lee un hombre (genérico), más avanza en el tiempo.

 

Cada vez que leo algo más, aumenta mi satisfacción, me siento más feliz de poder pensar, de poder razonar, porque tengo más y mejores elementos para poder analizar, comparar, meditar, valorar las cosas, las personas y esto me acerca más a Dios y por consiguiente me produce mayor felicidad.

 

Cuando por algún motivo no puedo leer, me siento como si fuera un auto de fórmula uno, que teniendo el motor acelerado, a punto de fundirse, con sonido, que ya no es un rugido, sino un grito desesperado, porque además el freno está trabado. En cambio cuando estoy inmerso en la lectura, de un libro, un comentario, un artículo o un editorial, me siento como si fuera un velero, velero que navego por un mar que no está agitado, pero cuyos vientos hacen que me deslice por sobre las aguas, con total y absoluta tranquilidad.

 

Con esto que les expreso, creo haberles transmitido mis vivencias, en cuanto al pensamiento y les he mostrado cuales son mis sentimientos con respecto a la lectura. Espero que todo esto que expreso, pueda ser leído por mis nietos y vean si lo que digo es verdad y se parece en algo a la forma de pensar y ser de ellos. Tengo la seguridad que todos mis nietos compartirán esa mi forma de pensar, porque sé que todos ellos son aficionados a la lectura y también son gente que le gusta razonar y pensar en silencio, apreciando todo lo bueno que recibimos de la tranquilidad de vivir con respeto y gran cariño familiar.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ. 24-04-2014

 

17 Abr

Pinocho.

De todos los cuentos que me leyeron, que me contaron, que leí y que conté, el que más me gusta y le encuentro un real sentido de enseñanza, es Pinocho. Ya escribí una vez sobre sus enseñanzas, ahora quiero referirme directamente al cuento para que conozcan de él y lo lean.

 

«Pinocho» (en italiano «Pinocchio») es un títere de madera protagonista del libro escrito por Carlo Collodi, seudónimo de Carlo Lorenzini (Florencia 1826-1890), publicado entre 1882 y 1883, con los títulos «Historia de un títere» y «Las aventuras de Pinocho”. Pinocho cobra vida mientras el carpintero Geppetto (diminutivo de Giuseppe) lo está tallando en su taller. La trama está llena de escenas algo fuertes para los niños como una parte donde dos estafadores, el zorro y el gato, intentaron por todos los medios quitarle al niño sus monedas de oro, hasta que al final lo atrapan y deciden ahorcarlo en una gran encina ya que Pinocho se escondió las monedas en la boca.

 

Algunos investigadores han insistido en la influencia de la masonería en la obra de Collodi. La tesis se refuerza con el dato de que Collodi era masón, y pudo pretender, a través del cuento de Pinocho, una alegoría sobre la formación de las personas basada en el honor, la verdad y la virtud.

 

A continuación transcribo el cuento: “Érase una vez, un carpintero llamado Gepetto que decidió construir un muñeco de madera, al que llamó Pinocho. Con él, consiguió no sentirse tan solo como se había sentido hasta aquel momento.

– ¡Qué bien me ha quedado!- exclamó una vez acabado de construir y de pintar-. ¡Cómo me gustaría que tuviese vida y fuese un niño de verdad!

Como había sido muy buen hombre a lo largo de la vida, y sus sentimientos eran sinceros. Un hada decidió concederle el deseo y durante la noche dio vida a Pinocho.

Al día siguiente, cuando Gepetto se dirigió a su taller, se llevó un buen susto al oír que alguien le saludaba:
– ¡Hola papá!- dijo Pinocho.
– ¿Quién habla?- preguntó Gepetto.
– Soy yo, Pinocho. ¿No me conoces? – le preguntó.
Gepetto se dirigió al muñeco.
– ¿Eres tú? ¡Parece que estoy soñando!, ¡por fin tengo un hijo!
Gepetto quería cuidar a su hijo como habría hecho con cualquiera que no fuese de madera. Pinocho tenía que ir al colegio, aprender y conocer a otros niños. Pero el carpintero no tenía dinero, y tuvo que vender su abrigo para poder comprar una cartera y los libros.
A partir de aquél día, Pinocho empezó a ir al colegio con la compañía de un grillo, que le daba buenos consejos. Pero, como la mayoría de los niños, Pinocho prefería ir a divertirse que ir al colegio a aprender, por lo que no siempre hacía caso del grillo. Un día, Pinocho se fue al teatro de títeres para escuchar una historia. Cuando le vio, el dueño del teatro quiso quedarse con él:
–¡Oh, Un títere que camina por sí mismo, y habla! Con él en la compañía, voy a hacerme rico – dijo el titiritero, pensando que Pinocho le haría ganar mucho dinero.
A pesar de las recomendaciones del pequeño grillo, que le decía que era mejor irse de allí, Pinocho decidió quedarse en el teatro, pensando que así podría ganar dinero para comprar un abrigo nuevo a Gepetto, que había vendido el suyo para comprarle los libros.
Y así hizo, durante todo el día estuvo actuando para el titiritero. Pasados unos días, cuando quería volver a casa, el dueño del teatro de marionetas le dijo que no podía irse, que tenía que quedarse con él.
Pinocho se echó a llorar tan y tan desconsolado, que el dueño le dio unas monedas y le dejó marchar. De vuelta a casa, el grillo y Pinocho, se cruzaron con dos astutos ladrones que convencieron al niño de que si enterraba las monedas en un campo cercano, llamado el “campo de los milagros”, el dinero se multiplicaría y se haría rico.
Confiando en los dos hombres, y sin escuchar al grillo que le advertía del engaño, Pinocho enterró las monedas y se fue. Rápidamente, los dos ladrones se llevaron las monedas y Pinocho tuvo que volver a casa sin monedas.
Durante los días que Pinocho había estado fuera, Gepetto se había puesto muy triste y, preocupado, había salido a buscarle por todos los rincones. Así, cuando Pinocho y el grillo llegaron a casa, se encontraron solos. Por suerte, el hada que había convertido a Pinocho en niño, les explicó que el carpintero había salido dirección al mar para buscarles.
Pinocho y grillo decidieron ir a buscarle, pero se cruzaron con un grupo de niños:
– ¿Dónde vais?- preguntó Pinocho.
– Al País de los Juguetes – respondió un niño-. ¡Allí podremos jugar sin parar! ¿Quieres venir con nosotros?
– ¡Oh, no, no, no!- le advirtió el grillo-. Recuerda que tenemos que encontrar a Gepetto, que está triste y preocupado por ti.
– ¡Sólo un rato!- dijo Pinocho- Después seguimos buscándole.
Y Pinocho se fue con los niños, seguido del grillo que intentaba seguir convenciéndole de continuar buscando al carpintero. Pinocho jugó y brincó todo lo que quiso. Enseguida se olvidó de Gepetto, sólo pensaba en divertirse y seguir jugando. Pero a medida que pasaba más y más horas en el País de los Juguetes, Pinocho se iba convirtiendo en un burro. Cuando se dio cuenta de ello se echó a llorar. Al oírle, el hada se compadeció de él y le devolvió su aspecto, pero le advirtió:
– A partir de ahora, cada vez que mientas te crecerá la nariz.
Pinocho y el grillo salieron rápidamente en busca de Gepetto.
Geppetto, que había salido en busca de su hijo Pinocho en un pequeño bote de vela, había sido tragado por una enorme ballena.
Entonces Pinocho y el grillito, desesperados, se hicieron a la mar para rescatar al pobre ancianito papa de Pinocho.
Cuando Pinocho estuvo frente a la ballena le pidió por favor que le devolviese a su papá, pero la enorme ballena abrió muy grande la boca y se lo tragó también a él.
¡Por fin Geppetto y Pinocho estaban nuevamente juntos!, Ahora debían pensar cómo conseguir salir de la barriga de la ballena.
– ¡Ya sé, dijo Pepito hagamos una fogata! El fuego hizo estornudar a la enorme ballena, y la balsa salió volando con sus tres tripulantes.
Una vez a salvo Pinocho le contó todo lo sucedido a Gepetto y le pidió perdón. A Gepetto, a pesar de haber sufrido mucho los últimos días, sólo le importaba volver a tener a su hijo con él. Por lo que le propuso que olvidaran todo y volvieran a casa.
Pasado un tiempo, Pinocho demostró que había aprendido la lección y se portaba bien: iba al colegio, escuchaba los consejos del grillo y ayudaba a su padre en todo lo que podía.
Como recompensa por su comportamiento, el hada decidió convertir a Pinocho en un niño de carne y hueso. A partir de aquél día, Pinocho y Gepetto fueron muy felices como padre e hijo”.

 

Espero haberlos distraído, con lo cual he cumplido mi segundo objetivo, porque el motivo principal, era mostrarles el sin número de recomendaciones que hace el cuento para cumplir con la alegoría sobre la formación de las personas basada en el honor, la verdad y la virtud.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 17-04-2015

16 Abr

¿He madurado?

Mientras escuchaba a Armando Manzanero, me puse a pensar, si en términos de sentimentalismo, había madurado. Me dio mucha pena observar que me estanqué, sigo siendo el mismo tipo sentimental de cuando tenía veinte años, todavía sigo creyendo en la pureza del amor y todavía pienso y siento, que un beso me puede elevar del suelo y creo que uno pude amar eternamente.

 

Casi todas las canciones de Armando Manzanero, las conozco y puedo asegurar que recuerdo la música y la letra, es por eso que me puse a pensar, en que esta noche vi llegar un lucero azul y no estabas tú, Me puse a pensar si te acordabas de mí, si me extrañas y si todavía me amas, vi gente correr y no estabas tú y nació la idea de escribir una historia con las letras de las canciones de Manzanero:

 

Adoro la calle en que nos vimos, la noche en que nos conocimos, vida mía. Adoro la forma en que sonríes, adoro la seda de tus manos y me muero por tenerte junto a mí, no sepárame de ti, es que estás lejos de mí y mi dolor, de mi noche de amor. Adoro tus labios rojos, como supieras, yo te adoro vida mía.

 

No sé tú, pero yo, no dejo de pensar, ni un momento me logro despejar, lo bien que lo pasamos la otra vez, quisiera repetir el cansancio que me hiciste sentir. Te he comenzado a extrañar, en mi almohada no te dejo de pensar, no sé tú.

 

Somos novios, pues los dos sentimos mutuo amor profundo y por eso que ganamos este mundo. Nos deseamos y hasta a veces, sin motivo, sin razón nos enojamos. Somos novios mantenemos un cariño limpio y puro y procuramos el momento más oscuro, para darnos el más dulce de los besos y recordar el color de los seremos.

 

Como yo te amé, jamás te lo podrá imaginar, fue una preciosa forma de vivir, como yo te amé, ni en sueños te imaginaras. Como yo te amé por poco o mucho que me quede vivir, fue una exageración como yo te amé, y no creo que lo llegues a entender, para saber cuánto yo te amé.

 

Porque tus reproches me dan amargura, porque ya no extraño como antes tu ausencia, ya no queda esencia del amor de ayer, y aunque me juraras que mucho has cambiado, no pidas nunca que vuelva ahora, ya disfruto sin tu presencia.

 

Eres mía, porque jamás dejarás de nombrarme, ni cuando duermes. No habrá quien sepa llorar en tus brazos, no te olvides seguirás siendo mía, aunque vayas por otro camino, no te olvides sigues siendo mía. Ni de alegría hagas un derroche, porque seguirás siendo mía, y dormida me soñaras, porque eres mía.

 

Voy apagar la luz para pensar en ti. Que importa vivir de ilusiones si así soy feliz, cuanto te besaré, te morderé los labios, me llenaré de ti, voy apagar la luz para pensar en ti.

 

Contigo aprendí las mejores emociones, aprendí un nuevo mundo de ilusiones, aprendí que la semana tiene más de siete días y a ser dichoso, yo contigo aprendí a ver la luz del otro lado de la luna y tu presencia no la cambio por ninguna, contigo aprendí que yo nací el día que te conocí.

 

No sé qué es más bello, si el color del cielo o el de tu cabello y ruego que existan madrugadas frías, todo cuanto quiero lo encuentro en tus brazos, no sé qué es más tierna, tu alma o tu figura frágil. Cuando estoy contigo yo cambio la gloria, por la dicha enorme de estar en tu historia. Soy tan feliz por haber vivido contigo tantos años y todavía me parece que fue ayer. Soy tan feliz, pues sigues siendo la fragancia que emborracha mis sentidos.

 

 

Miguel Aramayo

SCZ 16-04-2015

 

15 Abr

Dios, naturaleza y amor.

Sentado en un rinconcito de mi jardín, que a su vez es una porción de la inmensidad del infinito, me puse a observar el que hacer de un pajarito de color castaño, de patas largas y delgaditas, como son la patas de casi todas los pájaros, con un andar nervioso y mucha confianza en sí mismo, lo que da la impresión de mansedumbre, porque no escapa de los humanos, hasta que se siente atacado, pero incluso así retorna al lugar que le brinda protección, con lo cual demuestra que es insistente, lo que correspondería a constante.

 

El hornero (Furnarius rufus) nosotros lo conocemos como “Tiluchi” pero en casi todas partes de América latina lo denomina “hornero”, en el Chaco lo conocen como “Tapsí”, en Argentina y Uruguay lo llaman “Pájaro de la patria”. Su gran particularidad es que viven en pareja la vida entera. Todo lo que hacen, lo realizan de mutuo acuerdo, la búsqueda del lugar donde armarán su nido, la construcción del nido, la empollada de huevos, la alimentación de sus polluelos, cantan a dúo, cuando uno sale del nido, al regresar canta como una contraseña de seguridad y no se aproxima al nido hasta que no tiene la respuesta de su pareja, asomada al dintel del nido.

 

Se reproduce entre septiembre y octubre, y al ser sedentaria, para cada nidada construye un «horno» nuevo, a veces encima del otro, la gente lo usa como amuleto o como adorno. En algunos lugares lo usan como medicina, para curar las quemaduras. Alberga entre dos y cinco huevos que son incubados por la pareja durante unos quince días y de forma alternativa. Cuando uno anida, el otro sale a buscar el sustento

 

La base de su alimentación, son larvas, por lo tanto ayuda a eliminar plagas. Su apacible cercanía, la confianza que le demuestra a los humanos al anidar cerca de sus viviendas, lo curioso de su canto y la singularidad de su nido, dieron lugar a un sinfín de anécdotas y cuentos y abusiones, sobre el tiempo, la suerte, el amor, la lluvia, la sequedad. 

 

Es un infalible guardián; sus chillidos de alarma avisan de la presencia de víboras o animales peligrosos, y además, con sus ruidos o infrecuentes movimientos, anuncia de la llegada de personas no gratas. El Tiluchi encarna el sacrificio, porque aguanta a su pareja durante toda su vida, es feliz porque no tiene suegra, construye un horno porque no le gusta que lo vean haciendo el amor.

 

“Según el mito, en épocas inmemoriales, y cuando el cielo y la Tierra estaban conectados por «El puente de la existencia», la gente carecía de un elemento primordial; el fuego (y no podían esperar nada de Prometeo ya que era de otra mitología). Entonces, el hombre atravesaba El puente y accedía al cielo a pedirle al Sol que le cocinara los alimentos. Más, el Sol -de puro cascarrabias- no aceptaba risas de nadie en su presencia (ante él todos firmes, con la boca cerrada y sin meterse el dedo en la nariz –sin hornear-). Cierto día al grupo se unió un personaje, quien, justamente, se distinguía por su buen humor y propensión a la risa. Por lo tanto, ocurrió lo que se podía esperar; cuando el Sol para cocer los alimentos, se sentó sobre los cacharros y comenzó a soltar fuego por el trasero, el personaje feliz largó una atronadora risotada. Inmediatamente, el Sol, encolerizado, escupió fuego poniendo en fuga a los visitantes, y completó su obra incendiando la Tierra. La mayoría de los hombres murieron, y los que lograron sobrevivir se convirtieron en animales. De este modo, el personaje que se rio fue convirtió en Tiluchi”.

 

Dios realmente tiene formas tan sutiles de darnos ejemplos de vida y si sabemos respetar la naturaleza y observarla, veremos mensajes que Dios nos da, para nuestro beneficio. Uno de esos ejemplos es el Tiluchi. Nos da ejemplo de fidelidad, pero al mismo tiempo nos muestra que no sólo es fidelidad, que sobre todo, es comprensión, cariño, colaboración, que todo en amor se debe hacer entre dos, en pareja y que para las demostraciones de intimidad y pasión se requieren de un horno, donde se puedan amar a cabalidad.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 15-04-2015

 

15 Abr

Dios, naturaleza y amor.

Sentado en un rinconcito de mi jardín, que a su vez es una porción de la inmensidad del infinito, me puse a observar el que hacer de un pajarito de color castaño, de patas largas y delgaditas, como son la patas de casi todas los pájaros, con un andar nervioso y mucha confianza en sí mismo, lo que da la impresión de mansedumbre, porque no escapa de los humanos, hasta que se siente atacado, pero incluso así retorna al lugar que le brinda protección, con lo cual demuestra que es insistente, lo que correspondería a constante.

 

El hornero (Furnarius rufus) nosotros lo conocemos como “Tiluchi” pero en casi todas partes de América latina lo denomina “hornero”, en el Chaco lo conocen como “Tapsí”, en Argentina y Uruguay lo llaman “Pájaro de la patria”. Su gran particularidad es que viven en pareja la vida entera. Todo lo que hacen, lo realizan de mutuo acuerdo, la búsqueda del lugar donde armarán su nido, la construcción del nido, la empollada de huevos, la alimentación de sus polluelos, cantan a dúo, cuando uno sale del nido, al regresar canta como una contraseña de seguridad y no se aproxima al nido hasta que no tiene la respuesta de su pareja, asomada al dintel del nido.

 

Se reproduce entre septiembre y octubre, y al ser sedentaria, para cada nidada construye un «horno» nuevo, a veces encima del otro, la gente lo usa como amuleto o como adorno. En algunos lugares lo usan como medicina, para curar las quemaduras. Alberga entre dos y cinco huevos que son incubados por la pareja durante unos quince días y de forma alternativa. Cuando uno anida, el otro sale a buscar el sustento

 

La base de su alimentación, son larvas, por lo tanto ayuda a eliminar plagas. Su apacible cercanía, la confianza que le demuestra a los humanos al anidar cerca de sus viviendas, lo curioso de su canto y la singularidad de su nido, dieron lugar a un sinfín de anécdotas y cuentos y abusiones, sobre el tiempo, la suerte, el amor, la lluvia, la sequedad. 

 

Es un infalible guardián; sus chillidos de alarma avisan de la presencia de víboras o animales peligrosos, y además, con sus ruidos o infrecuentes movimientos, anuncia de la llegada de personas no gratas. El Tiluchi encarna el sacrificio, porque aguanta a su pareja durante toda su vida, es feliz porque no tiene suegra, construye un horno porque no le gusta que lo vean haciendo el amor.

 

“Según el mito, en épocas inmemoriales, y cuando el cielo y la Tierra estaban conectados por «El puente de la existencia», la gente carecía de un elemento primordial; el fuego (y no podían esperar nada de Prometeo ya que era de otra mitología). Entonces, el hombre atravesaba El puente y accedía al cielo a pedirle al Sol que le cocinara los alimentos. Más, el Sol -de puro cascarrabias- no aceptaba risas de nadie en su presencia (ante él todos firmes, con la boca cerrada y sin meterse el dedo en la nariz –sin hornear-). Cierto día al grupo se unió un personaje, quien, justamente, se distinguía por su buen humor y propensión a la risa. Por lo tanto, ocurrió lo que se podía esperar; cuando el Sol para cocer los alimentos, se sentó sobre los cacharros y comenzó a soltar fuego por el trasero, el personaje feliz largó una atronadora risotada. Inmediatamente, el Sol, encolerizado, escupió fuego poniendo en fuga a los visitantes, y completó su obra incendiando la Tierra. La mayoría de los hombres murieron, y los que lograron sobrevivir se convirtieron en animales. De este modo, el personaje que se rio fue convirtió en Tiluchi”.

 

Dios realmente tiene formas tan sutiles de darnos ejemplos de vida y si sabemos respetar la naturaleza y observarla, veremos mensajes que Dios nos da, para nuestro beneficio. Uno de esos ejemplos es el Tiluchi. Nos da ejemplo de fidelidad, pero al mismo tiempo nos muestra que no sólo es fidelidad, que sobre todo, es comprensión, cariño, colaboración, que todo en amor se debe hacer entre dos, en pareja y que para las demostraciones de intimidad y pasión se requieren de un horno, donde se puedan amar a cabalidad.

 

Miguel Aramayo

SCZ. 15-04-2015