info@miguelaramayo.com

Cosas raras de la vida.

31 Jul

Cosas raras de la vida.

Cosas raras de la vida.

 

Alguien expreso un concepto que me pareció interesante y por ese motivo lo comparto con quienes se animen a leer:

 

Creo que estoy en capacidad de opinar sobre la vida, que en tiempo es algo menor que la edad cronológica de las personas y que puede diferir en unos dos o tres años, entre personas de la misma edad. La vida comienza a vivírsela a partir de que el individuo, sea hombre o mujer, tenga uso de razón; para alguno eso se inicia a los tres años o un poquito más, pero para otros recién después de los cinco años. Me imagino que la razón se inicia simultáneamente con los recuerdos. Al principio de la vida existe una relativa «amnesia» (ausencia de recuerdos *1).

 

El primer sentimiento que expresan todos los humanos es el amor, pero eso no es privilegio solo de los humanos, que lo realizan en forma consciente, también es un sentimiento que se puede observar en la mayoría de los animales, por lo menos en los mamíferos y especialmente en el sexo femenino; el amor que las hembras expresan por sus crías, esto es reciproco; aparentemente por el vinculo estrecho de la lactancia.

 

Ese sentimiento en los humanos perdura hasta la extinción, tanto hombres como mujeres expresan amor hasta el último momento de su vida y mientas todavía los acompaña la consciencia. Algunas personas antes de expirar expresan su sentimiento de amor, incluso sin emitir palabras, tan simplemente con gestos, como un apretón de manos o el envío de un beso o el movimiento de los labios.

 

Es algo fuera de lo normal que alguien no sienta amor, pero es algo normal que uno sienta más amor por una que, por otra persona, además de la gran diferencia entre los tipos de amor que todo los individuos siente de manera diferente *2, a los que va dirigido ese sentimiento. También es algo normal que uno pueda enamorarse varias veces en la vida, quedar decepcionado de alguien a quien amó, o simplemente amar a otro y continuar con la memoria y el corazón al primer amor.

 

Supongo que se puede quedar más enamorado de otro individuo con mayor intensidad, incluso poder decir «Contigo aprendí / Que existen nuevas y mejores emociones / Contigo aprendí / A conocer un mundo nuevo de ilusiones / Aprendí / Que la semana tiene más de siete días / A hacer mayores mis contadas alegrías / Y a ser dichoso, yo contigo lo aprendí / Contigo aprendí /A ver la luz del otro lado de la Luna / Contigo aprendí / Que tu presencia no la cambio por ninguna / Aprendí / Que puede un beso ser más dulce y más profundo / Que puedo irme mañana mismo de este mundo / Las cosas buenas, ya contigo las viví / Y contigo aprendí / Que yo nací el día en que te conocí. Contigo aprendí de Armando Manzanero «.

 

Constantemente pienso en ese sentimiento, el tipo «eros», que como culminación tiene la unión carnal (el sexo) que a mi criterio es de orden divino, es lo que figura en la Biblia (Génesis) cuando Dios creó al hombre y la mujer y les dijo: Creced y multiplicaos.

 

Miguel Aramayo

SCZ.23-05-2025

 

1.La amnesia infantil, o amnesia del lactante, es la incapacidad de las personas adultas para recordar eventos específicos de sus primeros años de vida, generalmente antes de los 3 o 4 años. Este fenómeno es común y no se considera una condición patológica. 

 

2.Existen diversos tipos de amor, dependiendo del enfoque (psicológico, filosófico, cultural, etc.). Algunos ejemplos incluyen el amor romántico, fraterno, maternal, paternal, de amistad, apasionado, consumado, entre otros. También se distinguen tipos de amor como el Eros (pasional), el Ágape (incondicional), la Philia (amistad) y la Storge (fraternal) según los antiguos griegos. 

 

31 Jul

Viajar en tren

Viajar en tren

 

Creo que una de las mayores distracciones, es viajar por tierra, puedes disfrutar mirando el paisaje y sintiendo que te desplazas a relativa velocidad, dejando atrás el pasado, sabiendo que te diriges al futuro, pero en ese momento estás viviendo el presente y ves que el pasado pasa a más rápido y solo prescientes el futuro, pero lo que te satisface es el presente.

 

De todos los viajes por tierra, el que realmente me agrada y añoro poder hacerlo en cuanto se presente una oportunidad, es el viaje en tren, porque no solo siento lo expresado en el párrafo anterior, sino que el traqueteo de las ruedas del tren al pasar entre las rieles y el sonido en lontananza del rugir de la locomotora y el viento golpeando en las ventanillas y que se escurre por las puertas entre un vagón y otro, tanto del carro que va adelante como el que va atrás.

 

En el tren puedes caminar por los pasillos para estirar las piernas o desplazarte hasta el coche comedor para servirte algo, si quieres te sientas en alguna de las mesitas a consumir con tranquilidad lo que apeteces, solo o acompañado. Mientras tanto, el tren te desplaza a una velocidad constante sin mayores sobresaltos y quedas distraído con el paisaje, paisaje que puede ser cambiante o monótono. Te sientes acompañado y eso ya alegra el espíritu.

 

Si el recorrido que elegiste es largo y tomaste un camarote, podrás viajar con mayor comodidad y estés solo o acompañado el viaje será posiblemente más distraído y en lugar de estar pendiente de la ventanilla puedes leer cómodamente echado, sea que estés en la litera de abajo como en la de arriba y en algunos trenes tendrás el baño a tu disposición en el mismo compartimiento.

 

Algo que también me agrada es desplazarme en subterráneo, incluso mucha veces he subido a ese medio de transporte con la única finalidad de recorrer por toda la ruta para distraerme de ida y de vuelta con solo el afán de sentir esa sensación y ese sonido que produce este medio de transporte, además de las aglomeraciones en las paradas y el gentío en las estaciones de abordaje y descenso, además que se puede observar todo tipo de gente y puedes quedarte mirando a ellos, sin que ellos te observen. Hice eso en varias ciudades y siempre con el mismo fin, algunas veces he permanecido abajo por varias horas.

 

Hice un viaje por tierra en carro, acompañando a un compañero de trabajo, que se traslada de un lugar a otro, por una distancia algo similar a 2.000 km., un viaje de lo más interesante, parando donde veíamos que había algo interesante y lo que más nos llamaba la atención eran los cactus floridos. Mi amigo era aficionado a la fotografía y por lo tanto, además de fotografiar flores y planta de cactus que nos llamaban la atención, también parábamos donde se podía apreciar el paisaje montañoso y el horizonte iluminado por el sol o la luna. Nos quedábamos en lugar donde podíamos descansar y atender a nuestro cuerpito con alimentos y bebidas además de cambiar agua a la batería. Incluso pernoctamos después de haber recorrido 1.000 Km.

 

Ese tipo de viaje por tierra puede ser muy interesante, dependiendo cual es el recorrido, porque en otra oportunidad me toco un recorrido un poco más corto, pero por medio de un casi desierto y un desierto. Un paisaje por demás de monótono y pese a ser una carretera moderna era difícil conducir porque era un tramo casi recto, la única distracción era quedarse a cambiar de agua y servirse algo para poder descansar. Un viaje que difícilmente lo repetiría, preferiría ir en avión, aunque eso me ponga nervioso y me de miedo.

 

Miguel Aramayo

SCZ.26-05-2025 Hoy es día de la madre y la mia está en el cielo.

 

31 Jul

Heidelberg, Alemania

Heidelberg, Alemania

 

Par escapar de la monotonía en que estoy viviendo en París invité a mi amiga a pasar unos días en, quizá la ciudad más bella de Alemania, Heidelberg, una ciudad donde la rica historia y la modernidad innovadora se mezclan con un pasado romántico. Pintorescamente situada a orillas del río Neckar, Heidelberg atrae a visitantes de todo el mundo. En lo alto del casco antiguo, en la ladera norte del Königstuhl y rodeado de frondosos bosques, se encuentra el majestuoso castillo de Heidelberg. El castillo es considerado una de las ruinas más famosas de Alemania. Una vez que fue la magnífica residencia de los Electores Palatinos, fue destruida por guerras y rayos en el siglo XVII.


Hoy en día, las imponentes ruinas del castillo, construidas con piedra arenisca roja del valle del Neckar *1, encantan con una impresionante arquitectura gótica y renacentista y unas vistas impresionantes de la ciudad. Una atracción especial es el mundialmente famoso barril de Heidelberg del siglo XVIII, que una vez contuvo más de 200.000 litros de vino. El ambiente romántico del castillo ha inspirado a poetas como Johann Wolfgang von Goethe *2, que visitó Heidelberg varias veces. Incluso hoy en día, la ciudad no ha perdido nada de su encanto. Además de edificios históricos y acogedores restaurantes, también alberga la universidad más antigua de Alemania.

 

Nos embarcamos en un viaje legendario a bordo del Glaciar Express, uno de los recorridos en tren más pintorescos del mundo. Transitamos los Alpes suizos, atravesando paisajes impresionantes, profundos desfiladeros y pintorescos pueblos. Disfrutamos de la deliciosa comida a bordo mientras nos sumergimos en fascinantes vistas de un paisaje increíble. El viaje duro algo más de seis horas, tiempo en el que estuvimos totalmente distraídos observando tanta belleza, recorrimos algo más de 550 Km.

 

Estando de la mano de mi amiga y recordando a Johann Wolfgang von Goethe, A mí también se me ocurrió decir un poema inspirado en ese momento. «Viendo estas ruinas y recordando a quienes pudieran habitarlas, siento en mi pecho el bullir de un poema, dedicado con amor a quien con solo acompañarme me colma de felicidad e inspira mis pensamientos. Lastima que mi talento no dé para expresar mis sentimientos con el debido romanticismo y tan solo me salen unas pocas palabras, como si hubiera olvidado el idioma por la emoción que me embarga».

 

Dicho esto, que me Salió sin pensarlo, mi amiga largo una carcajada tan sonora, que todos los turistas que nos rodeaban volcaron a mirarnos y quedar en la duda de cuál era la gracia que produjo semejante expresión. Yo quedé con el rostro ruborizado de vergüenza y con los ojos a punto de desparramarse en llanto.

 

Recorrimos todos los lugares bonitos, entramos a los restaurantes más emblemáticos y nos alimentamos no solo de platos deliciosos, sino que también absorbimos como hambrientos todo lo que era cultura. No perdimos la oportunidad de visitar casi todas las iglesias, pero nos impresionaron dos, la Del Espíritu Santo, de cuya biblioteca robaron los manuscritos e impresos antiguos para regalarlos al papa. Otra iglesia que nos gusto mucho es la de San Pedro, la más antigua quizá fundada antes de la fundación de la ciudad que visitamos.

 

Es una ciudad con tanta historia que poder repetir todo lo que vimos en museos iglesias y lo que captamos en otras visitas y conversando con la gente que habita la ciudad, que no son más de 150.000 habitantes. Visitamos varios museos, que solo nombrarlos tardaría un buen tiempo, todos muy interesantes que albergan información de mucho interés cultural y científico. Durante el periodo nazi fue una de las plazas fuertes del partido, el régimen construyo un gran anfiteatro para celebrar acontecimientos de la SS, actualmente se lo usa para reuniones y conciertos importantes. El general George Patton falleció allí, en un accidente de tráfico en 1945.

 

La mandíbula del llamado «Hombre de Heidelberg», descubierta en 1907, constituye una de las primeras pruebas de la vida humana en Europa hace unos 600.000 años. En el siglo V a. C., existía una fortaleza celta y un lugar de culto en la Heiligenberg, o «Montaña de los Santos». En el año 40 d. C. el ejército romano ocupó un fuerte y construyó allí campamentos permanentes, una torre de señalización en la ribera del Neckar, así como un puente de madera sobre el río. Los primeros asentamientos civiles se desarrollaron bajo la protección del campamento. Los romanos permanecieron hasta 260 d. C., cuando el campamento fue conquistado por pueblos germánicos. Los orígenes de la moderna Heidelberg se remontan al siglo V, cuando la aldea Bergheim es mencionada por primera vez en documentos fechados en el año 769.

 

Nos quedamos 10 días que fueron de total concentración, porque era tanto lo que teníamos que ver de temas antiguos, pero también de cosas modernas, porque es una ciudad con muchos institutos científicos de todo tipo y especialidades tan famosas como el instituto de cáncer, también pudimos visitar la Escuela Superior de Ciencias de la Educación, Pädagogische Hochschule Heidelberg, y la Escuela Superior de estudios judíos, Hochschule für Jüdische Studien Heidelberg. Esta última se compone de nueve ramas especializadas en la religión y la cultura judía. La Schiller International University, una universidad privada americana, también está representada por un campus en Heidelberg, la cual ofrece varios programas de pregrado y postgrado en las áreas de Comercio Internacional, Relaciones Internacionales y Diplomacia.

 

Como ven nuestro viaje de descanso, de esto no tuvo nada, porque todos los días teníamos un extenso programa por realizar y todo con la finalidad de llenar nuestro tari (cerebro) de cosas interesantes y maravillarnos del progreso que tiene la humanidad basando con experiencias del pasado, pero con miras al futuro en un mundo de paz y progreso, aunque los políticos solo observen la forma de cómo incomodarnos con discusiones, guerras e impuestos.

 

Espero no haberlos aburrido contándoles del ultimo viaje y espero haber aportado un granito a la cultura para todos los amigos que nos leen.

 

Miguel Aramayo

SCZ.27-05-2025

 

1. El valle del Neckar en Alemania es una región rica en historia, cultura y paisajes naturales. El río Neckar, que fluye por esta zona, es un importante atractivo turístico, con ciudades románticas y paisajes bucólicos. El Neckar es un afluente del río Rin y su valle se extiende principalmente por el estado de Baden-Württemberg. El río serpentea entre laderas boscosas, ofreciendo un paisaje pintoresco con ciudades como Heidelberg, con su castillo, universidad y centro histórico. 

 

2. Johann Wolfgang von Goethe fue un polímata, dramaturgo, novelista, poeta, filósofo y naturalista alemán, principal representante del Clasicismo de Weimar, y considerado ampliamente el escritor más grande e influyente de la lengua alemana. 

 

31 Jul

El lenguaje invisible: los efectos de la música instrumental en oyentes, compositores e intérpretes

El lenguaje invisible: los efectos de la música instrumental en oyentes, compositores e intérpretes

 

En un mundo donde las palabras a veces se vuelven ruido, la música instrumental nos ofrece un lenguaje invisible, directo, profundo. Sin necesidad de letras, esta forma de arte nos conecta con emociones, recuerdos, imágenes y estados internos que muchas veces ni siquiera sabíamos que estaban ahí. Me interesa compartir algunas reflexiones sobre cómo influye este tipo de música tanto en quienes la escuchan, como en quienes la componen o interpretan. Este artículo es un pequeño aporte desde mi observación y experiencia.

 

Escuchar música instrumental es como abrir una ventana hacia uno mismo. Al no tener letra que nos diga qué pensar o sentir, se convierte en un lienzo sonoro donde cada quien proyecta su mundo interno. Una misma pieza puede despertar tristeza en uno, esperanza en otro, o simplemente dejar al oyente suspendido en una atmósfera particular. Esto ocurre porque la música instrumental trabaja directamente sobre nuestras emociones y nuestro sistema nervioso, sin filtros racionales.

 

Diversos estudios han demostrado que este tipo de música puede mejorar la concentración, reducir el estrés e incluso acompañar procesos de sanación emocional. Es frecuente que se utilice en terapias, en sesiones de meditación, o como fondo en actividades que requieren enfoque creativo. Personalmente, creo que el poder de la música instrumental radica en su capacidad para crear un espacio mental limpio, sin distracciones, donde uno puede encontrarse con su propia voz interior.

 

El compositor de música instrumental enfrenta un reto especial: transmitir una emoción, una atmósfera, una historia… sin usar palabras. La melodía, la armonía, el ritmo, los timbres, todo se convierte en material expresivo. La música nace muchas veces de una emoción intensa, de un recuerdo o de una idea abstracta que busca forma.

 

Componer música instrumental es, en cierta medida, traducir el alma al lenguaje del sonido. Es un acto profundamente íntimo, que requiere sensibilidad y técnica. No es casual que muchos compositores hayan confesado que sus obras más queridas son aquellas donde no dijeron nada… pero lo dijeron todo. En este sentido, componer es también sanar, comprender, explorar.

 

El intérprete cumple una función esencial: es quien da vida a lo que el compositor soñó, y lo lleva hasta el corazón del oyente. Interpretar música instrumental exige una doble tarea: dominar técnicamente el instrumento, pero también sintonizar emocionalmente con la obra. Cada interpretación es distinta, porque cada intérprete aporta su historia, su energía y su forma de sentir.

 

He escuchado piezas que, en manos de distintos músicos, parecían hablar de cosas completamente diferentes. Eso es lo mágico: la música instrumental no está cerrada, no es una receta. Es un lenguaje abierto, donde cada quien puede habitar y aportar algo único.

 

Creo que estamos rodeados de demasiadas palabras, y a veces olvidamos la importancia del silencio, del espacio interno, del misterio. La música instrumental nos recuerda que no todo tiene que explicarse. Que sentir es también una forma de conocer. Que escuchar sin entender puede ser más poderoso que comprender sin sentir.

 

En lo personal, escuchar una buena obra instrumental me ha acompañado en momentos de inspiración, de tristeza, de concentración, de alegría. No siempre sé explicar por qué me conmueve, pero siempre me transforma. Por eso valoro profundamente a quienes se dedican a componer e interpretar esta forma de arte.

 

Invito a mis amigos a explorar más música instrumental, a permitir que ese lenguaje invisible les hable. A veces, lo más importante no se dice… se escucha.

 

Miguel Aramayo

SCZ.03-06-2025 Cumpleaños de mi amigo Jaime Villalobos.

 

31 Jul

Triste despedida

Triste despedida

 

Cuando me contaron que estaba enfermo y me nombraron la enfermedad, fue como si me hubieran golpeado el corazón. Por un momento, sentí que dejé de respirar y mi pulso se aceleró.

 

Sé que Dios nos llama a su seno en un momento incierto para nosotros, y que no depende ni de la edad ni de la salud, porque podemos irnos por un accidente, un ataque fulminante o de cualquier otra manera. Pero creo que esa enfermedad es un favor que nos viene destinado por el Creador. Él nos anticipa la noticia de que debemos acompañarlo.

 

Me imagino que él sabía que tenía esa enfermedad, porque al dominar la medicina seguramente reconoció síntomas que le dieron la pauta, y muy valientemente hizo frente a esa situación, hasta que sus colegas comunicaron a la familia el mal que padecía.

 

Creo que todos, de alguna manera, podemos saber qué nos duele, dónde nos duele, y otros datos (síntomas) que, como profesional, supo interpretar. Pero valientemente evitó producir sufrimiento a sus seres queridos, porque también era un hombre de muy buenos sentimientos, que valoraba profundamente el amor hacia sus parientes.

 

Me imagino el dolor que sintió al saber el mal que padecía, porque con su vasta experiencia en medicina sabía cuál era el futuro que le esperaba. Además, vivió el sufrimiento de sus progenitores, que a corta edad también fueron llamados por el Altísimo, lo mismo que sus hermanos y el sinnúmero de personas a las que atendió por diferentes dolencias. Desde muy joven —quizá antes de formarse como médico, cuando estuvo en la facultad, durante su internado y en las especialidades— fue un médico con una vocación muy alta.

 

Lo extrañaré mucho porque no solamente lo apreciaba: puedo decir con toda convicción que ¡lo quería!, y siempre me demostró que el sentimiento era recíproco. No solo por el parentesco que nos unió, sino porque existía una simbiosis entre personas que se consideran, además, muy buenos amigos.

 

Tengo la seguridad de que nos volveremos a encontrar en la eternidad y, con certeza, buscaremos una cerveza, una guitarra y quizá hasta juguemos un set de tenis.

 

Ahora me preocupan sus hijos, sus nietos y su querida esposa. Para ellos van estas palabras de consuelo, y espero que tengan la fortaleza de aceptar lo que nos manda Dios. Estoy seguro de que los recuerdos que nos dejó serán el paliativo que nos reconfortará. Vivió como Dios manda, supo estar con nosotros y brindarnos su cariño, su desprendimiento y los ejemplos que nos dejó en todos los sentidos de la vida.

 

Cuando nos tocó despedir a nuestros suegros, don Manuel y la señora Sarita, compartimos palabras que nos hicieron ver que la muerte también puede unirnos y darnos fuerza para continuar en la vida y estar preparados para seguir el mismo camino, camino por el cual él se nos adelantó.

 

Un fuerte abrazo, querido Gustavo. Ya nos volveremos a ver en cualquier momento, y esta vez será para siempre.

 

Miguel Aramayo

SCZ, xx-xx-2025

 

31 Jul

El brindis del abismo

El brindis del abismo

 

En una noche estrellada de 1784, en una villa olvidada entre los viñedos de Borgoña, dos sombras cruzaban los jardines como espectros de un siglo que ya comenzaba a envejecer. Una cena privada, convocada por un noble anónimo, había reunido a dos de los hombres más escandalosos de Europa: Giacomo Casanova y Donatien Alphonse François, conocido como el Marqués de Sade.

 

—¿Cree usted en el alma, señor de Sade? —preguntó Casanova, alzando su copa de vino—. O, mejor aún, ¿cree en el remordimiento?

 

Sade soltó una risa seca. Su rostro, anguloso y mal afeitado, parecía el de un predicador caído.

 

—El remordimiento es la invención de los cobardes. Usted, que ha seducido monjas y princesas por igual, no puede hablarme de moral.

 

—Pero yo nunca forcé a nadie. Usted, en cambio… —Casanova dejó la frase en el aire, como un veneno suspendido.

 

El vino sabía a sangre antigua. La chimenea crepitaba con nerviosismo. Afuera, la luna se escondía tras un velo de nubes.

 

—¿Y qué es la voluntad sino una forma de esclavitud? —replicó Sade—. ¿Cree usted que esas damas a las que cortejaba con versos y abanicos eran libres? Usted también las poseía, solo que con guantes blancos.

 

Casanova apoyó la copa con lentitud. Su rostro seguía sereno, pero sus ojos brillaban con un fuego menos cortesano.

 

—Quizá. Pero yo ofrecía placer, no miedo. Usted escribe sobre el dolor como si fuera una divinidad.

 

—Porque lo es. El dolor revela la verdad, señor Casanova. El placer es solo una máscara. Todo lo bello muere en cuanto se obtiene. En cambio, el sufrimiento… permanece. El dolor es incorruptible.

 

—Qué tétrica religión ha fundado usted. —Casanova se inclinó hacia adelante—. ¿Y cuál es el dogma? ¿Que el hombre debe desear lo que lo destruye?

 

—No. Que el hombre ya lo desea, y sólo los hipócritas lo niegan.

 

Un sirviente entró en la sala, dejó un nuevo decantador de vino y desapareció sin decir palabra. Las sombras se alargaban en las paredes como testigos discretos.

 

—Yo he amado —dijo Casanova, casi en un susurro—. No siempre con nobleza, lo admito. Pero he amado. ¿Usted?

 

Sade lo miró en silencio durante un largo minuto. Luego tomó su copa y, sin apartar la vista, la levantó.

 

—Brindemos, entonces. Por lo que no tuvimos. Por lo que fingimos tener.

 

Casanova alzó la suya.

 

—Y por el mundo, que seguirá mintiéndose cuando nosotros ya no estemos.

 

Chocaron las copas. El sonido fue breve, seco. Como el disparo de una pistola.

 

Esa noche, en la villa de Borgoña, no hubo testigos. Sólo dos hombres que, cada uno a su manera, habían sido los heraldos de un siglo que se despedía sin gloria. Uno buscaba el goce en la conquista efímera. El otro, la eternidad en el abismo.

 

Ambos, quizás, sabían que no hallarían redención.

 

Miguel Aramayo

SCZ.08-06-2025

 

31 Jul

«Lo que el tiempo no borró»

«Lo que el tiempo no borró»

 

Valeria lo amó durante ocho años. Ocho. No ocho días, ni ocho meses. Ocho años de cumpleaños, promesas de amor eterno y besos robados bajo la excusa de la luna llena. Elías era su primer todo: su primer beso, su primer «te amo» con la voz temblorosa, su primera vez —con los nervios a flor de piel y el corazón más expuesto que el cuerpo.

 

Era perfecto, al menos en su versión adolescente: romántico, atento, y con esa sonrisa de chico bueno que pudiese engañar hasta a una madre con instinto de bruja. Pero como todos los cuentos de hadas mal contados, había un giro.

 

El giro se llamó Sofía. Hermana menor del mejor amigo de Elías. Jovencita, impulsiva, con mirada felina y cero respeto por los límites ajenos. Una noche, según Elías, «pasaron cosas». Una frase tan ambigua como cobarde, pero suficiente para dejar embarazada a alguien.

 

—Tengo que casarme con ella —le dijo, sin rodeos, como si estuviera eligiendo entre dos marcas de cereal.

 

Valeria lo miró fijo. No gritó. No lloró (al menos, no en público). Solo pensó: «Ocho años para que me cambies por un error de borrachera y media conversación».

 

Y claro, él le pidió comprensión. ¡Comprensión! Como si ella fuera un curso de filosofía en la universidad.

 

—Lo siento, Val —agregó él, como si el «lo siento» fuera un bálsamo mágico que reparara el alma.

 

Se fue. Se casó. Tuvo una hija con Sofía. Y Valeria… sobrevivió.

 

Pasó por su etapa de «odio al amor», su fase «solo salgo con amigas», su momento «mejor sola que mal acompañada» (aunque, sinceramente, también estuvo mal sola por un buen tiempo). Pero como toda historia donde la protagonista decide levantarse, llegó alguien inesperado.

 

Matías era lo opuesto a Elías. Más desordenado, menos romántico… pero honesto. Directo. Tan directo que cuando la conoció le dijo:

 

—Tenés una sonrisa hermosa, pero una tristeza detrás que se nota a kilómetros.

 

Valeria lo miró con una ceja levantada. No sabía si pegarle o besarlo. Terminó haciéndole una cita para el viernes.

 

Lo que empezó como una especie de venganza encubierta —porque sí, Valeria quería que Elías la viera feliz, radiante, deseada— terminó convirtiéndose en algo que no esperaba: tranquilidad.

 

Matías no era tormenta, era café caliente en la mañana. No prometía el cielo, pero sí estar al lado de ella en los días nublados.

 

—¿Todavía pensás en él? —le preguntó una noche, mientras la abrazaba.

 

Valeria no mintió.

 

—A veces. Pero ahora me doy cuenta de que lo que sentía era adicción, no amor. Con vos… con vos es otra cosa.

 

—¿Mejor? —preguntó él.

 

—Más real.

 

Se casaron. Ella, con un vestido sencillo y una mirada que ya no esperaba cuentos de hadas. Él, con su torpeza encantadora y unos votos que incluyeron la frase: «Te prometo no arruinarlo todo, aunque a veces se me caiga el mundo encima».

 

Y en medio de la fiesta, apareció Elías.

 

Invitado por un primo cualquiera, apareció con su esposa (Sofía, aún con cara de «esto no era lo que soñé») y su hija, que corría entre las mesas con un vestido lleno de flores.

 

Elías la miró. Ella también. Fue apenas un segundo. Pero bastó.

 

Porque esa mirada no fue de amor. Fue de nostalgia. De arrepentimiento. De «pude haber tenido todo esto y lo dejé ir».

 

Valeria sonrió, no por despecho, sino por libertad. Por fin entendía que a veces lo que más duele es lo que más enseña. Y que no todos los amores están hechos para quedarse. Algunos solo vienen a destruirte… para que después, puedas reconstruirte mejor.

 

Cuando Matías la abrazó en la pista de baile, le susurró al oído:

 

—Estás hermosa.

 

Y ella, por primera vez en muchos años, no pensó en el pasado.

 

Pensó en el ahora. En el hombre que la eligió sin fantasmas. Que no necesitó equivocarse para saber lo que quería.

 

Y así, entre risas, vino y canciones desafinadas, Valeria cerró su propia historia de amor inconcluso.

 

Con un «gracias por romperme, Elías», en silencio.

Y un «menos mal que lo hiciste», en el corazón.

 

Autor anónimo.

 

31 Jul

Dejando que escriba la IA

Dejando que escriba la IA

 

Soy alguien que disfruta escribiendo. Algunas veces uso un papel y mi estilográfica preferida. Fijo mi vista en el papel y en la punta de la pluma fuente y veo o percibo que la tinta se desliza en el papel y mi mente comienza ebullendo como si fuera una locomotora.

 

Las palabras salen de mi cerebro como misiles disparados para convertirse en letras y algunas veces en garabatos. Procuro escribir de manera que se entienda lo que voy plasmando en el papel, pero no con estilo, algunas veces sigo el trazo de letra corrida y otras procuro estampar letras de molde, estilo que me resulta más fácil, pero que lo encuentro que es adecuado para trabajar, pero no para expresar sentimientos y dejar constancia escrita de sueños que salen de mi intelecto.

 

El escribir en papel con tinta mojada y una estilográfica, hace que me sienta más sincero, más expresivo y quizá sueñe más profundo. Pero mis dedos se deslizan con mayor velocidad y plasmo mis ideas con mayor rapidez, si utilizo el teclado de mi computador, pero no es lo mismo, no veo lo que estoy escribiendo, son pulsaciones sobre teclas negras con identificación de letra blancas. De vez en cuando me distraigo leyendo lo que queda expuesto en la pantalla. Escribo en forma veloz y no tengo que recapacitar en lo que voy plasmando, simplemente lo que pienso, pero algunas veces no pienso, sino dejo que mi cerebro se conecte a mis manos y estas al teclado, quedando expresado lo que ordena mi cerebro.

 

Pienso que escribir, de la forma que sea, es una terapia que disminuye las presiones a las que nuestro intelecto está expuesto cada día y por lo tanto el poder exteriorizar sentimientos, sueños y ensueños, libera la presión acumulada, además queda constancia de lo que pensaste en un momento determinado, Aunque sean palabras que se lleva el viento.

 

La inteligencia artificial podrá escribir con mayor corrección y estilo lo que le solicites y la idea que le transfieres puede ser interpretada con mayor claridad que la expresión de uno mismo, pero es algo fingido, mecánico, sin sentimientos, por lo menos sin el alma y el amor que uno expresa cuando son sus propias palabras las que exteriorizan lo que uno almacena en el cerebro, con participación del corazón y los instintos.

 

He probado lo que puede brindar la IA y nos deja con la boca abierta, incluso escribiendo poemas, canciones, cuentos, relatos, artículos y hasta tesis. Pero queda bien para los demás, pero no para uno que, además disfruta de poder dejar en papel sus pensamientos, sus sentimientos, recuerdos, añoranzas y tanto que almacenan nuestras neuronas, los axón. Lo que tenemos en la conciencia e incluso lo que tenemos en el subconsciente. No lo que está almacenado en los centros neuronales que es de donde se alimenta la IA.

 

Miguel Aramayo

SCZ.13-06-2025 (sin querer hoy es vienes 13) 

31 Jul

Algo extraño y bonito

Algo extraño y bonito

 

Creo que es la primera vez en mi vida que leo la transcripción de un sueño en el que me parece reconocer a todos los integrantes del relato y creo que todos ellos están disfrutando de la eternidad salvo pocos caso.

 

Toda la trama se desarrolla en el «Barrio Serebo» *1. Las casas que se mencionan están más o menos entre tres o cuatro cuadras de la misma calle, Una es la casa de don Lorenzo, la otra casa está al lado de la iglesia de San Andrés y es donde vive el muchacho de este relato, también se menciona a la casa al frente de la iglesia y la casa ubicada en la esquina opuesta a la iglesia, en la misma cuadra.

 

El muchacho se encuentra en la casa de don Lorenzo y ve a un grupo de personas trabajando con facturas preparando los impuestos, entre medio de esa gente también está Toto que le dice:

 

—Estamos preparando la declaración de impuestos que vencen hoy a las 18 y ya son las 16. ¿Vos ya preparaste tu declaración?

 

El muchacho afligido regresa a la casa al lado de la iglesia y recoge un paquete de facturas y retorna a la casa de Toto, pero allá le dicen:

 

—Notros no te podemos ayudar, pero lo pueden hacer Chunti y sus parientes.

 

El muchacho con su bolsa de facturas regresa a la casa de la otra esquina de la iglesia, donde vive Chunti y les pide que transcriban todas las facturas, en un formato que les da escrito en un papel y retorna a la casa de Toto. Cuando llega allí enojado porque su esposa no lo colaboraba en ese afán y se da cuenta que la información es insuficiente. Retorna a la casa de Chunti y les modifica la forma para registrar, pero también se da cuenta que el tiempo es insuficiente. Retorna donde Toto para ver si hay alguna novedad y como venció el plazo decide regresar a su casa al lado de la iglesia y se encuentra con su mujer y la hermana, al pasar por la casa que está al frente de la iglesia su mujer le dice a su hermana:

 

—¡Saludos a los vecinos!

 

La hermana le responde: —¿También al de la eternidad?

 

Y la hermana le responde: —¡Para él también y con muchísimo amor…!

 

Al escuchar eso, el muchacho queda enojado y piensa que al llegar a su casa preparará su maleta para irse a otro lado. Al ingresar a la casa se encuentra con sus suegros quienes lo saludan con mucho cariño, como si fuera su hijo, con lo cual él queda dolido y piensa que al irse de la casa ellos serían los más afectados y por lo tanto cambia de idea y decide que mejor es aplacar su enojo y continuar como hasta ahora, sabiendo que no es querido y sintiéndose rechazado.

 

Al despertar del sueño el muchacho analiza y recuerda el sueño. Sabe que ha pasado tanto tiempo y que debe resignarse a la realidad. Desde el principio no fue el gran amor y si le demostraron que fue querido, fue simplemente para reemplazar una decepción y que él seguirá siendo el segundo de auxilio y que con el tiempo se siente rechazado.

 

Por suerte los sueños, solo son sueños y no el reflejo de la realidad, por lo tanto, no vale la pena preocuparse, la vida sigue su curso y lo que sucede es porque Dios lo quiso así. Después de todo, él tiene la compensación de sentir que vivió feliz, porque el tiempo pasó dejándole buenos recuerdos y teniendo la seguridad que el sí quiso de verdad y pese a todo sigue queriendo a ese su primer, único y gran amor, con la seguridad que continuará así hasta el fin de sus días. Lo demás es lo de menos.

 

Miguel Aramayo

SCZ.10-01-2025

 

*1 El barrio Serebo se llamaba así porque ahí llegaban los cargamentos de azúcar. Era en la calle Buenos Aires desde la Libertad hasta la Colón y las calles aledañas.

 

31 Jul

El amor es algo extraordinario y al mismo tiempo ordinario

El amor es algo extraordinario y al mismo tiempo ordinario

 

La definición de ordinario es: Común, regular y que sucede habitualmente. Plebeyo. Bajo, basto, vulgar y de poca estimación.

 

La definición de Extraordinario es un término que se utiliza para describir algo fuera de lo común, increíble, excepcional o que va más allá de lo ordinario. En la vida cotidiana, entender este concepto es crucial, ya que nos permite apreciar y reconocer aquellas cosas, personas o eventos notables, que se destacan por su singularidad o excelencia.

 

Al decir que el amor es algo extraordinario quiero expresar que es increíble, excepcional, notable. Que es un sentimiento que se destaca por su singularidad o excelencia, pero al mismo tiempo es ordinario, porque es común y que sucede habitualmente, es un sentimiento del que pueden disfrutar todos sin ningún tipo de excepción.

 

Soy absurdamente romántico. Por el tiempo transcurrido desde mi nacimiento, cualquiera que me escuche o lea lo que expreso, pensará que ya no es correcto que a mi edad biológica siga pensando de la manera que debería ser propia de un adolescente. Por eso mismo digo que el amor es extraordinario y ordinario. Muchos de los que me conocen podrían decir que soy un mentiroso, si digo que ame una sola vez en mi vida y que todavía sigo amando de esa manera a la persona elegida, incluso esa persona asegurará que soy un mentiroso y lo acepto.

 

Así como la felicidad depende simplemente de cada uno y a ese sentimiento se lo denomina amor propio, para mucha gente ese sentimiento se conoce como egolatría. El amor que siento por otra persona es un sentimiento que me pertenece y por lo tanto cuando digo que siento un amor extraordinario, no pretendo decir que ese amor es correspondido, si siento ese amor no reclamo que deba ser correspondido, la persona a la que amo con un amor extraordinario puede ser que no me ame y tenga ese sentimiento por otra persona. Ese hecho no desvirtúa mi sentimiento, tampoco me daña ni me entristece, porque la felicidad depende de mí, así como el amor que siento y que es único y que es mio.

 

Creo que existen muchos sentimientos que son particulares, propios de cada persona, la admiración, el odio, la compasión y muchos otro sentimientos los puede sentir uno por los demás, pero los demás no pueden retribuirle lo mismo al poseedore de esos sentimientos. Lo mismo sucede con el amor.

 

Muchas veces expreso lo que siento o exteriorizo mis pensamientos, pero no lo hago con el afán de que los demás acepten mi forma de ser, es solamente, porque me siento feliz de sacar fuera de mí el contenido de lo que almacena mi cerebro que resume lo que posiblemente tenga mi corazón o quizá algunos otros órganos de mi cuerpo, que comparten mi intelecto.

 

Miguel Aramayo

SCZ.02-01-2025