Que hermosos recuerdos
Que hermosos recuerdos
Recibí carta de una amiga que vive en Estambul. Quedé impresionado, impactado, anonadado; por la forma de expresar lo que senti al recibir esa misiva ya se deben imaginar lo escrito, pero no creo que tengan la capacidad de imaginar su contenido y por lo tanto para que no queden con el misterio les relataré lo que me decía mi amiga, quizá en algunos o en todos los acápites transcriba sus expresiones, para que ustedes se puedan imaginar lo que siente y embarga mi corazón.
Cuando era muy joven y trabajaba en Estambul, (Estambul pertenece a Turquía. Es la ciudad más grande y un centro histórico, cultural y económico importante de Turquía. Es una ciudad transcontinental, dividida por el estrecho del Bósforo) haciendo compras en el «Gran Bazar« (Kapalicarsi – en turco) conocí una muchacha de la cual me hice amigo y en varios encuentros llegamos a tener una bonita amistad, pero nada más que eso, teníamos largas conversaciones sobre diferentes temas, era una persona muy culta, hablaba por lo menos res idiomas y su aspecto físico era muy delicado, de piel canela y ojos color miel, cabello negro azabache, con unos labios carmesí y una dentadura sumamente blanca, con una sonrisa espontanea en la que brillaba su rostro. De cuerpo muy esbelto y de buena estatura, 1,70. Toda ella era un primor, pero lo que más la adornaba era su personalidad y la profundidad de su carácter.
En un Ramadán (La noche que por decreto Dios regaló a la humanidad – Lailat Al-qadr) le propuse ir de paseo, aprovechando el feriado de casi una semana y nos fuimos a Marruecos, allí jugaron con nosotros haciendo trampas, Cupido (Eros), Anteros e Hímero; con lo cual nuestras almas quedaron unidas, pero como la vida tiene sus destinos para cada persona, después de un tiempo tuve regresar a mi país y ella quedo por allá y nuestra comunicación fue perdiendo frecuencia y cada uno de nosotros armo su vida de manera diferente, desde luego que nos comunicamos los diferentes acontecimientos a medida que sucedían, con lo cual el sentimiento nacido en Marruecos se fue perdiendo y nació otro tipo de relación de una gran y sincera amista.
En su carta me decía: Te extraño, Miguel, han pasado años y todavía deseo poder regresar en el tiempo hasta aquel paseo en el que fuimos tan felices. Recuerdo todo, compartiendo nuestro café matutino, caminando juntos en el mercado berebere en un hermoso día y ver tu mano tomando la mía, que me aseguraba que no debía preocuparme de nada porque nuestra vida era buena.
No tenía idea de que la vida estaba a punto de enseñarme la lección de tu alejamiento. Aprendí el intenso dolor de perderte de repente, con un aviso dramático, y apenas teniendo el tiempo para un último abrazo y la oportunidad de decir «te amo» por última vez. El dolor y la conmoción de tu ausencia están conmigo cada momento de cada día. Me duele que estés tan lejos de mí.
Mi amor querido, mi dulce amor… Solo una cosa deseo: verte, tocarte, besarte, hablarte, admirarte, acariciarte, adorarte, mirarte, te amo, te amo solo a ti, solo a ti te encuentro el más bello, de todos los hombre: todo mi amor tan grande, tan simple… En cualquier caso, lo cierto es que tu imagen no se separa de mí un instante, que te amo en todo: en todo, también en toda carne, en todo amor. Soy tuya para siempre.
Sabía que hasta que no te hubieses ido no podría darme cuenta realmente de toda mi felicidad vivida y también, ¡ay!, de todo lo perdido. No consigo aún tener una idea clara de lo nuestro, y si no tuviera delante mío esa hermosa cajita y tu retrato, temería que todo pudo haber sido solamente un dulce sueño del que no me gustaría despertar.
Miguel Aramayo
SCZ. 12-08-2025

